24/04: solidaridad feminista contra las guerras y el poder de las empresas transnacionales

24/04/2022 |

Por Capire

Mira 38 materiales publicados en Capire sobre experiencias de lucha por la paz y la desmilitarización

¿Quién lucra con las guerras? ¿Qué empresas y países se benefician de esta industria? ¿Qué significan las guerras en la vida de las mujeres? ¿Cómo podemos hacer frente a las guerras, los conflictos militares, las sanciones y el imperialismo que se materializan en la vida cotidiana y en los territorios de los pueblos en diversas partes del mundo? ¿Cuáles son las relaciones entre militarismo, racismo, patriarcado y capitalismo? ¿Y cómo podemos construir una paz feminista y antisistémica?

Esas son algunas de las preguntas que orientan las acciones y reflexiones de la Marcha Mundial de las Mujeres en la lucha por la paz y la desmilitarización. Hacer frente a las guerras es una agenda antigua que atraviesa la historia de lucha de las mujeres. Durante la primera guerra mundial, en febrero de 1917, la reivindicación por «pan y paz » movilizó a las mujeres y precipitó la Revolución Rusa. Las luchas por la liberación en el continente africano resistieron a la violencia militar del colonialismo. Incluso hoy en día luchar contra las guerras es una cuestión urgente, y no sólo cuando involucran a países europeos: la guerra es una realidad en muchos territorios del Sur Global, porque es una brutal herramienta para expandir y fortalecer el sistema capitalista.

Un día de acción

El 24 de abril es una fecha en que la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM) celebra el Día Internacional de la Solidaridad Feminista contra el Poder de las Empresas Transnacionales. La fecha recuerda a las más de 1.000 víctimas del desplome del edificio Rana Plaza en Bangladesh en 2013. Rana Plaza era un complejo de talleres textiles precarios, donde trabajaban sobre todo mujeres, en condiciones análogas a la esclavitud. Desde entonces, las familias luchan por justicia y las organizaciones denuncian la impunidad de las empresas transnacionales, como Walmart, GAP y Zara, que exportaban y vendían la ropa producida allí. No se trata de un hecho aislado, como denuncian las compañeras de Marruecos y Filipinas en este vídeo.

El 24 de abril se ha convertido en una fecha de solidaridad e internacionalismo. Una fecha de acción feminista contra el poder de las empresas transnacionales, que ponen los beneficios por encima de la vida.

Las empresas transnacionales son las que acumulan más poder y riqueza a partir del conflicto del capital contra la vida. La ofensiva del poder corporativo avanza sobre el trabajo, los territorios y los cuerpos de las mujeres utilizando la militarización como herramienta. Por eso, en 2022, la Marcha Mundial de las Mujeres ha decidido centrar su acción contra el poder de las empresas transnacionales en la agenda antibélica. En el mundo entero, las feministas se movilizarán en las calles y en las redes denunciando la industria bélica, las fronteras, los acuerdos de libre comercio, las sanciones y los bloqueos que amenazan “la soberanía alimentaria, la salud y la educación, impulsando la explotación de los bienes comunes y la crisis climática a través de las empresas transnacionales, promoviendo el tráfico de drogas y de personas, el racismo y la xenofobia, desestabilizando política y económicamente allí donde van”, como se afirma en la declaración de la MMM.

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Desde su lanzamiento, Capire se ha centrado en estas cuestiones y ha tratado de entenderlas desde las experiencias de las mujeres que viven y luchan en los territorios en conflicto.

Hemos publicado artículos de militantes feministas de Cuba y Venezuela sobre los impactos de la guerra no convencional y el bloqueo económico de Estados Unidos en sus países. Entrevistamos a compañeras del Sáhara Occidental sobre las luchas anticoloniales contra la ocupación marroquí en su territorio y la criminalización de militantes como Sultana Khaya. La criminalización de las luchadoras también es una realidad en países como Palestina, Filipinas, Myanmar, Colombia y Honduras, entre otros. Según la líder campesina Nury Martínez, “tenemos una Colombia completamente militarizada. El poder militar en el conjunto de América Latina tiene un rol fuerte, pero Colombia juega un papel especialmente estratégico con los Estados Unidos para poder intervenir en Venezuela y otros países”.

Por otro lado, el feminismo popular se ha mostrado una herramienta de transformación y resistencia. La activista palestina Ruba Odeh declaró en una entrevista que “estamos haciendo de la lucha feminista una fuente primordial de las luchas de los pueblos por la liberación”. Y Khitam Saafin, detenida por las tropas israelíes desde 2020, escribió: “Nosotras, mujeres palestinas, nos enfrentamos a todo. Estamos más  fuertes y estamos todas unidas contra el racismo y el colonialismo”. ¡Cuando hablamos de desmilitarización, hablamos de libertad para Khitam y para todas las presas y presos políticos!

Los conflictos relacionados con la tierra y el militarismo avanzan juntos. En Mozambique, por ejemplo, la autoorganización de las mujeres es la estrategia de defensa contra la violación sistemática de sus cuerpos y la usurpación de sus tierras. “En la provincia de Cabo Delgado, por ejemplo, se sabe que el gobierno de  Mozambique ha firmado contratos de explotación y cesión de tierras para empresas transnacionales. Por ello, buena parte de la población abandonó sus tierras huyendo de las balas, por lo que se alejó de su lugar de pertenencia”, nos explicó la militante Nzira Deus.

Cuando buscan refugio en otras partes del mundo, las personas expulsadas de sus territorios por las guerras se enfrentan a la militarización materializada en cercas, muros y fronteras, así como en la discriminación. “Ningún ser humano es ilegal”, dicen las y los militantes migrantes.

De las mujeres en movimiento aprendemos que los conflictos no ocurren sólo cuando salen en la tele, sino que, por el contrario, el desarrollo de las guerras y sus impactos continuos rara vez se convierten en noticia en los principales medios occidentales. O bien desaparecen rápidamente de los titulares, como hemos visto con Afganistán tras dos décadas de ocupación militar estadounidense. Mientras tanto, los ataques talibanes contra la vida de las mujeres continúan, y también las resistencias, aunque sean silenciadas.

La guerra entre Rusia y Ucrania genera preocupación y pone la urgencia de cuestionar críticamente la responsabilidad de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en la escalada de los conflictos. El control económico y militar de Estados Unidos sobre otros territorios es una realidad porque constituye su forma de asegurar el poder imperialista. El imperialismo todavía no es algo del pasado, desafortunadamente. En todo el mundo, las mujeres están uniendo fuerzas para construir un feminismo antiimperialista, como se expresa en la galería de carteles Feminismo antiimperialista para cambiar el mundo.

En una entrevista, la activista pacifista Kate Hudson alertó de los peligros de la amenaza nuclear en esta guerra y señaló: “No queremos más y más armas y tropas allá. Queremos una negociación  pacífica, un acuerdo de seguridad común para la región, para que todos  puedan vivir en paz. De lo contrario, podría provocar una guerra  nuclear”.  La solución no es «aumentar la representatividad» dentro de la OTAN, sino desmantelarla. «Una mujer pulsando el botón nuclear no es feminismo», afirmaron las mujeres involucradas en la construcción de la Cumbre por la Paz «No a la OTAN» que se celebrará en junio.

La guerra permanente contra el población negra asola países que, en teoría, viven en tiempos de paz. “Hay que luchar por la desmilitarización de la vida y de los cuerpos,  reivindicando el derecho al territorio como centro del debate. De este  modo, vamos a poder dialogar sobre los cambios verdaderamente radicales y  la transformación social”, es lo que señala Dara Sant’Anna en una reflexión sobre la militarización de las favelas en Brasil.

Hay una continuidad entre las ocupaciones e intervenciones militares en los países y el avance de las empresas transnacionales sobre los territorios. El caso de Haití es emblemático: décadas de misiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acompañaron y sucedieron a golpes de Estado y proyectos políticos autoritarios, con el apoyo de Estados Unidos, como denunció Islanda Mircheline.

Compartimos todos esos puntos de vista y relatos de experiencias porque consideramos que la construcción de una sociedad libre de violencia, de guerras, ganancias y miiltarización es una tarea feminista – una tarea de mujeres que a pesar de todo sostienen la vida en sus comunidades y lugares de incidencia. Y cuando nos faltan las palabras, leemos, vemos y escuchamos la producción de mujeres que unen el arte y la política en los más diversos lenguajes. Al Khadra, Hanaa Malallah, Salka Embarek, Sofía Monsalve, Kishwar Naheed, entre muchas otras, explican lo inexplicable, dicen lo indecible, nos ayudan a atravesar los conflictos y a defender la paz y la soberanía de los pueblos.

Redacción por Helena Zelic
Edición de Tica Moreno y Bianca Pessoa
Traducido del portugués por Luiza Mançano

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