Comunicar para acabar con la guerra y el imperialismo

08/04/2022 |

Por Rania Khalek

Rania Khalek expone cómo los medios hegemónicos occidentales promueven una narrativa sobre la guerra basada en la censura y el silenciamiento

Liberation News, 2022

Uno de los aspectos más sorprendentes de esta guerra es que casi no hay intentos de acabar con ella; al contrario, todos la fomentan. 

Nuestro enfoque en BreakThrough News ha sido tratar de cubrir el contexto de cómo el mundo llegó a este punto. Esto implica analizar cómo Estados Unidos y la OTAN han estado contribuyendo para preparar el escenario de una guerra que incluso las autoridades estadounidenses han advertido durante los últimos 30 años que podría producirse si continuara la expansión de la OTAN.

Entre estas autoridades se encuentra el diplomático George Kennan, que escribió en 1997 que “expandir la OTAN sería el error más fatídico de la política estadounidense durante toda la época de la posguerra fría” porque dicha expansión “inflamaría las tendencias nacionalistas, antioccidentales y militaristas de la opinión rusa”. Ese mismo año, el presidente Joe Biden, entonces senador, explicó que la ampliación de la OTAN a los países bálticos produciría una “reacción vigorosa y hostil” por parte de Rusia. Otra advertencia se produjo en 2008 por parte del entonces director de la CIA, William Burns, que escribió en un telegrama enviado desde Moscú durante su etapa como embajador de EE.UU.: “la expansión de la OTAN, en particular en Ucrania, (…) tendría el potencial de dividir el país en dos, llevando a la violencia o incluso, como algunos afirman, a una guerra civil, lo que obligaría a Rusia a decidir si interviene o no”.

Ahora que las advertencias se materializaron, los medios se encargan de borrar el papel que desempeñaron la OTAN y Estados Unidos en la presión sobre Rusia.

Los medios hegemónicos y la censura

Los medios capitalistas en Occidente han apostado fuertemente por generar un consenso con una peligrosa intensificación del conflicto. Menos de dos semanas después de la invasión, cerca de 3/4 de los estadounidenses dijeron apoyar una zona de exclusión aérea en Ucrania, sin saber, por supuesto, que la consecuencia sería un apocalipsis nuclear.

Mientras tanto, Occidente ha prohibido la emisión de RT y otros medios rusos, en una impactante manifestación de censura. El hecho de que hayan conseguido implantar la prohibición tan rápidamente en Internet demuestra que la infraestructura para impedir las opiniones contrarias ya existe —y en algún momento probablemente se utilizará contra personas como nosotras, que se oponen a la guerra—. Esto hace que uno se pregunte si este no es un «valor occidental» entre los que dicen defender al poner las armas en manos de los ucranianos.

Lo que tenemos aquí es sólo un lado de la historia, que glorifica la narrativa ucraniana como pura y verdadera mientras silencia la perspectiva rusa y cualquier punto de vista disidente.

En la guerra, se miente para beneficiar al propio bando. Por lo tanto, es crucial escuchar lo que todos tienen para decir.

El rol del imperialismo 

Este impulso hacia la guerra con Rusia ha creado una atmósfera aterradora de racismo, censura y militarismo, muy similar a la que se produjo tras el 11 de septiembre de 2001: aquellos de nosotros que cuestionan, que se oponen a la escalada del conflicto o que piden la disolución de la OTAN son tachados de «traidores» y «apologistas de Putin» a los que hay que rechazar y censurar.

Mientras tanto, la administración Biden está financiando una insurgencia. Incluso han debatido cómo preparar el terreno para que Zelensky encabece un gobierno desde el exilio en Polonia, desde donde se organizará, armará y entrenará a la insurgencia ucraniana. Hillary Clinton habló en el canal MSNBC sobre cómo los muyahidines de Afganistán sirven de modelo para Ucrania.

Lo que hace Estados Unidos no es ayudar a los ucranianos, sino desangrar a los rusos, luchar contra los rusos hasta el último ucraniano. Financiar y armar a una insurgencia es la garantía de un baño de sangre en Ucrania durante años. Y al igual que las «consecuencias imprevistas» de la rebelión de los muyahidines(2) — como las llamó Hillary Clinton — formaron la base de Al Qaeda, que más tarde culminó en el atentado del 11 de septiembre, existe un peligro similar de consecuencias imprevistas en Ucrania, un peligro al que los medios hegemónicos ya han restado importancia.

Este quizás sea el segundo aspecto más alarmante de esta guerra, que da poder a la extrema derecha mundial. Miles de combatientes extranjeros ya se precipitaron  a Ucrania con el estímulo de los gobiernos occidentales y con el apoyo del liderazgo de Zelensky en Ucrania. Sabemos que Estados Unidos han estado suministrando armas a grupos neonazis en Ucrania desde 2014. Esos grupos son una de las fuerzas más potentes y con mayor motivación ideológica desplegadas allí. También sabemos que las ideologías de extrema derecha de Estados Unidos y Europa ya se han dedicado a entrenar a esas personas en Ucrania.

Uno sólo puede imaginar cuántos de los combatientes extranjeros que viajan hacia allá están motivados por esta ideología nacionalista blanca. Y mientras Rusia puede haber exagerado el poder de estas personas en el gobierno ucraniano, Estados Unidos y sus productores de medios actúan para minimizar y encubrir esta realidad.

La hipocresía en todo esto es impresionante

Los mismos líderes que invadieron Irak y mataron a millones de personas, los mismos que matan de hambre a yemeníes y afganos, los mismos que tachan de terroristas a los palestinos por tirar piedras, los mismos que han aprovechado cualquier oportunidad para escalar, en lugar de desalentar, el conflicto en Ucrania desde 2014, de repente han decidido sacar del cajón sus libros de derecho internacional para basar sus ataques en Rusia y están alentando y armando a la resistencia ucraniana.

No podemos dejar que olviden que están matando de hambre a los yemeníes, ocupando Siria y militarizando África mientras sancionan a un tercio del mundo. Recordar este hecho no es recurrir a la falacia del argumento vacío que evoca una situación contraria para justificar lo injustificable; se trata de un elemento esencial para entender el imperialismo y cómo este apoyo a la continuación de la guerra en Ucrania forma parte del imperialismo.

Y hablando de sanciones, Occidente está castigando colectivamente a 144 millones de rusos por las acciones de sus líderes. ¿Se imaginan lo que pasaría si los estadounidenses estuvieran sometidos a dificultades económicas cada vez que su gobierno invadiera otro país? La gente se moriría de hambre. Sin embargo, los líderes estadounidenses han reconocido abiertamente que están tratando de destruir la economía rusa para que el pueblo se rebele y quite el poder a Putin, algo que nunca ha funcionado, pero que también es una forma de castigo colectivo. El Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, ha llegado a decir que «esta no es una guerra del pueblo ruso», sino que «el pueblo ruso sufrirá las consecuencias de las decisiones de sus líderes». Personas como el senador estadounidense Lindsey Graham han pedido abiertamente el asesinato de Putin, lo que puede sonar raro, pero cuya intención es inclinar, cada vez más a la derecha, las reglas de lo que es aceptable como discurso.

¿Y en qué consiste la comunidad internacional? Las autoridades occidentales y sus medios dicen que el mundo está unido para apoyar a Ucrania y condenar a Rusia. Hablan de la comunidad internacional como si se tratara de un organismo único que expulsa a los «rusos malos». Pero el mundo no está unido y la «comunidad internacional» no es, para ellos, más que América del Norte, Europa y Japón, una minoría del mundo que no incluye a América Latina, África y la mayor parte de Asia. De hecho, la gran mayoría del mundo no ha tomado partido en esta guerra.

Estamos saturados de analistas occidentales que nos dicen lo que tenemos que pensar. Incluso las voces críticas de la izquierda han sido mayoritariamente occidentales. En BreakThrough News, estamos desafiando este paradigma presentando voces del Sur Global que son capaces de ofrecer una perspectiva distinta sobre esta guerra. Esta perspectiva se basa en la comprensión del imperialismo y en una visión de la aterradora realidad sobre cómo las sanciones de Occidente a Rusia afectarán a los países en desarrollo que dependen de Rusia y Ucrania para obtener materias primas esenciales como el trigo. Puede que sea una guerra europea, pero sus consecuencias son globales.

Esta noesla única guerra

Aunque las noticias se centran por completo en Ucrania, los acontecimientos en ese país no son el único horror en curso en el mundo. Los afganos se mueren de inanición por culpa de las políticas estadounidenses, mientras que Yemen sigue siendo objeto de bombardeos y asedios. Siria, Cuba, Irán y Venezuela siguen siendo objeto de sanciones. El cambio climático es más rápido y más peligroso que nunca. La COVID-19 simplemente fue olvidada. El sistema injusto y polarizado sigue manteniendo a una fracción de la humanidad rica y privilegiada mientras la mayoría lucha por ganarse la vida. Pero las víctimas de estas guerras no tienen el pelo rubio y los ojos azules, y además su sufrimiento es el resultado del imperialismo, por lo que se las ignora.

A nosotros y nosotras nos toca resistirnos a este impulso bélico absurdo, sobre todo teniendo en cuenta que se está produciendo un gran cambio geopolítico. Estados Unidos se está debilitando y el mundo unipolar en el que hemos vivido durante los últimos 30 años está llegando a su fin. Por eso Estados Unidos son tan tajantes: se trata de un intento de mantener el control sobre Europa específicamente y sobre el mundo en general.

Pero la multipolaridad hacia la que nos dirigimos está totalmente descontrolada, es caótica y no tiene una ideología coherente. Por ello, corresponde a la gente como nosotros ofrecer un análisis adecuado y una comprensión socialista de lo que está sucediendo y por qué, y también de hacia dónde vamos. No va a ser fácil. Nos aislarán y atacarán, como ya están haciendo. Nos llaman apologistas del Kremlin, propagandistas de Rusia, partidarios y defensores de los crímenes de guerra. Pero no podemos permitir que los halcones de la guerra que, al parecer, buscan iniciar una tercera guerra mundial, nos intimiden hasta el punto de silenciarnos. Debemos seguir informando a la gente sobre cómo hemos llegado hasta aquí, y cómo la OTAN y Occidente están empeorando la situación, y por qué.

 (2) Los muyahidines afganos eran grupos islamistas armados que se oponían a la Unión Soviética y al gobierno de Afganistán.

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Rania Khalek es periodista corresponsal en Oriente Medio para BreakThrough News. Este artículo es una versión editada de su intervención en el diálogo «Mujeres contra las guerras» celebrado por Capire el 28 de marzo de 2022.

Edición por Helena Zelic y Tica Moreno
Traducido del portugués por Luiza Mançano

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