Photo/foto: The Cairo Journal

Análisis 15/05/2021

Desmilitarización

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Mujeres, migración forzosa y refugio en Líbano

Lea y escuche la contribución de Yafa El Masri, palestina refugiada en Líbano, al webinario “Migraciones y refugio en la agenda feminista”.

Por Yafa El Masri

 

Queremos construir acción y sororidad entre mujeres de todo el mundo, y es muy importante que nuestras agendas feministas conozcan la situación real para que sean definidas. La crisis de los refugios en Europa llamó la atención del mundo. Actualmente, el 1% de la población mundial – que corresponde a unos 80 millones de personas – se vio obligada a dejar su tierra. Pero si bien Europa aparece como el centro de esta crisis, es muy importante recordar que, en realidad, el 85% de los países que reciben refugiados no se encuentran en el norte global.

Vivimos en un mundo en el que enfrentamos  problemas “modernos”, para los cuales no existe una solución moderna. Por lo tanto, nunca ha sido tan urgente introducir la teoría feminista en las relaciones internacionales para impulsar las agendas de migración y refugio del planeta. Diferentemente del enfoque realista actual, que se centra en la manutención del poder estatal, la teoría feminista puede reducir la discriminación y el sufrimiento humano al concentrarse en políticas internas y en la experiencia de las personas. Sin embargo, somos conscientes de que sólo es posible adoptar una agenda feminista para afrontar los problemas actuales de refugio y migración a partir de conocimientos concretos y un análisis integral de la situación actual en cada local. Con la esperanza de establecer agendas feministas dirigidas a grupos forzados a migrar a Líbano, escribimos aquí como un recurso para identificar e interpretar el contexto de las personas en situación de migración y refugio hoy en el país.

Según elAlto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Líbano sigue teniendo la tasa más alta de refugiados per cápita del mundo. Actualmente, el país alberga 1,5 millones de refugiados sirios, medio millón de refugiados palestinos registrados en la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), además de más de 15 mil refugiados de lugares como Sudán, Irak y Etiopía. La migración para trabajar es otro tipo de desplazamiento que termina siendo menos abordado en el debate sobre las luchas de estos grupos en Líbano. Nosotras, de los movimientos feministas del país, entendemos que es crucial incluir las luchas de todas las poblaciones desplazadas en nuestra batalla por la justicia humana.

Mujeres sirias refugiadas

Entre las personas refugiadas en Líbano, las sirias son las que más sufren. Cuando comenzó el flujo de migración forzosa en 2011, el país adoptó inicialmente una política de fronteras abiertas, pero decidió cerrarlas en 2014 ante la cantidad de sirios que huían de la guerra, interrumpiendo incluso la renovación de permisos de residencia para quienes ya habían ingresado al país por vía legal. Pero a medida que la violencia en Siria continuó aumentando, las personas no tuvieron otra opción y comenzaron a cruzar la frontera ilegalmente. Como consecuencia, muchas personas sirias que entraron o decidieron quedarse en Líbano cayeron en la ilegalidad. Según los informes de 2019 de Human Rights Watch, el 74% de la población siria en Líbano se encuentra en situación ilegal en el país.

Es importante señalar aquí que fue un acto de poder estatal que ha llevado a las personas a la ilegalidad. Negar la entrada a seres humanos que huían de una zona de guerra provocó el surgimiento de rutas de entrada clandestinas. La ilegalidad tiene un impacto inmenso en la vida de las personas en situaciones de refugio, que terminan extremadamente vulnerables a las violaciones de los derechos humanos. Sobre todo, las mujeres sirias nunca han estado más sujetas a violaciones: aunque tienen más probabilidades de sufrir delitos, acoso y abuso sexual, no pueden buscar protección legal o denunciar tales violaciones debido al riesgo de ser deportadas. Además, el conocimiento de esta brecha ha provocado que las prácticas institucionales y no institucionales de violencia contra estas mujeres se expandieran.

Sabiendo que las mujeres sirias no pueden acudir a las autoridades, varios grupos comenzaron a someterlas al racismo y la trata. El Estado mantuvo la decisión deliberada de tratar a las personas sirias como ilegales, poniéndolas en riesgo como una herramienta de coerción para que abandonen el país. A través de la historia, hemos visto a las mujeres siendo usadas repetidamente como armas de guerra y hemos observado dolorosamente cómo se utiliza la violencia contra las mujeres para amenazar a las comunidades y aterrorizar a las poblaciones. En el contexto libanés, el Estado pone en riesgo a las mujeres de manera sistemática y consciente, utilizándolas como arma para evitar que los refugiados se instalen.

Mujeres refugiadas palestinas

Otra crisis de refugio en el mismo país, pero con una historia mucho más antigua, es la palestina, conocida como la crisis más larga en este sentido y la comunidad sin Estado más grande del mundo. Se dice que los refugiados palestinos están en el limbo. Estar en el limbo significa que, aunque estas personas han estado presentes en Líbano desde 1948, ellas no tienen la posibilidad legal de establecerse de modo permanente aquí, y el derecho a regresar a casa aún no está en el horizonte.

Las mujeres palestinas en situación de refugio están legalmente en el país, pero enfrentan serios problemas para que se reconozcan sus necesidades como mujeres, porque las agencias humanitarias no toman en cuenta las cuestiones de género al ofrecer asistencia y protección. O sea, la falta de un amplio enfoque interseccional lleva a la noción de que “refugiado” es igual a “hombre”. Por ejemplo, cuando los trabajadores humanitarios deciden proporcionar artículos de higiene personal o botiquines de salud en momentos de emergencia, los esfuerzos no consideran artículos básicos para las mujeres, como toallas femeninas, lo que convierte al “hombre” en la principal categoría de refugiado cuyas necesidades deben ser satisfechas.

El problema de la interseccionalidad es más profundo en la larga historia de los campos de refugiados palestinos de Líbano. El sistema de atención médica humanitaria establecido no considera que las mujeres refugiadas sean, al mismo tiempo, mujeres y refugiadas. En otras palabras, un sistema humanitario debe abordar las necesidades específicas que enfrentan muchas mujeres refugiadas, que se han visto obligadas a migrar o han enfrentado condiciones de vida severas, y que pueden no ser comunes entre las ciudadanas y las mujeres residentes. Por ejemplo, investigaciones en el área de la salud demuestran que las mujeres que han pasado por situaciones traumáticas o graves tienen más probabilidades de enfrentar complicaciones durante el embarazo y el parto. Por lo tanto, el sistema de salud debe considerar que las mujeres refugiadas necesitan atención médica específica.

Otro gran problema relacionado con la salud de las mujeres palestinas refugiadas – que no se limita a ellas y que también afecta a todas las refugiadas en el país – es el poder paternalista sobre sus cuerpos y sus decisiones reproductivas. Ellas están estigmatizadas por elegir la maternidad. Existe un fuerte incentivo para que estas mujeres tomen anticonceptivos para reducir la tasa de natalidad y críticas públicas cuando ellas eligen traer niños al mundo. Debido a que se las consideran refugiadas, son tratadas como si no estuvieran calificadas para poblar el país, y las decisiones que pueden cambiar sus vidas enteras deben ser aprobadas por el Estado receptor. En tal situación, donde la mujer no tiene autonomía sobre su propio cuerpo, debemos recordar que el derecho humano a formar una familia es tan natural y esencial como el derecho a la alimentación y a la vivienda. Lo que no es natural son los desplazamientos forzados y las guerras, estas sí deben ser criticadas y combatidas.

Trabajadoras migrantes en Líbano

Las personas que han migrado para trabajar en Líbano tal vez sean consideradas menos vulnerables, ya que no han huido de la guerra. Pero, en realidad, a menudo, ellas experimentan lo que se categoriza como una forma de esclavitud moderna. Aproximadamente 250 mil trabajadoras que han migrado de países como Etiopía, Filipinas, Bangladesh y Sri Lanka para trabajar en el trabajo doméstico en Líbano deben pasar por el kafala. El sistema kafala requiere que cada trabajadora esté patrocinada por un ciudadano de Líbano. El empleador se hace responsable de la visa de entrada y de mantener a la persona en estado legal en el país. En este sistema patriarcal de esclavitud, las trabajadoras no están amparadas por la legislación laboral libanesa que regula aspectos como el salario mínimo, la jornada máxima de trabajo, las vacaciones y las horas extraordinarias. En cambio, están apadrinadas, controladas y puestas a total disposición de sus empleadores.

En esencia, el sistema kafala concentra todo el poder en manos de los empleadores, dando un control total sobre la vida personal de quienes trabajan para ellos. De esta forma, estas trabajadoras suelen ser víctimas de abusos sin posibilidad de denunciar estas violaciones, porque no están protegidas por la legislación laboral de Líbano y porque, si denuncian, corren el riesgo de ser deportadas. A menudo, las migrantes que trabajan en hogares libaneses sufren agresión física, violación y hambre dentro de cuatro paredes, sin ningún lugar adonde ir ni mecanismos jurídicos a los que recurrir. Ellas también tienen la posibilidad de desplazamiento limitada por abuso verbal y físico. Además, es común que las trabajadoras domésticas migrantes sean negociadas entre empleadores, que incluso utilizan el término “venta” para referirse a una “ayudante doméstica que ya no se necesita”. Una vez más, el Estado es el agente que, con conocimiento de la situación, deja un espacio abierto para que ocurran graves violaciones a los derechos humanos.

Feministas, compañeras, interseccionales

Los movimientos feministas de Líbano no están en silencio ante la opresión en contra de sus compañeras. Siempre están en movimiento y son solidarios, constantes y en crecimiento. En el pasado, los movimientos populares, apoyados por grupos de presión, han logrado cambios en la legislación para proteger a las mujeres. En los últimos años, especialmente con la Revolución del 17 de Octubre, grupos feministas y movimientos populares han protestado en las calles y oficinas por los derechos de las compañeras obligadas a abandonar sus tierras. Un ejemplo de este avance fue la presión exitosa sobre el parlamento libanés para que redactara un proyecto de ley alternativo al sistema kafala. Sin la certeza de que el proyecto de ley será aprobado, las feministas libanesas se mantienen firmes en la lucha contra el kafala y toda la legislación patriarcal que oprime a las mujeres, de cualquier nacionalidad u origen.

Para concluir, como movimiento feminista, como compañeras, seguiremos luchando por el reconocimiento de la mujer y de sus necesidades en todas las crisis humanitarias. Exigimos la adopción de enfoques interseccionales que no dejen a nadie atrás. Exigimos que se elimine el patriarcado de nuestros desplazamientos, de nuestras vidas y de nuestros cuerpos. Estamos convencidas de que nos protegeremos como compañeras. Pero exigimos que los Estados dejen de ponernos sistemáticamente en riesgo. Exigimos justicia, tratamiento humano y protección para todos, mujeres y hombres, que buscan un refugio seguro contra todas las formas de injusticia en el mundo.

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Yafa El Masri, de la Marcha Mundial de las Mujeres, es doctoranda en geografía humana y refugio palestino en Líbano.

Traducido del portugués por Aline Lopes Murillo. Idioma original: inglés.
Revisión de Helena Zelic

Edición de Bianca Pessoa

 

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