Photo/foto: MMF, 2019.

Análisis 24/05/2021

Desmilitarización

Photo/foto: MMF, 2019.

Solidaridad feminista con las personas migrantes y refugiadas en Europa

Lee y escucha la intervención de Marianne Ebel, integrante de la Marcha Mundial de las Mujeres en Suiza, en el webinario "Migración y refugio en la agenda feminista".

Por Marianne Ebel

Como activistas en Suiza, siempre nos ha preocupado el tema de la migración, ya que representa aproximadamente un tercio de la población de nuestro país. Muchas de las integrantes de la Marcha Mundial de las Mujeres en Suiza son inmigrantes. El tema nos preocupa también –y posiblemente sobre todo–  porque la xenofobia, el racismo y la exclusión están en el centro de nuestras leyes.

La Suiza oficial ha endurecido su postura frente a los inmigrantes desde finales de los años 80. Lo mismo ocurre ahora en toda Europa. La política de cierre de los países europeos transforma las fronteras y las rutas migratorias en lugares extremadamente peligrosos. En 2014, desde la eliminación de la posibilidad de solicitar asilo en las embajadas –lo que permitía que las personas vinieran a Suiza o Europa en avión–, más de 20.000 refugiados, hombres, mujeres y niños, se ahogaron en el Mediterráneo. Con la pandemia de coronavirus se incrementaron las catástrofes sanitarias y la violencia en los campos de refugiados suele ser extrema.

Droit de Rester [Derecho de Permanecer] es una organización de ayuda a los refugiados cuya tarea es escuchar, apoyar y acompañar a los adultos y menores que a menudo llegan solos al país. Este trabajo de campo demuestra la fuerza y el coraje de esas personas que buscan asilo en Suiza. Pero también vemos que muchas de ellas están lastimadas, heridas, como resultado de la violencia extrema experimentada no sólo en sus países de origen, sino también en el camino hacia el exilio, en el mar o en los campos de refugiados.

Hoy, llegar a Suiza o a Europa es casi un milagro, pero una vez aquí, las dificultades continúan. Aparte del turismo, la entrada y residencia en Suiza están generalmente prohibidas a todos los ciudadanos no europeos. Sólo los europeos pueden participar plenamente en la vida de Suiza, siempre que tengan un trabajo. La gente puede visitar Suiza cuando tiene dinero y si tiene trabajo.

Una persona no europea sólo puede obtener el derecho a establecerse en Suiza para trabajar si está altamente cualificada y si su futuro empleador o empleadora demuestra que necesita absolutamente a esa persona por no haber nadie con conocimientos equivalentes en Suiza. Hablamos de la migración por motivos económicos, pero es importante saber que a Suiza no le interesan las personas cuando no son “útiles” para el país. Este racismo estatal tiene como consecuencia, obviamente, cientos de miles de trabajadores sin estatus legal. Se les llama «sin papeles»: viven en la clandestinidad, ocupan puestos de trabajo mal pagados y a menudo viven con un miedo constante al control policial.

Conocemos a mujeres que se ven obligadas a vivir en la casa de sus empleadores para cuidar a una persona mayor 24 horas al día, todos los días del año, por un salario miserable, con el pretexto de que las alimentan y dan alojamiento. Algunas se organizaron, se afiliaron a un sindicato y se atrevieron a declarar. Eso ayudó a lanzar un movimiento para regularizar a las personas inmigrantes indocumentadas que tuvo éxito en Ginebra. Es una acción muy importante que intentamos replicar en otras ciudades de Suiza, pero es difícil.

Se tolera esta mano de obra clandestina y sobreexplotada porque es indispensable para la economía suiza y europea. La mayoría de los puestos mal pagados, incluidos los de cuidados y limpieza, están ocupados por mujeres.

Las razones por las cuales la gente huye de su país son diversas y bien conocidas, entre ellas el daño causado por las multinacionales, que violan los derechos humanos, destruyen la naturaleza, envenenan el agua y nunca responden por el daño que causan. También hay guerras, catástrofes climáticas, pobreza extrema, hambre, amenazas de muerte, violaciones, violencia sexista y sexual. Pero una cosa es cierta: nunca es fácil dejar tu país.

En la actualidad, en Europa, el 54% de los inmigrantes son mujeres. Las mujeres, que solían llegar a Europa en el marco de las políticas de reagrupación familiar, ahora suelen emigrar de forma independiente, en mayor número, solas o con sus hijos pequeños. Son ellas las que con frecuencia están en el origen de una solicitud de reagrupación familiar, con la esperanza de traer también al padre de sus hijos a Europa. Además de las muchas razones por las que hombres y mujeres abandonan sus países de origen, hay razones específicas para las mujeres y personas LGBTIQ+, debido a toda la violencia que sufren: matrimonio forzado, violación, prostitución forzada u otras formas de explotación forzada, mutilación genital, trata de personas.

Me gustaría mencionar a dos militantes de Droit de Rester de Neuchâtel que, en sus intervenciones el 1º de mayo, dijeron: «Los responsables de la precariedad de las condiciones de trabajo, de los desplazamientos forzados de poblaciones enteras, de los miles de muertos en los caminos hacia el exilio y en el Mediterráneo, de la errancia de jóvenes sin futuro por toda Europa, del envenenamiento de campos y océanos, o incluso la dominación de un sexo sobre otro, forman parte del mismo sistema. La dominación de clase, dominación de género, dominación racial, dominación ambiental, todas tienen la misma causa: el capitalismo patriarcal». Es ese sistema el que debemos y queremos combatir.

Rechazamos ser cómplices de las políticas de exclusión y muerte que afectan a las personas que se encuentran en las condiciones más precarias en nuestro mundo. Europa y Suiza disponen de los medios necesarios para crear un espacio de asilo digno de ese nombre y para poner en marcha, sin esperar por el Convenio de Estambul, un convenio para combatir la trata de seres humanos y un convenio internacional para proteger los derechos de todos los trabajadores y trabajadoras migrantes y de sus familiares. Esos convenios, firmados y adoptados por las Naciones Unidas, deben ser aplicados, pero eso no es lo que ocurre. Desde su existencia como entidad política, Europa se ha atrincherado y reforzado las condiciones de acogida año tras año.

Fue en ese contexto que nosotras, activistas de la Marcha Mundial de las Mujeres de Suiza, decidimos organizar en septiembre de 2019, en Ginebra, un encuentro europeo llamado «Mujeres, Migraciones, Refugios», para construir una red de resistencia con mujeres inmigrantes o exiliadas en Suiza y Europa. Ese encuentro se organizó como una extensión de una gigantesca huelga feminista que tuvo lugar en Suiza el 14 de junio de 2019 y que nos permitió crear un movimiento sin precedentes, reuniendo a cientos de miles de mujeres de diferentes generaciones, etnias y orígenes.

Este año, el 5 de junio de 2021, se esperan diez mil mujeres en Niza, y esperamos que la pandemia permita una ola feminista procedente de toda Europa, que se manifieste por una Europa abierta y hospitalaria. Denunciamos las políticas migratorias europeas, la militarización de las fronteras, la criminalización de las personas migrantes, la violencia de género y sexual contra las mujeres y minorías de género en su camino hacia el exilio y también en nuestro país. 

Esa manifestación se celebrará bajo el signo de una cometa, un símbolo de libertad para nosotras. Será también una oportunidad para hacer un llamamiento a las organizaciones no gubernamentales y a los colectivos de militantes de Europa que luchan por los derechos de las personas migrantes para que participen en el lanzamiento de una petición feminista europea. Queremos luchar por derechos complementarios, pero sobre todo para que se apliquen efectivamente. Luchar para que la violencia sea reconocida como motivo de asilo y que las personas que la han sufrido sean acogidas en nuestro país, y también para que reciban tratamiento, cuando sea necesario, y protección.

Esta petición se está preparando actualmente y se dirigirá a la Comisión Europea y a todos los gobiernos nacionales del espacio Schengen[1], para que se reconozcan sistemáticamente los motivos de asilo específicos de las mujeres y también de las personas LGBTIQ+. Vamos a manifestarnos todas juntas. Estaremos cerca de la frontera italiana para recordar que las fronteras políticas que causan tanto sufrimiento y muerte son construcciones viriles y militaristas, resultado de los mercados, la violencia y las guerras. Denunciaremos el cierre de las fronteras, que es peligroso para las personas que tienen que cruzarlas, que refuerza el desarrollo de economías mafiosas.

Allí estaremos para demostrar que las feministas de Europa se oponen a las políticas europeas que criminalizan la movilidad y que afectan especialmente a las mujeres, sobre todo a las lesbianas y personas trans. Estaremos allí no sólo para demostrar nuestra oposición a esas políticas violentas, sino también para lanzar una campaña feminista internacional para que sean abolidas a largo plazo. Estaremos allí para declarar que poner fin a esa política que no respeta la libertad de circulación de la ciudadanía no europea es una de las prioridades de nuestras luchas feministas en Europa.


Marianne Ebel es integrante de la Marcha Mundial de las Mujeres de Suiza, del Droit de Rester de Neuchâtel y de Toutes Aux Frontières [Todas en las Fronteras] / Europa y SolidaritéS [SolidariedadeS].


[1] El Espacio Schengen comprende 26 paises europeus que flexibilizan su control de frontera para viajes internacionales bajo una política de visa común.

Traducido del portugués por Luiza Mançano

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