Las mujeres de África Occidental frente al terrorismo y el imperialismo

05/06/2026 |

Capire

Solange Koné, integrante de la Marcha Mundial de las Mujeres en Costa de Marfil, habla sobre el contexto político de su región

La soberanía de los pueblos, la integración regional y el impacto de las crisis en los cuerpos y los territorios de las mujeres ocuparon un lugar central en los debates de la I Conferencia Internacional Antifascista, celebrada en Porto Alegre en marzo de 2026. La Marcha Mundial de las Mujeres (MMM) participó en el encuentro, situando cómo el fascismo y el imperialismo son inseparables del patriarcado, el racismo y la explotación colonial, y destacando cómo la organización de las mujeres construye alternativas a ese sistema de dominación.

En ese espacio, dialogamos con Solange Koné, militante del MMM de Costa de Marfil. Koné reflexionó sobre cómo las mujeres viven los contextos de crisis, especialmente en África Occidental, ya que sufren la violencia cotidiana, los desplazamientos forzados y la destrucción de sus fuentes de ingresos. Ante la presencia de grupos terroristas y la explotación imperialista en la región, la movilización popular llevó a golpes militares con el apoyo de la población en Mali, Burkina Faso y Níger. Los tres países formaron la Alianza de Estados del Sahel, que hoy es una expresión del antiimperialismo en el continente.

Koné ve el imperialismo como algo que está presente en su territorio y destaca la necesidad de crear redes de solidaridad entre las mujeres de la región. Además, reflexiona que el rechazo a la presencia francesa y estadounidense debe contribuir a la construcción de la independencia y la autonomía de las naciones africanas. Y señala, desde la experiencia concreta de la MMM, qué significa apoyar a las mujeres en contextos de crisis: enviar recursos, crear espacios de encuentro y garantizar que sus voces no sean silenciadas por el aislamiento. Lee su análisis a continuación:

Hace ya un tiempo que África Occidental atraviesa una situación difícil. Los terroristas que vienen del Sahel avanzan hacia la región y la lucha contra el terrorismo se prolonga. Países como Francia y Estados Unidos fueron a Mali: fue allí que la situación comenzó a agravarse.

Esos países dijeron que venían a ayudar a nuestra región a combatir el terrorismo y a recuperar las zonas ocupadas, donde la población estaba siendo masacrada. Pero, en lugar de mejorar, la situación empeoró.

Los militares tomaron el poder. Francia, por medio de países como Costa de Marfil y Benín, empezó entonces a presionar para que se sancionara a Malí, Burkina Faso y Níger. Incluso llegaron a amenazar con enviar tropas contra esos tres países. África Occidental es una sola región: cuando un miembro está en dificultades, hay que apoyarlo, no combatirlo con la ayuda de fuerzas externas.

La sociedad civil no lo aceptamos. Lo denunciamos, escribimos, presionamos a nuestros gobiernos. Pasaron muchas cosas, pero el resultado es que los tres países terminaron por aislarse. Desde el principio, he dicho que la gente vive situaciones graves en esos momentos, y que son las mujeres las que más sufren.

En este tipo de crisis, las mujeres no están a salvo. Hay violaciones, secuestros. A las mujeres les saquean sus pequeños negocios y ya no pueden trabajar.

La situación sigue siendo grave. Los terroristas bloquean el suministro de combustible: por ejemplo, prenden fuego a los camiones que intentan abastecer a Malí. Sin combustible, los niños no pueden ir a la escuela y la gente no puede desplazarse. A veces la situación mejora un poco, pero rápidamente vuelve a empeorar. Y lo mismo ocurre en los otros dos países.

Hoy en día, la Alianza de los Estados del Sahel (AES), formada por Malí, Burkina Faso y Níger tras los golpes de Estado militares, se presenta como una respuesta al imperialismo.

Pero dejar a Europa para acercarse a Rusia no es independencia. África puede seguir su propio camino. ¿Por qué tenemos que estar siempre vinculados a uno u otro polo de poder, con las mismas consecuencias: pillaje de recursos, dominación?

Estoy de acuerdo en que los tres países pueden ser un ejemplo de verdadera independencia, de gestión de sus propios recursos, de un desarrollo real de la región. Pero cambiar una dependencia por otra no es lo que queremos. Por eso, debemos seguir apoyando a nuestras hermanas de esos tres países, para que no se sientan aisladas.

Seguimos creando, en Costa de Marfil, un espacio donde estas mujeres puedan reunirse al menos una vez al año, intercambiar ideas con hermanas de sus países y de otros países de la región, y hacer oír sus voces. Se puede decir que el motivo es valorizar sus saberes, tanto en agricultura como en cocina, pero lo esencial es que sea un espacio donde se pueda escuchar la voz de las mujeres desde la Marcha Mundial de las Mujeres.


Solange Koné es militante de la Marcha Mundial de las Mujeres de Costa de Marfil.

Edición de Bianca Pessoa
Traducción del portugués por Luiza Mançano
Texto original en francés

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