Soberanía energética en la lucha de las mujeres contra el imperialismo

22/06/2026 |

SOF Sempreviva Organização Feminista

Frente a la escalada imperialista de Estados Unidos sobre América Latina, el feminismo popular vuelve a colocar en el centro la soberanía energética y tecnológica y la defensa de los bienes comunes

A luta anti-imperialista e contra as guerras é uma agenda central da Marcha Mundial das Mulheres. Por um lado, as mulheres são muito afetadas pelas guerras em todo o mundo: com o deslocamento da população, a destruição de infraestruturas, casas e territórios, e a reconstrução de lares e comunidades com muito trabalho de cuidado para sustentar a vida. Por outro, o imperialismo instrumentaliza a opressão das mulheres, se valendo de um feminismo liberal para justificar guerras e intervenções. La lucha antiimperialista y contra las guerras es una agenda central de la Marcha Mundial de las Mujeres. Por un lado, las mujeres se ven profundamente afectadas por las guerras en todo el mundo: por el desplazamiento de las poblaciones, la destrucción de infraestructuras, hogares y territorios, y la reconstrucción de comunidades con mucho trabajo de cuidado para sostener la vida. Por otro lado, el imperialismo instrumentaliza la opresión de las mujeres, valiéndose de un feminismo liberal para justificar guerras e intervenciones.

El ejemplo reciente fue contra Irán, bajo la alegación de que la guerra imperialista llevaría democracia y libertad a las mujeres. Lo que efectivamente ocurrió fue un ataque a la soberanía de un pueblo. La ofensiva imperialista no tiene ninguna relación con la libertad de las mujeres; por el contrario: la soberanía de los pueblos es una base para la autonomía de todas las mujeres, y no solo de unas pocas mujeres de la élite.

Vivimos una escalada del imperialismo de Estados Unidos relacionada, en parte, con la pérdida de su hegemonía económica frente al ascenso de otras economías del Sur Global, sobre todo la china. Ante esa pérdida, el imperio busca recomponer su dominio mediante la fuerza, la guerra y el militarismo. Este es uno de los pocos campos en los que Estados Unidos todavía mantiene una hegemonía mucho más amplia que la de otros países del mundo.

América Latina, particularmente, ocupa un lugar central en la actual estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, apodada “doctrina Donroe”. Este nombre hace referencia a la doctrina Monroe, que afirmaba la necesidad de controlar América Latina para asegurar el poder imperialista de Estados Unidos. Esta vuelve a ser una línea central de la política de seguridad nacional de Donald Trump: impedir que América Latina se relacione económica y políticamente con China, identificada como el principal competidor de Estados Unidos.

La energía como arma de guerra

Esta estrategia de Estados Unidos se consolidó como una práctica a comienzos de este año, con la agresión contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, seguida por el fortalecimiento del bloqueo contra Cuba. En ambos casos, la cuestión energética es central para comprender el avance estadounidense: en Venezuela, se busca el dominio sobre el petróleo; en Cuba, la prohibición de que otros países comercialicen energía con la isla hace que la pobreza energética se convierta en un arma de guerra.

La centralidad de la cuestión energética en las dinámicas de guerra y militarización en América Latina no era tan evidente cuando comenzaron en la región los procesos de articulación de los movimientos sociales en torno a una transición energética justa. Este es un cambio importante de la coyuntura para comprender el lugar que ocupa la cuestión energética en las transformaciones de la región y del mundo.

Desde comienzos de este año se han producido apagones frecuentes en Cuba. La falta de energía es un problema muy concreto y real, provocado por el bloqueo. Y la forma más concreta de enfrentarlo actualmente es mediante paneles solares, tecnología que permite generar energía más rápidamente, de manera casi inmediata después de su instalación, ya que no exige infraestructuras tan extensas.

El desafío para los movimientos populares es ampliar la solidaridad material, y no solamente en el discurso. Dentro de la campaña de ALBA Movimientos se encuentra la recaudación de recursos para el envío de paneles solares a Cuba, lo que conecta el tema de la energía con la solidaridad concreta hacia el pueblo cubano. También se trata de una experiencia que puede enseñarnos acerca de las posibilidades de generación de energía autogestionada en contextos tan difíciles como este.

La transición energética de las corporaciones transnacionales

Otra dimensión de esta disputa es lo que las transnacionales llaman “transición energética”. Las mismas empresas que prometen descarbonización continúan explotando combustibles fósiles como nunca antes, y ahora también avanzan sobre el sector de las energías renovables, expandiéndolo hacia territorios de la agricultura familiar y campesina.

No existe una transición de fuentes de energía, sino una expansión. La cantidad total de energía producida en el mundo crece y sirve principalmente para alimentar el agronegocio, la minería y las bigtechs, con sus centros de procesamiento de datos intensivos en consumo de energía y agua. El capital es estructuralmente cada vez más demandante de energía. No hay una transición efectiva mientras la lógica del crecimiento ilimitado y de la acumulación capitalista continúe siendo el motor de la política energética.

Por eso, decir “energía para la vida” no es lo mismo que defender el actual modelo de energía renovable tal como está siendo implementado en nuestros territorios.

“Energía renovable, sí, pero no así” es la consigna que las mujeres del semiárido del nordeste brasileño vienen llevando a las calles y a los campos desde hace años. Desde Borborema, en Paraíba, hasta el agreste de Pernambuco, desde el litoral de Rio Grande do Norte hasta Piauí, agricultoras, pescadoras, mariscadoras y quilombolas denuncian que la llegada de los parques eólicos ha significado grietas en las casas y cisternas, ruido permanente, enfermedades, muerte de animales, restricción del acceso a la tierra y a la pesca, acoso y violencia sexual. El Nordeste concentra más del 85 % de la capacidad de producción de energía eólica del país. Lo que se denomina “energía limpia” llega a los territorios como una forma más de apropiación territorial y precarización del trabajo.

Las mujeres critican el modelo de producción, reproducción y consumo que orienta esta forma de producción de energía, y no la generación de energía renovable en sí misma. Mientras las energías renovables sean producidas en el marco de la concentración de la tierra, el control corporativo, la privatización de los bienes comunes y la explotación del trabajo, esa energía no será para el pueblo. Este acumulado de la lucha de las mujeres del campo, de las aguas y de los bosques constituye la base material de nuestra propuesta de soberanía energética.

¿Energía para qué? ¿Y para quién?

Este contexto nos desafía a colocar el tema de la energía para la sostenibilidad de la vida con mayor centralidad en nuestra agenda feminista. Las preguntas que venimos formulando desde hace mucho tiempo —¿energía para qué? ¿y para quién?— son hoy muy actuales para comprender los cambios necesarios en el modelo energético. Nuestros países necesitan contar con soberanía energética como un componente fundamental de la soberanía popular.

Esto se relaciona, evidentemente, con las disputas electorales de este año 2026 en la región: Brasil, Colombia y Perú. Sabemos que, históricamente, cuando la derecha está en el gobierno, la energía es privatizada, el trabajo es precarizado y la pobreza energética forma parte de la vida cotidiana de la clase trabajadora.

Minerales críticos: el nuevo cerco sobre nuestras tierras

El caso de Bolivia es, en este momento, ejemplar. El “triángulo del litio” (Bolivia, Chile y Argentina) concentra una parte decisiva de las reservas mundiales de este mineral, y Estados Unidos ha articulado abiertamente su disputa por estos recursos, incluso mediante la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos de 2026 y la llamada Iniciativa Escudo de las Américas. No por casualidad, el actual gobierno de Rodrigo Paz, que reaproximó inmediatamente a Bolivia a Washington, cuenta con el apoyo explícito de la Casa Blanca en medio de la crisis política y económica que sacude al país.

Las llamadas tierras raras engloban algunos minerales cruciales para la nueva era tecnológica, en la que el procesamiento de datos digitales ocupa un lugar central. Estos minerales son fundamentales para producir los imanes de alta densidad utilizados en automóviles eléctricos, teléfonos celulares y componentes de computadoras y servidores, pero también en las torres de generación de energía eólica. Brasil posee la segunda mayor reserva de tierras raras del mundo.

Existe una continuidad entre el petróleo venezolano, el litio andino y las tierras raras brasileñas: en todos los casos, lo que está en juego es quién decide, controla y se beneficia de los bienes comunes de nuestra región. La defensa de la soberanía mineral también forma parte de la agenda feminista de soberanía energética y popular, y no puede ser negociada como “contrapartida” de la transición energética global del Norte.

Soberanía energética, alimentaria y tecnológica

La soberanía energética, alimentaria y tecnológica está articulada en nuestra agenda feminista. En la Marcha Mundial de las Mujeres de Brasil, desde hace algunos años pensamos estas tres dimensiones a partir de la perspectiva de la sostenibilidad de la vida, de la valorización del trabajo de las mujeres y del feminismo popular.

La soberanía tecnológica ha aparecido cada vez más en nuestra agenda, especialmente debido a la centralidad que la digitalización y la inteligencia artificial están adquiriendo en las dinámicas económicas de nuestros países. Con las bigtechs estadounidenses, el imperio ejerce un dominio económico en el campo del desarrollo tecnológico. Nuestros países están subordinados y son dependientes en esta dinámica. El ritmo con el que esto avanza es vertiginoso, con la integración automática de asistentes como Gemini en todos los servicios de Google y con modelos similares siendo impuestos en todas las plataformas que utilizamos cotidianamente.

Es un modelo voraz en datos, en energía, en agua y en minerales. Este modelo organiza nuestras vidas sin que hayamos decidido nada al respecto.

Necesitamos desarrollar nuestra visión y nuestras propuestas sobre este tema en alianza con los movimientos populares. En Brasil hemos articulado procesos de educación popular, desarrollo e infraestructura como parte de la construcción de una agenda política de lucha por la soberanía digital popular. La IARAA, la Inteligencia Artificial de la Reforma Agraria y la Agroecología, es una experiencia colectiva concreta. Ella también señala un camino más amplio: queremos, como movimientos, crear alternativas tecnológicas que consuman menos energía, menos agua y extraigan menos datos.

Para ello, es necesario afirmar que el desarrollo de la ciencia y la tecnología debe ser orientado por el Estado, con una fuerte inversión pública, sin ser delegado a las bigtechs. Los pueblos y el Estado necesitan ser sujetos del desarrollo tecnológico, y no solamente usuarios de los paquetes y modelos ya elaborados de inteligencia artificial que fueron entrenados por el Norte Global a partir de la extracción y el procesamiento de datos del Sur Global.

SOF Sempreviva Organización Feminista participa en la construcción del feminismo en Brasil. Integra la secretaría de la Marcha Mundial de las Mujeres en el país. Este texto fue producido colectivamente con el apoyo de la Unión Europea.

Traducido por Aline Lopes Murillo

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