Pernambuco, 1926–1959
Alexina nació en 1926, en Pernambuco, la tierra de los campos de caña y los ingenios, en una familia católica, modesta y admiradora de Luís Carlos Prestes. A los diecisiete años se casó con un joven abogado once años mayor que ella, Francisco Julião Arruda de Paula. Seis años después de la boda, el Partido Comunista Brasileño —que por entonces era ilegal— necesitaba una “parte legal” para organizar un congreso de mujeres en Recife. Tres mujeres cuyos maridos, diputados, les daban respetabilidad pública fueron nombradas dirigentes de una nueva organización, la Unión Femenina de Pernambuco (UFP). Alexina, con veintitrés años, se convirtió en su primera presidenta. En su investigación sobre la UFP, la historiadora Thayana Santos señalaría que Alexina “asumió ese gran riesgo”.
El encubrimiento era real, pero el trabajo también. A mediados de la década de 1950, ayudó a organizar la Campaña de los Platos Vacíos —mujeres que se reunían en espacios públicos de Recife y luego marchaban por las calles con sus ollas vacías, de puerta en puerta— y colaboró en la fundación de la Federación de Mujeres de Pernambuco, que se convertiría en su organización sucesora y hogar político.
Tras el estallido de la Guerra de Corea en 1950, su organización se abrió hacia el exterior: lideró marchas de madres de Recife en solidaridad con las madres de los soldados estadounidenses reclutados para la invasión, exigiendo el regreso inmediato de sus hijos, el fin de la guerra y el fin de las armas nucleares. El internacionalismo —en esa etapa, el internacionalismo de los inicios de la Guerra Fría en las campañas por la paz— ya formaba parte de su trabajo desde antes de que su esposo empezara a trabajar como abogado de los campesinos de Engenho Galiléia. En su formación como sujeto político, el trabajo de organización de las mujeres vino primero.

El internacionalismo como práctica, 1959–1972
La Ley de Reforma Agraria cubana del 17 de mayo de 1959 le dio a las Ligas Campesinas de Brasil un referente continental. Entre finales de 1961 y principios de 1962, después de un año de amenazas de muerte cada vez más intensas por parte de los terratenientes del Nordeste, Alexina se mudó en compañía de sus cuatro hijos —Anatailde, Anatilde, Anatólio y Anacleto— a La Habana, donde se inscribieron en la Escuela Rusa Marte, una escuela construida en los primeros años de la Revolución Cubana para acoger a los hijos de los combatientes caídos. Sus compañeros eran hijos de combatientes del FLN argelino, de la resistencia vietnamita y de otros combatientes latinoamericanos cuyos papás todavía estaban escondidos en el campo, en la selva o en las montañas.
En Cuba se entrenó como guerrillera y ayudó a transmitir ese entrenamiento a otros cuadros latinoamericanos exiliados: clases sobre cómo lanzar morteros, armar y desarmar armas ligeras. “Fue en un campo de tiro al blanco. Con armas, ametralladoras… También tuvimos clases sobre curvas de nivel, que sirven para que aprendas a disparar un mortero”. El debate sobre el mapa en La Habana con Fidel y la audiencia en Pekín con Mao fueron parte de ese mismo período. Además de Fidel y Raúl Castro y el Che Guevara, llegó a conocer al comandante revolucionario afrocubano Juan Almeida Bosque, a Celia Sánchez —la asesora personal más cercana a Fidel a lo largo de toda la Revolución y una de las mujeres de la Sierra Maestra— y a Vilma Espín, fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas y una de las mujeres que habían liderado el Movimiento 26 de Julio en la clandestinidad. La Habana a la que viajaba no era la Habana de la diplomacia de Estado. Era la Habana de los compañeros con quienes enseñaba y entrenaba.
En enero de 1966, se celebró en La Habana la Primera Conferencia Tricontinental de los Pueblos de Asia, África y América Latina —la conferencia fundadora de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL) y uno de los momentos políticos clave del internacionalismo revolucionario del siglo XX—, con la presencia de Salvador Allende, Amílcar Cabral, el FNL vietnamita y el anfitrión Fidel Castro entre las voces principales. Según el memorial que organizó su familia, invitaron a Alexina a dar un discurso en la conferencia y sus dos hijas mayores, Anatailde y Anatilde, participaron del acto inaugural vestidas con las banderas de Cuba y Brasil.
Según el testimonio de Clodomir Santos de Morais —su compañero en el ala armada de las Ligas—, también fue la delegada oficial de las Ligas Campesinas en la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) en La Habana, celebrada entre el 31 de julio y el 10 de agosto de 1967, la organización continental de lucha armada cuyo lema, “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, formalizó el horizonte estratégico que la Tricontinental había abierto. Dos meses después de que terminara la OLAS, mataron a Che Guevara en Bolivia.
Dos golpes contra la Reforma Agraria, 1964 y 1973
Alexina se encontraba en La Habana con sus cuatro hijos el 1 de abril de 1964 cuando llegó la noticia del golpe de Estado en Brasil. Julião había dado su último discurso en el Congreso Nacional el día anterior, diciéndole a todo el país que la cuestión agraria era “el factor que está detrás de toda esta agitación”.
Lo arrestarían dos meses después cuando usaba un nombre falso y pasaría catorce años en el exilio en México. Las Ligas Campesinas serían destruidas. Las armas que enterraron nunca las desenterrarían. Con el regreso a Brasil cerrado y Julião en la cárcel, Alexina y sus cuatro hijos se quedaron en Cuba y se integraron a la vida revolucionaria de la isla: cortaban caña en la zafra junto a trabajadores cubanos y otros exiliados latinoamericanos, vigilaban el barrio en las rondas nocturnas y se unieron a las Milicias Nacionales Revolucionarias, el cuerpo paramilitar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. El internacionalismo, en esa época, no era un programa; era lo que había que hacer para sobrevivir al día siguiente.
En los años posteriores al golpe, fue la encargada de cumplir misiones de las Ligas Campesinas en Cuba, Vietnam, la Unión Soviética, la República Popular Democrática de Corea y otros países del bloque socialista, dando continuidad al trabajo de relaciones internacionales que la había llevado a Pekín en 1962. A la familia, a quien el régimen militar le negó la renovación de los pasaportes brasileños, se le declaró oficialmente apátrida; sus documentos de identidad fueron emitidos, en esa condición, por las autoridades suizas a nombre de las Naciones Unidas. En 1970, con la elección de Salvador Allende en Chile, la familia se mudó a Santiago con la intención de que Alexina pudiera, eventualmente, regresar a Brasil de manera clandestina.
El 11 de septiembre de 1973, los militares chilenos derrocaron a Allende con el apoyo de EE. UU. A su hija mayor, Anatailde, la detuvieron en la puerta de su casa en Santiago y la llevaron al Estadio Nacional, donde estaban recluidos presos políticos de toda América Latina y muchos eran torturados y asesinados. Alexina, que se había refugiado con su hijo Anacleto bajo protección diplomática sueca, logró localizar a Anatailde con vida en el Estadio y lograr su liberación; a la familia la subieron a un avión con destino a Estocolmo. Entre septiembre y diciembre de 1973, en Chile, 285 campesinos y 31 empleados de instituciones agrícolas fueron ejecutados o desaparecieron —el 85 por ciento de todas las muertes documentadas del golpe en ese trimestre. La destrucción de la reforma agraria no fue un efecto colateral del golpe. Fue el golpe.
Vivió en Suecia desde finales de 1973 hasta enero de 1980, integrándose a la comunidad de exiliados brasileños en el país y manteniendo contacto con la diáspora en general. Trabajaba para ganarse la vida y, en el tiempo libre que tenía, estudiaba teatro.
El regreso, 1980–2013
Regresó a un país en el que las Ligas Campesinas no se habían reconstituido. La organización campesina que ella había ayudado a construir había sido destruida por la dictadura; lo que surgió en su lugar, en la ciudad de Cascavel, en Paraná, en enero de 1984 y con 1500 representantes de dieciséis estados brasileños, fue el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), que más tarde incluiría a las Ligas Campesinas entre sus principales referentes. Se unió a la dirección del Partido Comunista Brasileño en Pernambuco y, durante treinta y tres años, hasta su muerte en 2013, siguió con el trabajo de organización del movimiento de mujeres y del movimiento campesino que había empezado en 1949.
En abril de 2010, a los ochenta y tres años, hizo lo que sería su última declaración política pública, en una reunión de la Liga de los Campesinos Pobres. Murió en Recife el 14 de noviembre de 2013, por insuficiencia pulmonar, a los ochenta y siete años.
Hoy recuperan su nombre
En 2019, el Movimiento de Pequeños Agricultores (MPA Brasil) organizó la Caravana Alexina Crespo en Pernambuco —una caravana de formación política que duró meses, que recorrió las zonas del agreste y el sertão y que llevó su nombre. El 25 de noviembre de 2024, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, el Movimiento de Mujeres Olga Benário inauguró la Ocupación de la Mujer Trabajadora Alexina Crespo en Suzano, en la región del Alto Tietê en São Paulo —su primer centro de referencia en esta región. En abril de 2025, se celebraron los setenta años de las Ligas Campesinas en el Engenho Galiléia.
En octubre de 2025, la Asamblea Legislativa de Pernambuco aprobó el Proyecto de Resolución n.º 3020/2025, presentado por la diputada estatal Rosa Amorim —la primera integrante del MST en conseguir un escaño en la Asamblea Legislativa de Pernambuco, electa en 2022 — que incluye a Alexina en el Libro del Panteón de los Héroes y las Heroínas de Pernambuco — junto a Miguel Arraes, Dom Hélder Câmara, Fernando Santa Cruz, Zumbi dos Palmares y Frei Caneca. «Alexina fue una figura clave en la lucha de las Ligas Campesinas en Pernambuco y una de las primeras mujeres en ocupar este lugar», escribió Amorim durante la ceremonia, «lo que refuerza la importancia del papel de las mujeres en la lucha por la tierra».
Un Memorial de la Reforma Agraria y de las Ligas Campesinas de Brasil, creado en conjunto con la Universidad Federal Rural de Pernambuco bajo la coordinación de la profesora Marcília Gama, llevará su archivo familiar —fotos, cartas, poemas, objetos de su largo siglo— a asentamientos rurales y espacios públicos de todo Pernambuco con motivo de su centenario.
No hizo todo eso para que la reconocieran; lo hizo porque era lo que el contexto y las luchas del momento hacían urgente. “Solo hice lo que tenía que hacer”, les dijo a los investigadores pernambucanos que la entrevistaron en 2010. Lo que impulsó a Alexina, a lo largo del largo siglo de su vida, fue ser revolucionaria y el internacionalismo que era imperativo en las luchas revolucionarias del siglo XX. Hoy, ese espíritu y esa acción revolucionarios e internacionalistas son más necesarios que nunca.
“Puedo hablar, hablar y hablar”, dijo ella en 2010 —“y hasta unos puñetazos también puedo dar».

Tings Chak forma parte de la Brigada Internacionalista Liang Jun (China) y es directora de arte e investigadora del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Este artículo es una versión abreviada del texto publicado originalmente en la revista Jacobin.
