El proyecto israelí de colonización de las aguas palestinas

27/05/2022 |

Por Rama Sabanekh

La captura de los ríos y territorios palestinos es una estrategia de dominación violenta de Israel. También se puede leer este artículo en árabe.

Las sociedades colonizadoras dependen de su continuidad para acumular recursos y enajenar a los nativos de sus medios de vida, desarraigando cualquier vínculo productivo o sentimental con su tierra. El «tierracentrismo» opera metódicamente para asegurar la permanencia de las sociedades colonizadoras, ya que el control de la tierra va unido al control de las condiciones de supervivencia. El territorio que buscan los colonizadores de asentamiento se ve como «tierra libre», sin tener en cuenta las comunidades que allí residen.

La colonización de asentamiento es el proceso sistemático de transformación del territorio mediante el control de la tierra, los recursos y los habitantes para establecer una nueva entidad política permanente y exclusiva con una sociedad que reemplaza, explota y coarta los espacios de subsistencia indígenas.

En el caso del sionismo, el objetivo fue (y sigue siendo) crear una colonización de asentamientos étnico exclusiva mediante la «nativización» de la sociedad de colonizadores-inmigrantes. Para ello se dibujaron continuidades históricas entre la tierra y los colonizadores, recurriendo a discursos bíblico-religiosos acompañados de un proceso de «memoricidio», el borrado completo de las historias nativas y la construcción de nuevas historias para los colonizadores. Decididamente, el acto de inmigración a Palestina se denominó «retorno» a la «tierra prometida», en la Biblia, «Aliya»: el nombre que recibieron las oleadas de inmigración judía a Palestina.

Como escribió el sociólogo Baruch Kimmerling[1], “cada pedazo de tierra que quedó bajo control judío, al menos hasta 1947, estaba en posesión de otra persona antes de que la adquirieran”. El precio por pagar por la posesión y el asentamiento de la tierra fue gestionado y adquirido principalmente por el Fondo Nacional Judío (JNF), una organización que cumplía los objetivos de adquisición de tierras debatidos en el Primer Congreso Sionista. A través del cultivo, el sionismo cumplió con los dos pilares centrales de la colonización de asentamiento: el control territorial mediante la apropiación de tierras nativas y el establecimiento de una nueva comunidad social y política. Esto desempeñó un importante papel ideológico para el sionismo, ya que atrajo a más inmigrantes-colonizadores judíos, creando una demanda de trabajo, alimentos, vivienda y un sentido de comunidad – recursos vitales para la formación de un colectivo nacional. Asimismo, creó un vínculo entre los colonizadores y la tierra, lo que hizo necesaria la presencia, el mantenimiento y, posteriormente, la soberanía sobre la misma.

El cultivo es la extensión operativa del mito sionista de «hacer florecer el desierto» que se reitera en la Declaración de Independencia y en las declaraciones de varios primeros ministros israelíes. La inmigración de colonizadores a tierras cultivables idealmente situadas cerca de los recursos hídricos se justifica con argumentos de modernización y civilización. Supone que cuando los nativos «existían», gestionaban mal la tierra (y el agua) y, por tanto, el colonizador blanco moderno puede «desarrollar el verdadero potencial de la tierra» y «poner la naturaleza al servicio de la humanidad». Ello se deriva de la lógica colonial-imperial que clasifica a los indígenas como inferiores y bárbaros y a los colonizadores como superiores e inteligentes.

Hidro fronteras: entre el imperialismo, la ocupación y la invasión

Período pre-Nakba/Estado

El área que comprende Palestina fue gobernada por el Imperio Otomano hasta su caída tras la Primera Guerra Mundial. Las autoridades británicas, francesas, italianas y rusas entablaron negociaciones secretas para dividir esa zona. Las conversaciones resultaron en el acuerdo Sykes-Picot de 1916, que estableció sistemas de mandato directo y gobierno en el «creciente fértil», porciones que van desde el Hiyaz en Turquía hasta el monte Ararat. La creación de fronteras imperiales en el Levante es una consecuencia directa de la lógica de deshacer/crear espacios coloniales «productivos», – algo que coincidió con las aspiraciones sionistas. Sin embargo, en este escenario, la mayor porción de Palestina fue asignada como zona internacional. La frontera norte de Palestina en esa época iba desde un punto cercano a Nahariya hasta un punto al noroeste del lago Tiberíades. La Declaración Balfour cuestionó esta disposición en 1917. Se trataba de una promesa por escrito del gobierno británico a Lord Rothschild de ayudar a establecer un «hogar nacional» para el pueblo judío en Palestina, lo que en realidad quería decir que los intereses británicos estaban alineados con los intereses sionistas.

Las aspiraciones sionistas sobre las aguas del norte se anunciaron por los británicos en las discusiones franco-británicas de 1920, en las que pidieron ampliar los límites del territorio para incluir toda la cuenca del río Jordán desde el asentamiento de Metula [al-Muṭallah] hacia el norte y el este hasta los manantiales de Banias y la ciudad de Quneitra, así como en el territorio ocupado por Francia. A cambio, los franceses obtuvieron el derecho de gobierno directo en Siria y Líbano, lo que rechazaba a Sykes-Picot y eliminaba cualquier aspiración de un Estado árabe independiente. Las partes se comprometieron a que todos los asentamientos judíos del norte pasarían a estar bajo el mandato británico en preparación de la toma de posesión sionista del territorio, y los Altos del Golán pasarían a estar bajo el mandato francés. Este acuerdo se firmó en 1923 entre el coronel Paulet, francés, y el coronel Newcombe, británico.

Tras las revueltas campesinas palestinas en 1936, la Comisión Peel presentó la primera propuesta de partición del Mandato Británico de Palestina. Dividió el territorio entre un estado judío, un estado árabe y una zona de mandato británico, proponiendo una transferencia de población. La frontera trazada asignaba al Estado judío los distritos norteños ricos en agua y la mitad de la costa occidental, mientras que el Estado árabe se quedaría con la mitad inferior de la costa y el desierto del sur y la mayor porción de la frontera oriental (posición aguas abajo del río Jordán). Jerusalén y Tel Aviv permanecerían bajo el mandato británico. Esta propuesta fue rechazada tanto por los sionistas como por los palestinos.

Debido a las crecientes tensiones y a los horrores de la Segunda Guerra Mundial contra el pueblo judío en Europa, la Liga de Naciones propuso la partición de Palestina en 1947, asignando más de la mitad del territorio a un Estado judío. Esta propuesta también fue rechazada y resultó en la guerra de 1948. A los palestinos se les expulsó de sus hogares en lo que se conoció como la Nakba (catástrofe) y los sionistas declararon un Estado israelí en las tierras despojadas que reclamaban sus fuerzas.

Período post-Nakba/Estado

Después de que el movimiento sionista lograra presionar a los mandatos británico y francés para que incluyeran las fértiles zonas pantanosas de la Alta Galilea e Jule (conocidas como Jorat al Thahab) en el Mandato Británico de Palestina, los líderes israelíes buscaban una mayor expansión territorial. La operación Hiram fue lanzada por el ejército israelí y ocupó 18 aldeas en los alrededores del río Litani. Israel logró arrancar 2.000 dunams (2 km²) de los territorios libaneses a su lado de la frontera del Armisticio establecida en marzo de 1949. Desde el principio, Israel pasó por alto los tres acuerdos del Armisticio y se afanó en establecer su posición de hidrohegemonía en la conquista de territorios. Israel tenía interés en controlar los acuíferos de Wadi Araba y los lechos de los ríos con abundancia de minerales. En 1951 estableció colonias agrícolas en el territorio jordano, extendiéndose al este de la frontera en 320 km² y ocupando el área de Jisr el-Majami/al Baqoura en el triángulo de Yarmouk. Además, Israel comenzó a operar su proyecto de Acueducto Nacional en la zona desmilitarizada al norte de Tiberíades, en una clara violación de los acuerdos de paz con Siria.

Para tratar de aliviar las «tensiones», los estadounidenses propusieron el Plan Principal [Main Plan] en el marco de las negociaciones de Johnston en 1953, al que Israel presentó un contraplan llamado Plan Algodón [Cotton Plan]. El plan de Israel incluía desviar agua del río Litani al río Hasabani para bombearla a Tiberíades y luego al Acueduto Nacional. Los planes fracasaron después de que la Liga Árabe los rechazara y de que Ben Gurion ascendiera al poder. Mientras Israel completaba su agresivo proyecto de acueduto, privando a los estados ribereños del acceso a los principales caudales de agua, la Cumbre Árabe de 1964 recomendó un plan de desvío para contrarrestar la hidro-hegemonía israelí.

Los fracasos de los proyectos árabes, sumados a la guerra de 1967, llevaron a los líderes israelíes a no tener que ocultar sus planes de expansión territorial. Ese año Israel invadió los Altos del Golán, los campos de Cheba y Cisjordania. Con ello, Israel extendió su control a todos los afluentes de la cuenca superior del Jordán. El mapa oficial del Estado de Israel publicado por el Ministerio de Asuntos Exteriores no reconoce que Cisjordania y los Altos del Golán son territorios ocupados y extiende sus fronteras internacionales hasta sus bordes orientales. Los Altos del Golán son una zona hidroestratégica y suministran un tercio del consumo de agua dulce de Israel. Tener su control suponía controlar el Monte Sheikh/Hermón, un objeto central de la primera hidropolítica sionista. Además, la ocupación privó a Siria de su parte de agua en la cuenca del río Jordán.

Desde entonces, Israel ejerce un control total del agua y despoja a los agricultores sirios de los pozos o del acceso a una parte de lo que utilizan los colonizadores israelíes.

La invasión del sur del Líbano en 1978, la operación Litani (¡con el nombre del río!), seguida de la ocupación de 1982 y la invasión de 2006 se justificaron por motivos de seguridad. Sin embargo, es bastante sospechoso que las ambiciones en Litani y Wazzani fueran de hecho parte integrante de las agresiones.

El tratado de paz con Jordania en 1994 dio lugar a modos de prácticas hidro-hegemónicas en las negociaciones. En primer lugar, la tierra de Wadi Araba, donde se construyeron los asentamientos israelíes, fue demarcada bajo territorio israelí. A cambio, Israel ofreció tierras rocosas, no aptas para la agricultura, para pasar a la soberanía jordana. Cuando se observa el mapa por satélite de la región, se puede ver cómo todos los cauces de los ríos y los manantiales, antes en territorio jordano, fueron asignados a la soberanía israelí (me refiero a los manantiales de Wiba/Yahev y a los cauces de los ríos Paran, Arava, Shilhav y Shivya).

En segundo lugar, el artículo Cuatro del anexo dos del tratado hace referencia explícita al derecho de Israel a seguir utilizando el agua de los pozos perforados en el lado jordano de Wadi Araba y a solicitar más suministros de agua amparándose en el Comité de Aguas Compartidas. Dos regiones ocupadas, al Baqoura/Nahariyam y al Ghamr/Tzofar, permanecieron bajo control total de Israel (en «régimen especial») durante 25 años, en los que los israelíes dispusieron de un acceso sin restricciones a los flujos de agua de Jordania. Jordania podría ejercer su soberanía sobre esos sitios desde noviembre de 2019.

Desequilibrio de poder

En conclusión, he intentado situar las actuales agresiones espaciales israelíes en la historia más amplia del pensamiento sionista. Lo que este estudio ha demostrado es la centralidad del agua en la frontera sionista e israelí, un proceso que progresa al extender el control estatal a la mayor cantidad posible de recursos hídricos. Israel es un Estado de colonización de asentamientos basado en la hidro territorialización, ya sea a través de los grupos de presión, la negociación o el uso abierto de la fuerza.

Reconociendo el desequilibrio de poder y, por tanto, rechazando la suposición de que Israel es un actor de igual peso en los conflictos por el agua, creo más bien que se trata de una fuerza hegemónica que se apropia histórica y sistemáticamente de la tierra y el agua en Palestina y la región. Las ambiciones sionistas de extender las fronteras del «futuro» estado a todo el Golán y al sur del Líbano se materializaron poco después de la creación del Estado, con total incumplimiento del derecho internacional. Posteriormente, se practicó la hidro-hegemonía para la cuenca del río Jordán y se rechazó la participación de los estados ribereños.


[1] Baruch Kimmerling, 1983. Zionism and territory: The socio-territorial dimensions of Zionist politics. Universidad de California.

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Rama Sabanekh es periodista e investigadora. Escribe sobre economía política, geografía y violencia en Oriente Medio. Este artículo es una versión abreviada del trabajo «Understanding Israeli Boundaries As Hydro-territorial: A Study In Zionist History And Practice», presentado en un curso del King’s College de Londres.

Edición de Bianca Pessoa y Helena Zelic
Traducido del portugués por Luiza Mançano
Idioma original: inglés

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