Guerra, conflictos económicos y lucha por la democracia en Sudán

16/02/2024 |

Por Omayma Elmardi

Omayma Elmardi, de la MMM en Sudán, explica el actual conflicto en el país

Khartoum, 2019

El 15 de abril de 2023 estalló una nueva crisis en Sudán entre las tropas de Abdel Fatah al-Burhan, líder del ejército del país, y Mohammed Hamdan Dagalo, conocido como «Hemedti», comandante del grupo paramilitar denominado Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). El conflicto comenzó después de que los antiguos aliados tuvieran desacuerdos sobre los planes para integrar a las FAR en el ejército oficial, una de las condiciones para la transición democrática sudanesa que comenzó en 2019. Ese año, el país se vio sacudido por la mayor ola de protestas de su historia, que culminó con la destitución del líder autoritario Omar al-Bashir, quien había sido presidente durante casi 30 años. Fue un proceso para establecer la democracia en el país.

Un grupo de abogados comprometidos con el gobierno civil y con los derechos civiles ha llegado a un acuerdo sobre un marco legal, lo que significa una Constitución de transición con acuerdos civiles para negociar con los militares y establecer un Estado civil. Este acuerdo tenía nuevas regulaciones que cubrían diferentes temas y cuestiones, como una justicia transicional, un consejo de seguridad, el ejército y otros temas relacionados con el período de transición. Lo que debería suceder con los militares durante el período estaba descrito en el reglamento de la Secretaría de Seguridad, que exigía que el ejército nacional, las milicias y otros grupos armados se disolvieran y se sometieran a un proceso de desarme.

Los dos generales, del ejército y de las FAR, fueron los principales responsables del golpe de Estado de octubre de 2021. Todos los procesos de transición que estaban teniendo lugar en ese momento fueron interrumpidos y ellos tomaron el poder tras arrestar al entonces primer ministro civil interino Abdallah Hamdok. Se negaron a pedir el despido y aceptar medidas para entregar el poder. Los militares enfrentaron todas las manifestaciones democráticas y la oposición presentada por diferentes grupos de jóvenes y de la sociedad civil con asesinatos y detenciones. Aun así, las luchas contra estos grupos militares continúan. 

Las Fuerzas de Apoyo Rápido fueron creadas en 2013 por el Partido del Congreso Nacional, para ser utilizadas principalmente como fuerza para el régimen establecido, pero también para garantizar la seguridad del dictador al-Bashir. El grupo se desarrolló y se convirtió en una fuerza independiente, con sus propias regulaciones, armas avanzadas importadas de otros países, control de las minas de oro en la región de Darfur y un contingente estimado en 150.000 soldados. El ejército nacional no tenía autoridad sobre las FAR.

El acuerdo sobre el marco legal preveía que el grupo FAR debería integrarse en el ejército nacional. El líder del ejército al-Burhan afirmó que este proceso llevaría dos años. El líder de las FAR, Hemedti, no estuvo de acuerdo y afirmó que la integración debería llevar entre 10 y 15 años. A partir de ese desacuerdo, ambos iniciaron una lucha, en un plan para tomar el poder y controlar el país y sus recursos como una fuerza independiente. La violencia que hemos estado viendo desde 2023 es el resultado de la rivalidad entre estos dos hombres y sus ejércitos.

Con el estallido del conflicto, las personas se convirtieron en víctimas. Sufren con la escasez de alimentos y el aumento de las enfermedades, mientras que miembros de las FAR han invadido varias ciudades de todo el país, incluida la capital, Jartum. Ellos atacan, saquean y matan a personas en sus propias casas.

DESTAQUE: Es todo inhumano. Las principales víctimas del grupo son mujeres y niños, y hay muchos casos de violación. Hemos recibido quejas de mujeres que son esclavizadas en Darfur. Están destruyendo ciudades y pueblos, hospitales y otros lugares públicos. Hasta la fecha, todos los intentos de negociar la paz y un alto el fuego han fracasado.

Para escapar de la violencia de las FAR y las milicias, las personas están siendo expulsadas a otros estados o emigrando. El pueblo sudanés se enfrenta a un inmenso desafío, ya que se ve obligado a emigrar, pero no tiene los recursos para ir a ninguna parte. En muchos países, como Egipto, las leyes son restrictivas y es difícil entrar. Mucha gente está muriendo en la frontera con estos países esperando una visa.

Un conflicto con motivaciones económicas

El aspecto económico de este conflicto es evidente: los militares y las FAR compiten por el control del país, rico en recursos naturales. Las FAR controlan regiones ricas, específicamente en el oeste de Sudán, donde hay minas de oro. El control de la región fue otorgado por el gobierno militar cuando el grupo todavía era responsable de la seguridad de Al-Bashir. Ellos lucraron, se expandieron y se beneficiaron, en todos los sentidos posibles, de la extracción y exportación de este oro, especialmente a los Emiratos Árabes Unidos. El líder de las FAR, también responsable de la minería, tenía una empresa encargada de exportar oro de Sudán. Se hizo muy rico y las personas están tratando de llamar la atención sobre estas prácticas corruptas de explotación y control de los recursos.

Nuestra demanda es por el desfinanciamiento y el desarme de las FAR y por su reintegración civil.

Omayma Elmardi

El ejército, por otra parte, está asociado con el Partido del Congreso Nacional y tiene sus propios intereses económicos. Gobernó Sudán durante 30 años y estuvo involucrado en todo tipo de corrupción que permitieron su enriquecimiento. Los líderes del partido se hicieron muy ricos y sus fortunas se almacenaron en bancos internacionales en Turquía, Malasia y otros países. La mayoría de estas personas viven en estos lugares y disfrutan de la vida con la familia y el dinero del pueblo sudanés.

Además del conflicto directo entre las FAR y el ejército, otras partes están involucradas a nivel internacional. Chad, Níger, Mali, República Centroafricana, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos están directamente involucrados en el conflicto. Los Emiratos suministraron armas y Libia, hombres a las FAR.

Mientras sigan beneficiándose de los recursos sudaneses, esos países seguirán apoyando el conflicto.

Omayma Elmardi

La lucha por democracia

El país está dividido entre partidos y grupos políticos que luchan por el establecimiento de una democracia y otros que apoyan a los militares. Sin embargo, durante mucho tiempo las organizaciones de la sociedad civil lucharon por derrocar el régimen autoritario que estaba en el poder. Esto es lo que vimos en diciembre de 2018, con la revolución. Y ellas siguen luchando.

Las mujeres participan en numerosas organizaciones, trabajando en diferentes áreas para apoyar a otras mujeres en zonas de conflicto. El trabajo incluye ofrecer servicios básicos, apoyar la educación y la salud, y organizar capacitación en liderazgo y derechos humanos para empoderar a las mujeres. Las mujeres luchan por alcanzar la paz y contra la violencia que sufren en sus territorios, y también institucionalmente.

La lucha continúa, ya que muchas redes de mujeres están tratando de involucrar a más personas en el proceso de paz en curso, incluida la realización de campañas nacionales e internacionales para presionar a ambas partes. Las mujeres se están uniendo para participar en negociaciones de paz, para garantizar que se aborde la agenda de las mujeres. Sostenemos que el acuerdo de paz debe involucrar a todas las partes en Sudán.

La Marcha Mundial de las Mujeres está trabajando en esa lucha, a pesar de que algunas de sus integrantes han tenido que huir del país. Las mujeres que permanecen en el país están tratando de organizar el trabajo humanitario, para comunicarse y defender a nuestro pueblo, activando el apoyo feminista en peticiones y mensajes que promuevan la concientización sobre el conflicto.

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Omayma Elmardi forma parte de la Marcha Mundial de las Mujeres en Sudán y actualmente vive en Egipto. Para saber más sobre el contexto del conflicto en Sudán, lea nuestro artículo que explica el golpe de 2021.

Idioma original: inglés

Traducido del portugués por Aline Lopes Murillo.

Edición de Bianca Pessoa.

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