Lidia Ferrer: “25 de julio es un día de lucha y resistencia»

25/07/2026 |

Capire

La militante campesina dominicana habla sobre las luchas de las mujeres negras en Latinoamérica y el Caribe

El Día de la Mujer Negra Latinoamericana y Caribeña, 25 de julio, “tendría que ser un día de celebración, pero es un día de resistencia y de lucha”, dice la militante campesina dominicana Lidia Ferrer Paredes. Lidia lleva 40 años participando en las luchas por tierra e igualdad para las mujeres del campo en República Dominicana. Integra la Confederación Nacional de Mujeres del Campo (CONAMUCA), organización que articula federaciones en los municipios del país y que forma parte de la Marcha Mundial de las Mujeres y de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-Vía Campesina).

Además de mí, somos una generación de hermanas: todas hemos sido parte de este caminar en la lucha por la defensa de los derechos de las mujeres, especialmente de las mujeres del campo.

Esta entrevista concedida a Capire fue realizada el 15 de julio de 2026, el mismo día en que las organizaciones de CONAMUCA entregaban una carta al Congreso Nacional exigiendo la aprobación de las tres causales para el derecho al aborto en el país. En la entrevista, Lidia comparte perspectivas sobre las luchas actuales de las mujeres negras en su país y en el continente. Habla sobre el derecho al aborto, los derechos de las personas migrantes y la resistencia al imperialismo. El avance de las derechas, la militarización y la presión de Estados Unidos agudizan la intervención y los conflictos en los territorios. Ante todo esto, hay que hacer “una lucha fuerte, y tenemos que estar de verdad todas juntas para poder avanzar”.

¿Podrías contarnos sobre la trayectoria de CONAMUCA?

Nosotras iniciamos en CONAMUCA primero por la lucha por la tierra, el derecho a los servicios, a los caminos vecinales, a la salud. Con el tiempo, se han cambiado los contextos, que son cada vez más exigentes. CONAMUCA es la organización que tiene el mayor poder de convocatoria en la República Dominicana. Comenzamos a luchar por la soberanía alimentaria, por los derechos de las niñas, por la prevención del embarazo en adolescentes, contra el matrimonio infantil y las uniones tempranas, junto con otras organizaciones. También está la reforma agraria y los derechos de las mujeres, del cual somos parte. Coordinamos una coalición por la salud y la vida de las mujeres en Dominicana, con más de 80 organizaciones en el país.

Una de nuestras estrategias principales es la integración de las mujeres jóvenes en todo este caminar. Sabemos que hay que integrarlas no solo para el relevo generacional, sino también para acompañar el trabajo y sus procesos. Nosotras siempre hemos dicho que una sola golondrina no levanta tempestad. Caminar juntas, con otras mujeres, con otras organizaciones, con otras articulaciones: eso también ha hecho que CONAMUCA esté siempre en las luchas, resistiendo en la calle.

Ahora nos enfrentamos al Código Penal, con el tema de las tres causales. Hemos tenido una lucha por más de veinte años con este tema. A veces avanzamos y, otras veces, los tomadores de decisiones hacen que retrocedamos, pero siempre nos mantenemos en pie de lucha en la calle. Hoy hay un plantón frente al Congreso Nacional, y muchas de nuestras federaciones estamos entregando una carta al Congreso para exigir la aprobación de las tres causales.

Nosotras apostamos a un aborto libre, pero necesitamos que por lo menos se nos conceda ese tema de las tres causales. Es por la vida de las mujeres, y porque somos las mujeres del campo, las mujeres pobres, las que morimos. Hemos tenido mucha historia de articulaciones con organizaciones de mujeres, con organizaciones mixtas, nacionales e internacionales. Eso también permite unir fuerza y mantenernos en pie de lucha, porque sabemos que no estamos solas en todos estos procesos.

Las luchas de las mujeres negras en América Latina y el Caribe son muy diversas. Desde tu perspectiva, ¿cuáles son las agendas y los desafíos compartidos en la región?

Este día 25 de julio, que tendría que ser un día de celebración, es un día de resistencia y de lucha. Nosotras decimos que no es un día de fiesta, porque cada vez hay más racismo en el país. El simple hecho de decir y aceptar mis realidades, que soy una persona afrodescendiente, que soy una persona negra, es un desafío.

Principalmente en el país, hay el tema de la sentencia contra la compañera de nacionalidad haitiana. También ahí tenemos una articulación en la lucha. Estamos en un colectivo sobre la migración, donde hay muchísimas organizaciones. Y es como nos articulamos en la región de Caribe, donde estamos Haití, Puerto Rico, Cuba, República Dominicana.

Este colectivo ha hecho diferentes actividades para exigirle al Estado una política migratoria que permita que las compañeras y los compañeros puedan estar en el país sin ser perseguidos. Aun teniendo su regularización, siguen siendo perseguidos. Ha pasado que compañeras embarazadas han muerto dando a luz porque tienen miedo de ir a los hospitales.

Afectan mucho también las redes sociales, donde se impulsa desde muchos medios de comunicación ese enfrentamiento entre Dominicana y Haití. No se ve que sean países solidarios; lo que hacen es empujar a la violencia. Trabajamos el tema de los derechos humanos y de la protección social, articulando también con organizaciones de personas afrodescendientes. En Dominicana, más de 10 mil personas han sido deportadas mensualmente. Muchas de ellas nacieron aquí, en Dominicana, son dominicanos de ascendencia haitiana, y se les ha quitado su nacionalidad. Quedan en estado de apatridia, porque ni son de aquí ni son de allá.

Hay que unir fuerzas con las organizaciones, tanto las que están en Dominicana y que trabajan el tema migratorio, como las que están en Haití, que son aliadas y que también están en la CLOC-Vía Campesina.

Estamos en un contexto marcado por el avance de las derechas, la militarización y los ataques de Estados Unidos sobre la región. ¿Cómo se articulan el feminismo antirracista y el antimperialismo en nuestros territorios?

Lo primero que hay que hacer es recapitular la formación política, principalmente de las mujeres, de las personas jóvenes. Como se dice, un país sin educación es un país en silencio. Hay que retomar entre las organizaciones la formación política, tratando del capitalismo y del patriarcado que nos arropan.

Nosotras como feministas apostamos a un cambio político, pero todavía nos falta mucho para avanzar en cuanto a los partidos de izquierda, donde no hay una unidad. Muchas veces los países no se rigen por sí mismos, no tienen autonomía. Estados Unidos, que es el capitalista principal, no nos deja avanzar en los procesos. Siempre ha sido así, pero ahora se ha agudizado más con la entrada de Trump. Tenemos que seguir apostando a ese fortalecimiento de la unidad entre las organizaciones, entre los pueblos y entre los partidos políticos de izquierda.

Los partidos comunitarios y comunistas son los que nos pueden garantizar que la gente en las comunidades pueda avanzar, pueda tener acceso a la producción y al mercado. No hablamos solo de migración entre países, sino también de la migración del campo a la ciudad. ¿Cómo las y los jóvenes tienen que abandonar sus comunidades si quieren seguir estudiando? Una de las cosas que también estamos haciendo, a través de la escuela agroecológica, es la producción sana en las comunidades, para que las y los jóvenes puedan tener acceso a la educación en sus comunidades, acceso a la producción, y no tengan que emigrar a la gran ciudad.

¿Cuáles son los impactos del gobierno de Trump en América Latina y el Caribe para las organizaciones campesinas?

La política de Estados Unidos afecta a la región completa, con los intercambios comerciales, los intercambios de productos, la exigencia de que nosotras y nosotros, los campesinos y las campesinas, tengamos que sembrar lo que el imperio quiere. La agroecología es la decisión nuestra de sembrar lo que queremos, de vender lo que queremos y a quiénes se lo queremos vender. Hay campesinas y campesinos que han perdido su producción porque, si el Estado les dice que su siembra no puede ser, hasta la queman.

A través de toda esa intervención, los países hemos perdido también esa calidad de lo ancestral, de cómo lo hacían nuestras abuelas y abuelos. Con el tema tecnológico, nos han obligado prácticamente a usar la tecnología para la siembra, o nos mantienen vigiladas con los teléfonos y desde las redes sociales. Hemos tomado precauciones, pero eso no nos garantiza nada. Tenemos que seguir organizándonos, tenemos que seguir articulándonos. Es cierto que hemos avanzado, pero todavía falta mucho para tener otros logros más que garanticen la vida y la salud de las mujeres.

¿Qué aprendizajes de las luchas colectivas de mujeres negras te inspiran y pueden fortalecer las resistencias en América Latina y el Caribe?

Hemos participado en muchas actividades de la Marcha Mundial de las Mujeres en las que una dice: no estamos solas. Aunque tengamos los países dispersos, sabemos que no estamos solas. En La Vía Campesina también ha habido muchos momentos históricos y de convivencia, en los cuales también decimos que no estamos solas.

Incluso en el país, cuando estamos en las actividades que tienen que ver con el tema migratorio de las mujeres negras, de las mujeres haitianas, también nos sentimos así: son espacios sororos, espacios de solidaridad. Eso nos llena de mucha energía.

En todos los países, aunque no estemos en el día a día cotidiano, siempre sabemos que no estamos solas. Esa lucha de resistencia la llevamos en la sangre, la llevamos por dentro. Estamos en estos procesos no porque nos obliguen, sino porque sale de nuestros corazones y de la solidaridad. Esa vibra de mujeres, de estar juntas, de sobrevivir juntas en Latinoamérica y el mundo es como un llamado a seguir de pie. Eso nos fortalece para seguir avanzando y decidiendo.

Como CONAMUCA, reafirmamos nuestro compromiso de seguir avanzando, formando y acompañando a las mujeres rurales para fortalecer el liderazgo, defender los derechos, construir un modelo de desarrollo basado en la justicia social. Esa justicia social, que durante muchos años hemos estado trabajando, está basada en la igualdad, en la soberanía alimentaria y sobre todo en la sostenibilidad de la vida, que es poner la vida en el centro —no solo nuestra vida, sino también la vida de la naturaleza y la biodiversidad.

Creo también que en este Día de las Mujeres Negras y Afrodescendientes, debemos hacer mención a esas mujeres que hoy no están, pero que dejaron su huella y su historia, para que nosotras sigamos sus pasos y su camino, no solas, sino juntas, todas. Esta lucha contra el patriarcado y contra el machismo es una lucha fuerte, y tenemos que estar de verdad todas juntas para poder avanzar.

Entrevista conduzida por Helena Zelic
Tradução do espanhol por Aline Lopes Murillo

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