Ana Maldonado: “el imperio encontró en Venezuela nuestra unidad popular”

22/07/2026 |

Capire

A militante de Venezuela habla de las brigadas internacionalistas y las mujeres al frente de las comunas en Venezuela

Ana Maldonado forma parte de la organización venezolana Frente Francisco de Miranda y de la articulación ALBA Movimientos, donde actúa en la diplomacia de los pueblos y el internacionalismo militante. En esta conversación realizada durante el Encuentro de Comunicadores de ALBA en Caracas, en mayo de 2026, Ana recorre los procesos de solidaridad internacional con Venezuela, la historia del ALBA como proyecto de unidad de Nuestra América y el trabajo de las mujeres en la construcción de las comunas en el país. El 3 de enero de 2026, fuerzas de Estados Unidos atacaron instalaciones militares venezolanas y secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores hacia territorio estadounidense. Maldonado relata ese hecho como una agresión militar, y describe cómo las organizaciones populares construyen, desde los territorios, una contranarrativa basada en la unidad.

Esta entrevista fue conducida antes de los terremotos que devastaron siete estados de Venezuela, con epicentro en Yaracuy y con La Guaira, Caracas y el Distrito Capital entre las zonas más golpeadas. Ante la tragedia, el pueblo venezolano respondió con lo que Ana Maldonado nombra en esta entrevista: unidad popular, poder popular y las comunas en el centro del trabajo de rescate y reconstrucción, con las mujeres sosteniendo la vida en los territorios. Desde Capire acompañamos y apoyamos la campaña Venezuela ¡Por la vida!, impulsada por ALBA Movimientos y las organizaciones populares, que se organiza para salvar vidas, sostener a las comunidades afectadas y convocar la solidaridad internacional de los pueblos. Sumarse a esta campaña es sostener esa voluntad de lucha por la vida y la paz.

¿Cómo ocurre la diplomacia popular y el internacionalismo en el día a día, en los territorios? ¿Cómo las mujeres participan de esos procesos y cómo contribuye a la construcción de la paz?

La diplomacia de los pueblos por la paz siempre ha sido muy importante para la Revolución Bolivariana. Desde sus inicios, en el proceso constituyente, dimos a conocer que se estaban constitucionalizando nuevos sujetos, nuevos derechos y nuevas racionalidades. Dentro de esos nuevos sujetos estaban las mujeres; los niños, niñas y adolescentes, a quienes nunca más llamamos menores; los abuelos y las abuelas; las personas con discapacidad y la población en situación de vulnerabilidad. Y estaba el sujeto participativo, popular y protagónico que es el pueblo: el ciudadano y la ciudadana con capacidad de participar no una vez cada cinco años, sino de manera cotidiana en su territorio.

Eso prefigura el proceso constituyente de 1998 y todo el conjunto de leyes orgánicas del Poder Popular. Reconocer la lucha que veníamos dando en nuestros territorios, en las asambleas de barrio tan importantes en los años ochenta y noventa, es un proceso muy interesante.

Somos bolivarianos y bolivarianas, y el internacionalismo militante está en nuestras raíces. No concebimos la soberanía ni la construcción del poder popular sino en el marco de la unión de Nuestra América. Ya en los años ochenta concluíamos que no es posible la revolución en un solo país: no hay independencia, soberanía ni autodeterminación si no las pensamos dentro de un proceso de unidad continental, del Sur global.

Quiero hablar de instancias de articulación orgánica muy importantes. ALBA Movimientos surge en 2007, en Tintorero, estado Lara, tras la primera cumbre del ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para las Americas-Tratado de Comercio de los Pueblos). Allí surge la preocupación del comandante Chávez: que los pueblos que quisieran adherir a los principios del ALBA tuvieran una instancia para encontrarse, aunque sus gobiernos no estuvieran articulados. Tomamos esa idea junto al Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra de Brasil; los compañeros Centro Martin Luther King de Cuba, y nosotros, los bolivarianos.

De ahí en adelante, ese proceso acompañó articulaciones más antiguas con sindicatos y uniones de trabajadores, incluso con compañeros de Estados Unidos, Canadá y Europa, que eran los espacios más tradicionales de organización en torno al trabajo y la lucha sindical.

Hacia 2016, después de la conferencia Dilemas de la Humanidad, dijimos que la articulación no fuera solo continental, sino de todos los continentes. Así se empieza a pensar la Asamblea Internacional de los Pueblos, que integra a África, Europa y Asia. No es un momento fundacional, pero tiene un hito muy importante en 2019, cuando se realiza una asamblea aquí en Venezuela en solidaridad con la Revolución Bolivariana, en un año de mucho asedio. También los movimientos de mujeres, como la Marcha Mundial de las Mujeres, siempre han estado organizadas en esa articulación. El movimiento afro y la vinculación Sur-Sur, entre América del Sur y África, viven ahora un momento importante: el panafricanismo es cada vez más nuestro y más cercano.

Desde el 3 de enero de ese ano, hemos recibido siete brigadas. La primera fue la del Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano: 57 compañeros que se vinieron por tierra, en una chiva (camión). Fue extraordinario. Se quedaron varios días en una escuela de nuestra organización y tuvieron una agenda de conocer las comunas y los lugares donde ocurrieron los bombardeos, en La Guaira, en Caracas, en Ciudad Tiuna. Tuvimos espacios de debate, análisis y mucha emoción, porque la gente decía: “Esta gente se vino a pie”. Fueron muchos días de camino.

Después llegaron otras siete brigadas con perfiles diferentes. La mayoría logró tener experiencias de intercambio en los territorios, para escuchar de primera mano cómo se vivió la agresión del 3 de enero y cuáles son las principales preocupaciones del pueblo.

La principal preocupación es que nuestra diplomacia de los pueblos y nuestro internacionalismo puedan responder a la ofensiva del imperio, que quiere desunirnos, desmoralizarnos y confundirnos. Estamos en ese proceso. No lo tenemos resuelto, pero construimos una contranarrativa: estamos unidos. A pesar de la superioridad militar y tecnológica que empleó Estados Unidos, tras 127 días de bloqueo naval, que permanece desde el 3 de enero, el imperio encontró en Venezuela otra superioridad: nuestra unidad popular. La agenda de ellos es la guerra fratricida, quieren que nos destruyamos entre nosotros, como se vio en Asia Occidental en décadas pasadas, para tomar más fácilmente el territorio.

En este momento, ¿cómo puede la solidaridad internacional fortalecer la soberanía popular del pueblo venezolano en la práctica?

Creo que ese es el asunto más importante. Hoy la solidaridad tiene la fuerza que siempre quisimos lograr entre los pueblos: es un compromiso, no un regalo. Como decían nuestros referentes, no es dar lo que sobra, sino compartir lo que tenemos. ¿Y qué tenemos? La misma lucha, una causa común: que se sepa que lo que nos mueve es una larga marcha hacia la sociedad comunal en Venezuela. No es de un día para otro. Llevamos 26 años resistiendo y hemos enfrentado todos los tipos de guerra híbrida que se conocen.

En términos de solidaridad, es muy importante que comprendan el proceso. Tenemos que mejorar los canales y las formas de comunicar. Aquí adoptamos una fórmula que nos planteó el presidente Nicolás Maduro: calles, redes, medios y paredes. Le hemos sumado el radio bemba, el boca a boca. Pero hacia afuera no tenemos mecanismos efectivos para comunicar lo que sucede acá.

Ahora, una de nuestras preocupaciones es que, así como quisieron instalar matrices de desunión, desmoralización y confusión dentro de Venezuela, lo intentan con Cuba. Tenemos una campaña para contrarrestarlo: “Amor con amor se paga”. Lo importante es hacer llegar ayuda material.

¿Cuál crees que es la situación en este momento en Venezuela?

Siempre hemos dicho que pasamos por momentos complejos y decisivos, pero este es muy complejo. Fuimos víctimas de una agresión, de un ataque militar: 150 naves, armas hipersónicas que emplearon 3.500 grados de temperatura para disolver cuerpos. Fue algo atroz, dantesco, que culminó en el secuestro de nuestro presidente y de la primera combatiente, y en la muerte de 32 compañeros cubanos y 47 venezolanos. Esa herida está latente. Nos da indignación y tristeza, pero también nos inspira a seguir perfeccionando la lucha.

Estados Unidos ensaya con nosotros una forma particular de ocupación: mantener secuestrado a nuestro presidente, bajo amenaza. En una publicación que hicimos, el compañero Prabhat Patnaik habla del modus operandi del imperialismo: aplicar una serie de sanciones en una guerra híbrida, específica para cada país. Para Venezuela, Estados Unidos habla de tres fases: estabilización, recuperación y transición, pero siempre después de una rendición total. Ese es el factor que no tienen: nuestra rendición. Seguimos luchando. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) sigue gobernando los territorios junto al pueblo patriótico, y son las comunas quienes abren la puerta del colegio, organizan el gas, la alimentación y los medios de producción.

Lo que quieren es un cambio de régimen, una rendición total, para apoderarse de nuestros recursos y de la conducción política, para que todo quede subordinado a Estados Unidos. Por eso este momento es tan decisivo. La dirección política de la revolución, la presidenta encargada Delcy Rodríguez, la Asamblea Nacional, los ministros, el ejecutivo, está en manos de la revolución, bajo una presión muy compleja. Desde la orden ejecutiva de Obama, el 9 de marzo de 2015, se nos han sustraído recursos, robado activos y asfixiado. Como nación, salimos del sistema jurídico-financiero: no podemos operar libremente en los mercados globales. Por eso, bajo una lógica de guerra, hemos tenido que activar otros mecanismos.

El nuevo objetivo es exigir la inmediata liberación del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores, y garantizar que el proceso continúe con la comuna como epicentro. Logramos la primera consulta el 8 de marzo, Día de la Mujer, y ya se anunció la segunda para julio.

Es complejo porque el imperialismo intenta apoderarse de todo. No es del todo nuevo: tenemos reservas congeladas en el Banco de Inglaterra; la empresa Citgo, en Estados Unidos, bajo un régimen de sustracción que facilitó el interinato de Guaidó desde 2019; y la petroquimica Monómeros, en Colombia, corrió la misma suerte. La diferencia es que ahora se llevan el petróleo, lo administran y dicen que serán ellos los administradores de nuestros recursos. Es un paso más, pero no algo que no haya existido antes.

¿Qué memoria desde sus experiencias internacionalistas quieres compartir en este momento histórico?

Cuando en el 2005 el comandante Chávez manda el ALCA “al carajo”, desde Mar del Plata y con toda esa significación, organiza varios grupos para trabajar en las misiones de Venezuela ante las Naciones Unidas, en Nueva York y en Ginebra. Sabía que cuadros medios habían entregado compromisos de la República, y con el entonces canciller Alí Rodríguez Araque fuimos a borrar los compromisos asumidos ante la ONU en relación con el ALCA. La “A” del ALCA era de “área”: una zona de libre comercio, un saqueo de las Américas. Tuve la oportunidad de acompañar al grupo de cuadros políticos que fue primero a Nueva York y luego a Ginebra. Ninguno era diplomático de carrera.

Las negociaciones del ALCA eran secretas, solo de los gobiernos que negociaban. Lo primero que hace el comandante Chávez es entregar la clave para hacerlas públicas, y todo el mundo pudo ver cuánto de lo que se negociaba era inconstitucional para sus países. Despues, el ALBA y el Tratado de Comercio de los Pueblos empiezan a pensar fórmulas para desdolarizarse, con intercambios compensados y un nuevo sistema de equivalencia.

Para los pueblos tenemos una cartilla del ALBA Movimientos organizada por ejes de lucha. El eje por la soberanía de nuestros recursos es también el eje por una mayor unión. Está el eje de los feminismos populares, porque son múltiples las opresiones que sufrimos las mujeres: morenas, negras, pobres, jóvenes, trabajadoras. Los ejes integran raza, clase y grupos humanos, y también la comunicación y la formación.

El capítulo venezolano del ALBA cada vez está más fuerte: empezó con una decena de organizaciones y hoy somos casi 70, de naturaleza muy distinta: pobladores, indígenas, trabajadores, sexodiversidad, comuneros y comuneras, jóvenes, trabajadores sociales. Nos reunimos con regularidad. Además, trabajamos para que se fortalezcan los capítulos nacionales.

Entrevista realizada por Clarice Rangel Schreiner

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