Foto/photo: Amelia Collins/Friends of Earth International

Experiencias 12/04/2021

Justicia ambiental

Foto/photo: Amelia Collins/Friends of Earth International

La agroecología como resistencia: las mujeres indígenas defienden sus territorios y prácticas ancestrales en Malasia

Conoce las experiencias agroecológicas y la lucha de las mujeres de la comunidad de Sungai Buri, donde reafirman su soberanía y exigen el derecho a la tierra

Por Amigos de la Tierra y Capire

Entre selvas tropicales y manglares de la rica biodiversidad de Borneo, las comunidades indígenas del estado de Sarawak han vivido en armonía con la naturaleza durante siglos. Pero amenazadas por la deforestación y el acaparamiento de tierras para el cultivo de palma aceitera y la producción de madera y papel, hoy estas comunidades luchan para defender sus derechos y territorios.

“No podemos darnos el lujo de plantar sólo un cultivo, tenemos que hacer lo que sea más beneficioso para nosotras/os”, dice Nuie Anak Samale. “Y nadie puede decirnos qué hacer”. Conocida por sus amistades como la Mujer Maravilla por su ética de trabajo, Nuie lucha por su familia, su comunidad y el medioambiente con cada ají, piña y calabacín que produce en su abundante parcela al lado de la ruta en Sungai Buri, en el noreste de Sarawak.

Nuie dirige un grupo de mujeres en una zona donde la agroecología, la agrosilvicultura y el manejo comunitario de bosques se están volviendo poderosas herramientas de defensa de los derechos de los pueblos, los medios de sustento y los bienes naturales de los bosques. Aquí, lo que Nuie llama “agricultura integrada” no sólo está empezando a revertir los daños provocados por la tala y las plantaciones de palma aceitera, sino que cuestiona y está desafiando directamente ese modelo de desarrollo destructivo. En lugares donde el gobierno quiere imponer monocultivos comerciales, esto es agroecología como acto de resistencia.

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Historia

A fines del Siglo XX, la tala excesiva para satisfacer la demanda mundial de maderas tropicales había diezmado los bosques del estado de Sarawak considerablemente. Como la demanda interna de aceite de palma nacional seguía creciendo, Malasia empezó a abandonar el sistema internacional de certificación Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible (Roundtable on Sustainable Palm Oil — RSPO), optando en su lugar por la certificación nacional Aceite de Palma Sostenible de Malasia (Malaysian Sustainable Palm Oil — MSPO). Desde la década de 1990, más de tres millones de hectáreas –más de un cuarto de la superficie terrestre de Sarawak—  se destinaron a plantaciones de monocultivos.

A diferencia de los bosques, los monocultivos son desiertos verdes con enormes impactos negativos para las plantas, la vida silvestre, el suelo y los ciclos climáticos, y también para las comunidades locales. Cuando las empresas (tanto locales como transnacionales) acaparan tierras cubiertas con bosques para reemplazarlos por plantaciones de monocultivos, también privan a los pueblos indígenas – que son la mayoría de la población en Sarawak — de sus medios de sustento, sus “derechos consuetudinarios originarios y su identidad ancestral, cultural y espiritual.

El acaparamiento de tierras y la deforestación en Malasia son manifestaciones de un fenómeno mundial: las empresas transnacionales operan con impunidad, haciendo caso omiso de los derechos humanos y la crisis climática y de biodiversidad, dentro de un sistema político-económico mundial guiado por el afán de lucro, con débil gobernanza ambiental.

Sin embargo, aunque sean diferentes de los títulos de propiedad de la tierra emitidos por el Estado, los derechos consuetudinarios a la tierra están protegidos en el derecho malayo. Amparadas en la ley, las comunidades pueden reivindicar su derecho a las tierras que ocupan, cultivan o usan con fines religiosos, y derechos de servidumbre o de paso y para la caza y la recolección, según sus costumbres. Sin embargo, existe una laguna jurídica clave: desde 1958, el Estado no reconoce la soberanía de los pueblos sobre sus tierras a menos que tengan un permiso estadual (provincial). El Código de Tierras de Sarawak de 1958 establece claramente que no podrán reconocerse nuevos derechos consuetudinarios a la tierra sin un permiso concedido por el Estado.

Finalmente, si bien la Constitución Federal exige indemnización adecuada en base a estrictos procesos de valoración cuando se trata de la pérdida de derechos sobre tierras con títulos de propiedad documentados, la indemnización que reciben las comunidades por la pérdida de tierras tradicionales es a discreción del Estado, si es que reciben indemnización alguna.

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Las luchas contra el acaparamiento de tierras consuetudinarias por las corporaciones

Los pueblos indígenas de Malasia reconocen y aplican los derechos consuetudinarios a la tierra desde hace siglos. En Sarawak, estos derechos se denominan oficialmente “derechos consuetudinarios originales”. En el idioma iban, el conjunto total de un territorio tradicional o consuetudinario se conoce como tanah pemakai menoa e incluye dos categorías generales de uso del suelo. La primera son las tierras cultivadas de propiedad familiar, conocidas como temuda. La segunda son las áreas comunes que comparte toda la comunidad. Gran parte de estos bienes comunes son bosques comunitarios, conocidos como pulau galau, donde las y los integrantes de la comunidad cazan, pescan, recogen plantas, cosechan madera y usan sus ríos para obtener agua y para el transporte diario. Los lugares sagrados y cementerios, así como el área de vivienda de la comunidad, también son compartidos como derechos colectivos.

La comunidad aplica prácticas y conocimientos ancestrales para mantener el delicado ecosistema del que son sólo una parte. Las prácticas de conservación indígena son más efectivas para evitar la deforestación y las pérdidas de hábitat que las técnicas modernas de conservación como las “áreas de conservación oficiales”.

La y los miembros de la asociación de habitantes de Sungai Buri recogen semillas saludables del bosque y las multiplican en viveros. Se ha creado un plan de intercambio de semillas con organizaciones hermanas de las comunidades de Marudi, Long Miri y Long Pilah, en el que los distintos grupos recogen semillas de especies de sus regiones: merbau, jelayan, ratán, engkabang, meranti y árboles frutales como el durian y langsat.

Las mujeres sostienen la diversidad de Sungai Buri

Sungai Buri es un territorio indígena que se ubica a casi 30 km de la ciudad de Miri, en la costa noreste de Sarawak. Durante generaciones, las comunidades indígenas de esta región han protegido y manejado sus bosques; y los bosques les han proveído  alimentos, agua, madera, combustible, refugio, biodiversidad, semillas, miel, frutas, medicina y alimentos para los animales.

Pero la tala y la expansión de las plantaciones de palma aceitera han contaminado los ríos y degradado los suelos, privando a las comunidades de sus tierras ancestrales y medios de sustento. La biodiversidad ha ido desapareciendo y con ella no sólo los materiales naturales que se usan para elaborar artesanías, sino también el conocimiento sobre el bosque.

Estas son las condiciones que la comunidad de Sungai Buri enfrentaba cuando se puso en contacto con Amigos de la Tierra Malasia (Sahabat Alam Malaysia — SAM) para solicitar ayuda en 2017. En ese momento eran el único grupo de la zona que se oponía al avance del monocultivo. Se creó una asociación de residentes — un paso importante para obtener personería jurídica —, y comenzaron a pensar en restaurar y proteger los bienes naturales. Decidieron establecer un proyecto piloto de agroecología y cultivo de árboles e identificaron un área de aproximadamente dos hectáreas. En el proyecto de manejo comunitario de bosques y agroecología comunitaria de Sungai Buri se cultivan especies forestales nativas, bananas, piñas y daun long. “Hacemos todo lo posible para ayudar a la comunidad a plantar especies locales de árboles”, dice Nuie Anak Samale.

Hoy en día, las mujeres que trabajan con el proyecto de agroecología de Sungai Buri están usando los productos de los cultivos para elaborar esteras, canastos y lazos y paquetes tradicionales. Sin embargo, al igual que muchas comunidades rurales tienen dificultades para comercializar sus artesanías. “En este momento somos alrededor de 20 mujeres plenamente involucradas, pero esperamos ser más y por supuesto queremos darle a todas la oportunidad”. En toda la región, SAM está trabajando para aumentar la cantidad de mujeres que participan en grupos de agroecología y recientemente la brecha se redujo, pasó de sólo el 20 por ciento de mujeres al 40 por ciento.

Aunque cuenten con subsidios del gobierno para cultivar palma aceitera, los agricultores de pequeña escala están en desventaja a la hora de vender sus productos. Y con los precios del aceite de palma en caída, algunas comunidades quieren convertir sus tierras al manejo comunitario de bosques. Hay miles de hectáreas donde los bosques se podrían regenerar de esta forma. Además, las y los pequeños propietarios de tierras enfrentan dificultades para obtener licencias para hacer este cambio porque sus territorios no cumplen con la descripción de tierras cultivadas antes de 1958.

Una parte clave de la capacitación es aprender a elaborar fertilizantes libres de sustancias químicas a partir de ingredientes fácilmente accesibles. Comparados con las alternativas comerciales, estos fertilizantes orgánicos caseros son mejores para el suelo, mejores para la salud de las personas y mejores para sus finanzas. “Podemos cultivar todos los ingredientes para el fertilizante”, dijo Roseline Serai, una de las participantes en la capacitación en 2019. “Puedo hacerlo en mi casa y luego podemos aplicarlo en cualquier momento”. Sylvia William Endak dijo que espera una mejora en sus ingresos, ya que no tendría que comprar más fertilizante para los árboles frutales y los pimientos que cuida para su familia. “He visto que ayuda a las mujeres a comprender el valor económico”, cuenta “Se están empezando a dar cuenta de que los fertilizantes modernos en realidad no son buenos para la salud. Sería bueno que este tipo de prácticas agroecológicas y de agricultura sustentable se aplicaran en todo Sarawak y Malasia porque consideramos que es un método agrícola muy sustentable”. Estos conocimientos proceden de una relación con la tierra que respeta la diversidad, el trabajo, la ancestralidad y los lazos comunitarios.

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Este texto se basa en dos artículos publicados por Amigos de la Tierra Internacional, con el agradecimiento a Sahabat Alam Malaysia/Amigos de la Tierra Malasia por su inspirador trabajo: “Nadie puede decirnos qué hacer”: agroecología como resistencia y En defensa de los territorios y los derechos de los Pueblos Indígenas de Malasia.

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