Yasmeen El-Hasan: “Israel es un invasor colonial”

03/05/2023 |

Capire

Feminismo, juventud y resistencias campesinas en Palestina son los temas abordados en esta entrevista a la activista de la Unión de Comités de Trabajo Agrícola

Yasmeen El-Hasan es directora de defensa y movilización de la comunidad en la Unión de Comités de Trabajo Agrícola [Union of Agricultural Work Committees – UAWC]. Creció en Estados Unidos y hace poco regresó a Palestina. “El hogar es siempre el hogar, y yo quería volver a casa”, dice.

En esta entrevista concedida a Capire, Yasmeen expresó su preocupación por las prácticas imperialistas que criminalizan las luchas y expuso sus reflexiones sobre las resistencias cotidianas de las mujeres y la juventud. La UAWC fue una de las seis organizaciones políticas a las que Israel atacó y criminalizó como terroristas en 2021. Ante esa ofensiva, la solidaridad de los movimientos en todo el mundo fue y sigue siendo muy necesaria. Para Yasmeen, “lo más gratificante es poder trabajar para proteger nuestra tierra y nuestra comunidad”.

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Yasmeen, ¿podrías contarnos cómo se produjo la clasificación de terrorismo contra la UAWC? ¿Cuál es la situación hoy?

Para contextualizar, Israel clasificó legalmente a la UAWC y a otras organizaciones de derechos humanos en Palestina como organizaciones terroristas bajo la ley israelí. Israel es una colonia de asentamientos. El principal objetivo del colonialismo de asentamientos es eliminar o expulsar a la población indígena y sustituirla por una población de colonos. Para ello, necesitan tierras. Por tanto, la base del colonialismo de asentamientos es el robo, es decir, la desposesión de las tierras de los pueblos indígenas –en este caso, nosotros, los palestinos. Cualquier organización, persona o movimiento que se oponga a ello o que intente luchar contra la opresión del colonialismo o el despojo de sus derechos, sus tierras y sus recursos es una amenaza directa para la entidad colonizadora.

Como organizaciones palestinas, nos dedicamos directamente a la defensa y organización en pro de nuestras libertades, lo que significa, por tanto, que nos oponemos a la ocupación israelí. Por este motivo, para la ocupación, somos una piedra en su camino. Como respuesta, nos declararon organizaciones terroristas. El 19 de octubre de 2021, Israel designó a seis organizaciones de la sociedad civil palestina como organizaciones terroristas: la UAWC, la organización de derechos humanos Al-Haq, el centro de investigación y desarrollo Bisan, la asociación de derechos humanos y apoyo a personas encarceladas Addameer, la sección palestina de la organización internacional Defensa de Niñas y Niños [Defense for Children] y la Unión de Comités de Mujeres Palestinas [Union of Palestinian Women’s Committees].

Son todas excelentes organizaciones de la sociedad civil palestina que realizan un trabajo extraordinario para la comunidad. Todas ellas son organizaciones de base, además de tener legitimidad internacional. Como consecuencia, se puso en marcha una intensa campaña de solidaridad internacional contra esa clasificación. Numerosos organismos y organizaciones internacionales, personalidades políticas y movimientos populares se manifestaron en contra de la clasificación. Esos pronunciamientos llegaron incluso desde las Naciones Unidas, la Unión Europea, el Observatorio de los Derechos Humanos [Human Rights Watch] y la Amnistía Internacional. La Unión Europea instó a sus gobiernos a reanudar la financiación de las seis organizaciones clasificadas como terroristas y, en julio de 2022, nueve países europeos emitieron una declaración conjunta en la que afirmaban que tal clasificación no tenía fundamento y que seguirían colaborando con las organizaciones en Palestina.

Según Israel, su clasificación se basó en los flujos financieros de las organizaciones. Tal afirmación fue desmentida en varias ocasiones por rigurosas auditorías realizadas en la UAWC, principalmente por parte de los gobiernos australiano y holandés. Aun así, aunque todas las investigaciones demuestran que la clasificación es falsa, infundada y sin ninguna base factual, nos ha afectado y tuvo impactos en nuestra financiación. Aunque la clasificación como terroristas y la criminalización de la sociedad civil palestina es una maniobra muy obvia, una jugada política performática y claramente falsa, se inscribe en una táctica del miedo. Desgraciadamente, para algunas entidades, a nivel internacional, ha funcionado. Como resultado, se han suspendido algunos fondos incluso después de que las investigaciones demostraron que no tenía fundamento.

Ante todo ello, se nos complicó mucho la situación. Pero nuestra comunidad, nuestros aliados y alianzas solidarias de todo el mundo que nos apoyaron nos dan fuerza y ánimo. Sabemos que lo que hacemos es librar una lucha por la libertad y por la tierra. Por supuesto, la situación sigue siendo difícil. Desde el punto de vista legal, según el gobierno israelí, todavía somos terroristas. El ejército israelí asaltó las sedes de las seis organizaciones en Ramala en agosto de 2022.  En la UAWC, destruyeron y robaron nuestros dispositivos electrónicos, saquearon toda nuestra sede, bloquearon las puertas y dejaron una orden militar en la que se afirmaba que no se nos permitía seguir trabajando. Este hecho también generó una importante respuesta internacional en defensa de la sociedad civil palestina.

Para dar un poco más de contexto, la UAWC trabaja para apoyar, defender y proteger a las y los pequeños agricultores palestinos y sus derechos sobre la tierra. Lo hacemos desde 1986, para promover la estabilidad de los agricultores y agricultoras y su acceso y soberanía sobre los recursos naturales ante la situación socioeconómica de vulnerabilidad que se deriva de la ocupación y explotación israelíes de la tierra y el agua palestinas. Es importante señalar que nuestro trabajo con la tierra no es abstracto, es muy concreto. Las comunidades palestinas tenemos nuestras raíces en la tierra. Estamos entrelazadas con nuestro ecosistema. No lo digo como una metáfora o para ser poético, sino de una manera muy literal: las comunidades palestinas están físicamente enraizadas en la tierra. Cuando se ataca nuestra tierra, no sólo se afecta la economía, por ejemplo, o el PIB. Este no es el mayor problema. Esos ataques van contra nuestra existencia y nuestras formas de subsistencia.

La UAWC trabaja para proteger esto. Nuestra labor incluye la recuperación y regeneración de tierras, la instalación de tuberías de riego, la construcción de caminos agrícolas, la creación de proyectos de generación de ingresos para jóvenes y mujeres, el establecimiento de un banco de semillas para proteger las variedades de semillas locales y facilitar su distribución a los pequeños agricultores locales, y el intercambio y la difusión de saberes, entre otras muchas acciones. Pero ese tipo de trabajo, que es un trabajo concreto con la tierra, le da miedo al invasor. Seguimos trabajando. Es un trabajo arduo, y sin duda nuestra capacidad se ha visto afectada, pero, a pesar de ello, nuestro compromiso será siempre con la comunidad. Esto significa que, por muy difícil que sea, seguiremos trabajando para proteger y defender a los pequeños agricultores, a los campesinos y a las comunidades rurales.

¿Cómo ves la realidad de las mujeres en estas comunidades?

Las mujeres son la base de la sociedad palestina. Las mujeres son el corazón de nuestra lucha. Hay un dicho islámico [hadiz] muy arraigado en nuestra cultura que dice que el paraíso se extiende bajo los pies de nuestras madres. Nuestras madres están en la primera línea, visiblemente o no. Como organización, apoyamos a las mujeres lo máximo posible. La UAWC apoya a varias cooperativas de mujeres; también tenemos programas que apoyan la producción artesana de las mujeres, los productos de sus cultivos, sus recursos, todo lo que cultivan en sus tierras.

Las comunidades rurales no funcionan sin las mujeres. Hacen mucho trabajo invisible, sobre todo porque se considera que la agricultura es un sector “económico” en que la atención se centra en los números, en el dinero. Las mujeres no suelen ser visibles en el aspecto económico de las comunidades rurales, ya que no suelen estar al frente de la contribución de la agricultura al PIB.

Además de realizar ese trabajo que sabemos que es invisible, son esenciales en el funcionamiento de las fincas familiares. Las mujeres son esenciales para el mantenimiento y la producción continua de los recursos naturales. También son muy a menudo las guardianas de la tradición oral y de la historia transmitida oralmente. Un matemático y académico palestino llamado Munir Fasheh le habló una vez a su madre de “uno más uno”. Él dijo: “uno más uno es igual a dos”, a lo que su madre le contestó: “no, uno más uno puede ser uno”. Ella decía: “si uno tiene una gota de agua y añade otra gota de agua a la primera, seguirá siendo una sola gota, porque juntas ya no son entidades separadas”. Este ejemplo se me quedó como una forma de ilustrar diferentes formas de pensamiento que no corresponden al pensamiento hegemónico centrado en cifras económicas, especulación financiera, ciclos y sistemas neoliberales. A menudo son las mujeres las que desempeñan ese rol fundamental en nuestras comunidades, lo que nos permite seguir manteniendo esos métodos de pensamiento y conocimiento que tienen como base la tierra y la comunidad.

Los conocimientos más ricos que tengo acerca de la tierra me los transmitió mi linaje materno. Lo aprendí de mis abuelas. No trabajaron formalmente en una finca, pero crecieron en comunidades rurales y cuidaron la tierra y cultivaron muchas de las frutas, verduras y hortalizas que comíamos. De ellas aprendí a cuidar nuestra tierra. De mi madre, que creció en una comunidad rural y ahora vive a un océano de distancia de su tierra natal, aprendí lo que significa relacionarse con la tierra como mujer palestina. Juntas, me enseñaron lo que significa tener raíces. Me han enseñado no sólo lo que puedo obtener de la tierra, sino también lo que puedo darle a la tierra. No es una relación transable. Es simbiótica. Es recíproca. De las figuras maternas de mi vida he aprendido lo que es el hogar y las responsabilidades que conlleva.

Una vez leí un artículo sobre cómo las mujeres palestinas no estamos en la primera línea de la revolución ni participamos activamente en la lucha por nuestros derechos. Resultaba casi cómico lo falso que era, porque esa forma de pensar, especialmente en el Norte global, no tiene en cuenta todas las esferas de participación. Por ejemplo, las mujeres no siempre están en las fotos de la gente que tira piedras cuando se invaden sus pueblos. Una vez leí un artículo sobre cómo las mujeres palestinas no estamos en la primera línea de la revolución ni participamos activamente en la lucha por nuestros derechos. Por ejemplo, las mujeres no siempre están en las fotos de la gente que tira piedras cuando se invaden sus pueblos. Pero cuando se lanzan gases lacrimógenos, hay dos maneras de manejarlos, usar cebollas, porque estimulan las lágrimas que limpian las toxinas, u oler pañuelos con perfume. Las mujeres suelen dar mucho apoyo a la resistencia.

Las mujeres están en la primera línea de la resistencia, aunque no sea la resistencia que se imagina desde el Norte global o cómo desde el Norte global se imagina que es luchar por sus propios derechos.

El discurso sobre este tema en el Norte global generalmente es muy heteropatriarcal e hiperconcentrado en lo que se considera expresiones visibles de la agresión masculina, en lugar de reconocer de manera holística todas las formas en que las mujeres, y también los hombres, están en resistencia en Palestina. Pero las mujeres palestinas lo hacen todo, en todos los frentes. Una frase muy común en el contexto palestino dice: “existir es resistir”. Y hay una palabra árabe para describir al pueblo palestino, “sumud” (صمود), que significa “firmeza”.  Una de las formas en que las mujeres palestinas y todos los palestinos resistimos es ser firmes, existiendo y manteniendo nuestro vínculo con nuestra tierra.

¿Cómo participan los jóvenes en el movimiento? ¿Cómo hacen frente al imperialismo en su vida cotidiana?

La situación económica y política es cada vez peor. Hace cinco minutos, miré mi teléfono móvil y me enteré de que se ha producido otra invasión de colonos en Huwara, un pueblo en los alrededores de Nablus. Varios palestinos están hospitalizados.

La verdad es que hay muchas cosas muy desalentadoras. Pero una cosa que siempre me da esperanza son mis compañeros y compañeras, los jóvenes palestinos. La forma de organizarse de mis compañeras y compañeros, especialmente en los dos últimos años, me dan mucho ánimo. Por ejemplo, tuvimos la Intifada de la Unidad [Unity Intifada] en mayo de 2021, organizada principalmente por la juventud. Encontramos nuevas formas de resistir. Muchos no estábamos aquí durante la Primera y la Segunda Intifadas y sólo tenemos unos vagos recuerdos y las historias que nos contaron sobre ellas.

Las formas de resistencia de la juventud palestina son increíbles y se basan en la unidad. Tenemos un solo hogar, somos un solo pueblo y esto es lo que guía nuestra lucha. Somos el pueblo indígena de esta tierra. Esto quiere decir que somos sus cuidadores. Tenemos la responsabilidad de proteger la tierra. Se dice: “ellos matan por la tierra, nosotros vivimos para protegerla”. Lo vemos mucho ahora, sobre todo entre los jóvenes palestinos. Sólo este año perdí la cuenta de cuántos palestinos fueron asesinados. Si nos fijamos en su edad, vemos que muchos eran jóvenes, veinteañeros, y otros tantos eran todavía niños. Es desgarrador. Nosotros recordamos a nuestros mártires.

También me gustaría dedicar un momento a hablar de la diáspora. Los palestinos dentro de Palestina, dentro de Cisjordania, en 1948 (que es como llamamos a las partes de Palestina tomadas por Israel en 1948), en Gaza… En toda esa región, quien está impulsando la evolución del cambio social y político es la resistencia de la juventud. Pero además, se complementa con la unidad de la diáspora palestina. Esto fue posible especialmente durante la Intifada de la Unidad. Vimos palestinos por todo el mundo, no sólo en Palestina: en los campos de refugiados y en el exilio, en el Líbano, en Jordania, en la diáspora, en Estados Unidos, en América Latina, en Europa… palestinos por todo el mundo. Yo estaba viviendo en Estados Unidos en ese momento, y nunca había sentido una unidad semejante entre la gente de la diáspora.

El Movimiento de la Juventud Palestina [Palestinian Youth Movement — PYM], que es un movimiento transnacional de jóvenes palestinos y árabes, es una red tremendamente fuerte. Trabajan desde la diáspora para organizarse por la liberación de Palestina. Sobre todo en los últimos años, y con el avance de la tecnología y todo lo demás, hemos visto cómo los palestinos que están en el exterior y los que están en el interior se complementan, luchan y trabajan juntos. La juventud palestina no es sólo el futuro, es el presente.

Los que hoy somos jóvenes no estábamos aquí cuando nuestro hogar fue colonizado. Nuestros abuelos estaban aquí en la época de la Nakba, en 1948, y también en 1967, cuando se produjo la Naksa y la Guerra de los Seis Días. Nuestros padres vivieron la Primera Intifada. Éramos muy jóvenes durante la Segunda Intifada. No conocemos nada más que eso. Algunos de mis primeros recuerdos son de soldados israelíes parando a la gente en los puestos de control con armas apuntando a nuestras cabezas. Pero aunque eso sea todo lo que uno sabe, incluso de niño, se niega a aceptarlo como algo normal. ¿Por qué es éste nuestro statu quo? Uno se da cuenta muy pronto de que eso no es normal. No debería ser normal. No está bien. Y entonces la juventud se levanta contra ello. Y es algo inspirador.

Entrevista conducida por Helena Zelic
Traducido del portugués por Luiza Mançano
Idioma original: inglés

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