Construyendo una economía feminista en Tanzania

05/10/2021 |

Por Theodora Pius

Theodora Pius comparte con nosotras las experiencias y luchas de las mujeres en la construcción de una economía feminista

Mtandao wa Vikundi vya Wakulima Tanzania – MVIWATA, 2021.

Sabemos que los sistemas de opresión organizan nuestra existencia, pero no son inherentes a la naturaleza humana. Ningún ser humano nace siendo opresor o explotador; esto es algo que las personas aprenden a lo largo del tiempo observando diferentes ámbitos y aspectos de la vida y cómo se organizan las cosas en la sociedad. Las personas no nacen opresoras, sino que aprenden a serlo y a obedecer al sistema a medida que crecen y se introducen en este mundo impulsado por las ganancias que prioriza la acumulación de posesiones por encima de todo.

De ahí surge la idea de buscar un medio alternativo. La construcción de una economía feminista como nuevo modelo de sociedad debe verse como un proceso colectivo que busca desarraigar el sistema actual en el que vivimos. Se trata de crear un mundo que funcione para todas las personas. Cuando hablamos de construir una economía feminista, no nos referimos a crear un mecanismo que funcione sólo para las mujeres, sino a crear un entorno que sea justo para todas las personas del mundo. Un entorno seguro para las mujeres y también para los hombres, que cuide nuestras comunidades y nuestros derechos de autonomía… ¡para todas las personas!

El mundo entero necesita un nuevo orden, y el orden que queremos no es una copia del que tenemos hoy, sino uno completamente nuevo. La idea de construir una economía feminista es una iniciativa internacional. Pero ¿por qué debemos construir una economía feminista? ¿Por qué debemos luchar por ella? Creo que todos y todas conocen a Thomas Sankara. En sus palabras, una verdadera revolución sólo se produce con la liberación de las mujeres. Esta es la raíz de todo. Por eso necesitamos construir una economía feminista. Si soñamos con una revolución, debemos saber que sólo será real y completa si las mujeres no se queden atrás. A través de una economía feminista intentamos ver un mundo libre de opresión, libre de explotación.

En Tanzania, diferentes movimientos y organizaciones locales buscan formas de construir alternativas que aporten a una economía feminista. En la agricultura, las mujeres que viven en el campo intentan basar su producción en prácticas agroecológicas, mientras defienden los valores de la soberanía alimentaria. Producimos alimentos para alimentar a nuestras comunidades locales. Producimos alimentos reafirmando que son un derecho y no un producto. Pero también producimos alimentos protegiendo nuestro entorno y a nosotras mismas, nuestras granjas y nuestras tierras. En este nuevo orden que queremos construir, no hay lugar para la idea de que la comida es un mero producto.

Hemos avanzado mucho en la cooperación de nuestras sociedades rurales a través de la economía solidaria, donde tenemos lo que llamamos bancos comunales populares. Existen diferentes modelos de ese tipo de banco, muchos de los cuales con un carácter de explotación. Pero en nuestra organización intentamos utilizar un modelo que priorice las acciones solidarias para que los grupos se conviertan en mecanismos de ayuda mutua y en una mejor alternativa a los bancos comerciales. Se crean así los bancos comunales populares para ayudar a las mujeres y a las comunidades. En las zonas rurales, son una alternativa al modelo de los bancos comerciales, que tienen un carácter explotador y no consideran a los pobres, como ellos los llaman, como potenciales beneficiarios.

Hay muchos lugares del país destinados al turismo, que está degradando el medio ambiente y explotando las culturas indígenas. Pero, como alternativa, tenemos en la Red Nacional de Grupos de Pequeños Agricultores de Tanzania [Mtandao wa Vikundi vya Wakulima Tanzania – MVIWATA] el ecoturismo y el turismo rural, donde las personas son recibidas en las granjas por una familia de acogida de agricultores y agricultoras. Como visitante, la persona pasa un tiempo allí, aprende sobre la cultura local; los agricultores y agricultoras aprenden sobre la cultura de los visitantes. Las y los visitantes de la granja aprenden las prácticas agrícolas que se llevan a cabo en la región, principalmente la agroecología, y a cambio pagan a la familia anfitriona y a la red local por los servicios.

La agroecología es una respuesta importante en la lucha por la justicia climática. Y aún más importantes son las acciones que emprendemos. Por ejemplo, ¿por qué debemos plantar árboles si es una exigencia de la crisis climática creada por los países del norte? Plantamos árboles, pero no porque se nos haya ordenado hacerlo. Plantamos árboles porque somos conscientes de nuestra dependencia de la naturaleza. Sabemos que, a pesar de las muchas acciones que contribuyen a las alternativas, todavía nos enfrentamos a muchos retos; por eso seguimos luchando por lo que creemos.


Theodora Pius es militante de la Marcha Mundial de las Mujeres en Tanzania.

Traducido del portugués por Luiza Mançano
Idioma original: inglés

Artículos relacionados