Con fuerza popular y feminista, las mujeres denuncian y se movilizan en las calles y en las redes sociales contra la ofensiva imperialista del gobierno de Trump y de Estados Unidos en Latinoamérica. Los ataques bélicos contra Venezuela y la intensificación de las amenazas contra Cuba han demostrado cómo Estados Unidos sigue utilizando su maquinaria bélica y de captura contra las experiencias populares y socialistas. En respuesta, los pueblos demuestran su capacidad para defender su autodeterminación y exigir la liberación del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores.
Alejandra Laprea, militante de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM) en Venezuela, relata el terror vivido por la población de Caracas, La Guaira y Miranda durante la madrugada del 3 de enero de 2026: “los sentimientos eran de que iban a perder la vida, que iban a perder su ciudad. No teníamos idea de qué era lo que venían a buscar las tropas norteamericanas, si era destruirlo todo o qué. Ese terror pasaron las personas aquí en el centro del país y en las otras partes también, porque quienes no estábamos aquí, estábamos conectadas y acompañando a nuestros seres queridos en Caracas”.
Alejandra denuncia que, junto con las ofensivas militares y económicas, Venezuela se enfrenta a una intensa guerra mediática y comunicativa, que busca deslegitimar al gobierno y desmoralizar la organización popular. “Las comunicaciones y los medios dicen y siguen llamando al presidente legítimo de esta nación, Nicolás Maduro, dictador, inclusive del lado de nuestras fuerzas. Inclusive la línea narrativa que dice ‘aunque sea un dictador, no merecía esto’ es dolorosa para nosotras, porque Maduro es nuestro presidente. Es nuestro presidente legítimo. Es la decisión del pueblo”.
Ese control imperialista de la información intenta ocultar la presencia popular en las calles y debilitar la confianza colectiva, pero cada día choca con la resistencia de un pueblo que, pese a los ataques, sigue organizado y movilizado, decidido a seguir manifestándose y trabajando. Como afirma Alejandra, tras más de 25 años de Revolución Bolivariana, el pueblo aprendió que “podrán atacarnos de mil maneras, pero respondemos con trabajo, respondemos con calles, nosotras seguimos sosteniendo la vida en nuestras comunidades”. La democracia también se expresa en la resistencia permanente frente a las sanciones, la guerra económica, las amenazas constantes y la presencia militar en el Caribe.
“Nuestra alegría jamás nos la van a robar”, afirma Alejandra, al explicar que las feministas populares venezolanas desempeñan un papel fundamental a la hora de organizar apoyo psicológico, fortalecer iniciativas productivas, llevar a cabo acciones formativas en los barrios y avanzar en la construcción de comunas feministas y antipatriarcales.
Solidaridad feminista
Alejandra destaca la amplia red de solidaridad internacional se movilizó ante la escalada de agresiones contra su país. Estas movilizaciones han sido fundamentales para que el pueblo venezolano no se sienta solo en uno de los momentos más críticos de la historia reciente del país.
Al reconocer el papel histórico de Cuba, Alejandra reafirma la memoria de una solidaridad construida desde el inicio de la Revolución Bolivariana. El pueblo cubano siguió el proceso venezolano desde el principio y se convirtió en un referente de la resistencia antiimperialista.
Pinar Yüksek, militante de la MMM en Turquía, y Daya Laxmi, de la MMM en Nepal, compartieron la experiencia de solidaridad internacional que vivieron en la Brigada Feminista Alexandra Kollontai de solidaridad con Venezuela, realizada en 2022. Para Pinar, participar en la brigada significó romper con la narrativa dominante difundida fuera del país, marcada por la desinformación y la guerra ideológica.
Daya refuerza que la solidaridad internacional es una elección política consciente de la resistencia popular. Desde una perspectiva feminista, denuncia que la guerra contra Venezuela no se libra solo por medios militares, sino también mediante el hambre, los bloqueos y el miedo. “Esta no es solo una guerra con bombas. Es una guerra que se libra con hambre, con el bloqueo de medicamentos, con sanciones económicas y con el miedo. Los ataques contra Venezuela no solo tienen que ver con la democracia y los derechos humanos. Se trata del control imperialista sobre la tierra, el petróleo, el trabajo y el cuerpo de las mujeres. […] No hay liberación de las mujeres sin soberanía nacional”, destaca.
Para Pinar, los ataques a Venezuela son una advertencia para todos los pueblos: “Venezuela ha demostrado que es capaz de administrar su propia riqueza y su propio futuro, y por eso Estados Unidos ve al país como una amenaza para su seguridad”. Las sanciones impuestas afectan directamente a las condiciones de vida, incluyendo los alimentos, los medicamentos y los servicios básicos, pero Pinar destaca que el pueblo venezolano “no cuenta las dificultades como víctima. Al contrario, cuenta cómo fue la resistencia”. Esta resistencia transformó el bloqueo en un proceso de construcción de soberanía.
Imperialismo estadounidense
La actual ofensiva de Estados Unidos contra Venezuela y Cuba es una continuación del histórico imperialismo estadounidense y su intento de mantener el dominio político y económico sobre los pueblos. En nombre de las organizaciones populares que actúan dentro de los Estados Unidos, Claudia de la Cruz, miembro del Partido por el Socialismo y la Liberación (PSL), refuerza el compromiso con la solidaridad internacional, destacando que estos movimientos se están movilizando en solidaridad con el país latinoamericano.
Los ataques externos están relacionados con una estrategia amplia de Estados Unidos contra la clase trabajadora y los migrantes en su propio territorio. Para Claudia, “el gobierno de Trump no es una anomalía. Es la intensificación de la respuesta de EE. UU. a la profunda crisis capitalista, y esto está representado en una guerra librada en dos frentes –represión interna y agresión imperialista– para destruir cualquier sentimiento de resistencia y mantener su hegemonía”. A medida que avanzan la conciencia política, la solidaridad internacional y la lucha antiimperialista, Cláudia defiende que “el aumento de la represión del gobierno no es muestra de fuerza, sino de pánico y debilidad”.
Para la cubana Llanisca Lugo, del Centro Martin Luther King, no se trata de un imperialismo desorganizado, sino de una lógica de dominación sustentada por una ideología fascista basada en una idea de superioridad. En su opinión, existe una racionalidad política que busca controlar territorios, riquezas y pueblos considerados desechables. En este contexto, los ataques a Venezuela se inscriben en una ofensiva global que va más allá de América Latina y los fundamentos de la Doctrina Monroe.
Al situar este proceso históricamente, Llanisca recuerda las numerosas intervenciones de Estados Unidos en la región, desde los golpes de Estado del siglo XX hasta las formas contemporáneas de guerra y ocupación. Explica cómo “la violencia de este 3 de enero, la manera en la que imaginamos sufrir el pueblo venezolano nos trae también la imagen de tantos bombardeos a Gaza y de tanta guerra en el Medio Oriente. Pero ese dolor, esos sonidos que Alejandra dice, esa memoria en el pueblo, eso nos tiene que llamar a ver que estamos en un momento distinto en nuestra región”.
El imperialismo busca destruir la Revolución Bolivariana por su estabilidad, participación popular y audacia política. A la vez, la guerra de narrativas intenta borrar la existencia de este pueblo en resistencia, creando la imagen de un país aislado. En este sentido, los ataques contra Venezuela no solo se explican por la disputa económica, sino por su capacidad política y organizativa. Como afirma Llanisca, “el país que está siendo más osado en pensar formas de superar el capitalismo hoy es Venezuela”.
Del Oriente Medioa América Latina
Al relacionar las luchas de los pueblos palestino y venezolano, Ruba Odeh, militante de la MMM en Palestina, afirma que lo que ocurre hoy en el mundo no puede entenderse como una serie de hechos aislados, sino como expresiones de un mismo sistema de dominación. Para ella, “la causa palestina no es pasajera, sino el resultado de décadas de ocupación colonial. De Palestina a Venezuela, la causa es una sola y el enemigo es el mismo”. Este enemigo histórico, que sostiene la ocupación sionista y ataca a Venezuela, es el mismo que busca borrar la memoria, la identidad y los derechos de los pueblos mediante sanciones, bloqueos y ataques a la soberanía.
Abeer Abu Khdeir, que también forma parte de la MMM en Palestina, comenta más a fondo este tema. Para ella, lo que enfrenta el país latinoamericano «es un nuevo capítulo en el terrorismo imperialista organizado contra los Estados soberanos y contra todo movimiento de liberación que rechaza la sumisión a los dictadores estadounidenses». Denuncia que el discurso estadounidense en defensa de la democracia es en realidad “una fachada para practicar la rapiña imperialista, para robar la riqueza, apropiarse del petróleo, los minerales y el gas natural y quitarle al pueblo venezolano su poder independiente de decisión política”.
Para las dos militantes palestinas, la solidaridad internacional no es algo simbólico, sino estratégico y necesario, ya que la defensa de la soberanía venezolana forma parte de la misma batalla que se libra en Palestina. Como afirma Ruba, “la lucha en Caracas es la lucha en Jerusalén, Gaza, Ramala y Haifa”. A su vez, Abeer refuerza el «derecho inherente e inalienable del pueblo venezolano a resistir por todos los medios y defender su existencia y soberanía nacional».
Inevitablemente, la arrogancia imperialista será destruida por la conciencia y el coraje de un pueblo libre y amoroso.
Abeer Abu Khdeir
Los testimonios recogidos en este artículo proceden de la actividad virtual “Mujeres en defensa de Venezuela: construyendo solidaridad feminista contra el imperialismo”, celebrada el 14 de enero por Capire, la Marcha Mundial de las Mujeres y la Asamblea Internacional de los Pueblos.
