En Quebec, el año 2026 ya está tristemente marcado por una cifra récord de feminicidios. Los feminicidios no son actos aislados: forman parte de un continuum de violencia y de relaciones de poder que exigen una respuesta colectiva y política.
Hablamos de un continuum de violencia para abarcar todas las formas de violencia que se sufren, que van desde las microagresiones cotidianas hasta la violencia extrema, como los asesinatos. Abordar el tema desde este punto de vista permite enfatizar la interconexión entre esas diferentes formas de violencia e inscribirlas en un sistema de discriminación basado en el sexo y el género.
Independientemente de su forma, intensidad u origen, la violencia sigue siendo violencia y debemos combatirla.
Las mujeres en acción
Desde hace varios meses, se está organizando un movimiento de resistencia en Quebec. En toda la provincia, las organizaciones feministas salen sistemáticamente a las calles tras cada tragedia. Las acciones de movilización son autónomas entre sí, pero la mayoría se lleva a cabo el jueves siguiente a un feminicidio. En algunas ocasiones, la convocatoria proviene de organizaciones regionales; en otras, de iniciativas locales.



El origen de estos llamados a la acción
La iniciativa que inspiró estas movilizaciones espontáneas surgió en la región de la ciudad de Quebec. La concentración de grupos de mujeres empezó a hacer un llamado a la población para que se reuniera a la hora de la cena, el jueves siguiente a un feminicidio. La idea era crear un hábito que facilitara la movilización.
Poco a poco, esta iniciativa inspiró a otras organizaciones feministas de toda la provincia a adoptar un enfoque similar. El concepto es sencillo: colocarse en una esquina o en una vía transitada durante la hora pico, con el fin de ser visibles para las personas que conducen y quienes caminan.
Hoy en día, cuando se da a conocer un nuevo asesinato en los medios de comunicación, grupos feministas de diversas regiones rápidamente lanzan un llamado a una acción de visibilidad.
Tres feminicidios en diez días
En agosto, se cometieron dos feminicidios en menos de 48 horas, a solo unas cuadras de distancia. Los niños presenciaron el asesinato de su madre. Comenzamos a escribir este texto y una decimoséptima mujer —una mujer indígena— fue asesinada. La impotencia se apoderó de nosotras y la necesidad de actuar nos llevó a la acción. A pesar del período de vacaciones, se llevaron a cabo más de 17 acciones en la misma semana para denunciar este problema social. Es lo que vemos en las pancartas. Leemos eslóganes como “Ni una menos” o “La próxima aún está viva”, pero vemos sobre todo los nombres de las víctimas, para que no sean olvidadas.




Cifras muy elevadas
El año ya se perfila como sangriento. Hasta el momento, el número de feminicidios oscila entre 14 y 17. A modo de comparación, el año pasado se registraron un total de 16 feminicidios, y aún estamos a finales de septiembre.
Los medios de comunicación y las organizaciones feministas no siempre utilizan los mismos criterios para definir un feminicidio, lo que explica la variación observada anteriormente. Algunas incluyen, por ejemplo, el suicidio forzado, el feminicidio por omisión de cuidados, el matricidio o los asesinatos relacionados con ocupaciones estigmatizadas. A pesar de las diferencias en la definición, hay algo en común: las mujeres son asesinadas por el simple hecho de ser mujeres. Las mujeres que se encuentran en la encrucijada de la opresión están, lamentablemente, sobrerrepresentadas entre las víctimas: cerca de dos tercios de ellas son racializadas.
La vida de las mujeres debe ser una prioridad nacional durante el período electoral
En el momento en que se escriben estas líneas, la próxima víctima aún está con vida. Existen soluciones para evitar que se repita una tragedia. Pero para que estas soluciones se pongan realmente en práctica, la seguridad y la vida de las mujeres deben considerarse una prioridad nacional, especialmente durante el período electoral que está por comenzar en Quebec. En caso de emergencia, el acceso a servicios adecuados es esencial: hay que reforzar el presupuesto de los refugios y centros de acogida e invertir en la apertura de nuevos recursos; sin embargo, lo que ocurre es que, actualmente, una de cada dos solicitudes de alojamiento es rechazada por falta de espacio.
Cada organización miembro tiene sus propias reivindicaciones. Inspiradas en los valores de la MMM y en el proyecto de la Carta Mundial de las Mujeres para la Humanidad, afirmamos que es necesaria una transformación completa de la sociedad y de las relaciones sociales. Como hemos señalado anteriormente, los feminicidios ya no deben considerarse actos aislados o individuales, sino un fenómeno colectivo. Las soluciones deben, por lo tanto, ser sistémicas.
El fortalecimiento de la autonomía económica de las mujeres es un factor de protección fundamental. Esto implica grandes inversiones en políticas sociales, el mejoramiento de los programas para satisfacer las necesidades básicas y un compromiso sólido con el desarrollo de viviendas sociales para responder a la crisis de vivienda que afecta a Quebec.
Asimismo, nos preocupa profundamente el retroceso en las mentalidades y el auge del masculinismo, que promueve discursos de dominación masculina y contribuye a legitimar la violencia. Esta deriva debe tomarse en serio: los valores feministas deben orientar a nuestras instituciones y guiar las decisiones políticas que dan forma a nuestra sociedad. La masacre debe detenerse.




No se trata de una pérdida de control
Estamos hartas de que los hombres asesinen a las mujeres por un exceso de control, no por una pérdida de control. Los medios de comunicación suelen hablar de “crímenes pasionales” o “dramas conyugales”, alimentando así el mito de que estos actos se cometen en un momento de exaltación emocional. Sin embargo, las organizaciones especializadas en violencia conyugal son claras: la violencia conyugal se basa en relaciones de poder y en estrategias de coacción. Se trata de una forma de control sobre las mujeres.
En casos extremos como el feminicidio, es fundamental comprender que el acto se comete por un deseo de dominación. Por eso, afirmamos que no se trata de una pérdida de control, sino de un exceso de control.
Un problema internacional sin fronteras
Lamentablemente, la situación no se limita a Quebec. Quienes nos leen saben que los feminicidios son un problema en su propio país. La violencia de género y el patriarcado no tienen fronteras: los feminicidios son un problema internacional.
Por eso hacemos avanzar nuestras luchas a través de las redes internacionales. Todo asesinato cometido contra una mujer es un acto de violencia contra todas las mujeres, tanto aquí como en otras partes. Ante un problema global, la solución debe ser global. Está en nuestra hermandad, en nuestra solidaridad. Nuestra lucha es feminista. Nuestra lucha es internacionalista.
