Las campesinas haitianas exigen reparaciones

09/09/2026 |

Islanda Micherline

Islanda Micherline, de CLOC-Vía Campesina, habla sobre las reparaciones, el racismo y la soberanía alimentaria para las mujeres del campo

Esta reflexión no debe ser solo un eslogan. Debe ser una visión política impulsada por mujeres que, todos los días, resisten ante la pobreza, el patriarcado, el racismo, la crisis climática y las injusticias históricas.

Como campesina y activista feminista, hablo desde la realidad concreta de las mujeres haitianas. Somos quienes cultivamos la tierra, alimentamos a nuestras familias y mantenemos vivas a nuestras comunidades. Y no somos solo las mujeres haitianas: son todas las mujeres de las zonas rurales en general.

Es importante hablar sobre este tema, especialmente en lo que respecta a la postura política e ideológica que defendemos, así como al feminismo popular. El feminismo popular está impulsado por mujeres comerciantes, por mujeres de barrios populares y por organizaciones sociales que constituyen las fuerzas motrices para el buen funcionamiento de una comunidad, de un país y de una región.

Como mujeres campesinas negras y racializadas, tenemos demandas específicas: el derecho a la tierra, un ingreso digno, vivienda sostenible, soberanía alimentaria y plena participación en todas las actividades y todas las decisiones de nuestra comunidad.

Nuestras antepasadas vivieron la esclavitud y la colonización. Aún hoy, los pueblos negros siguen sufriendo todas estas formas de discriminación. Las mujeres negras experimentamos una doble injusticia: porque somos negras y también porque somos mujeres. Somos víctimas por partida doble.

En Haití, las mujeres suelen sufrir diversas formas de discriminación simultáneamente. En primer lugar, porque provenimos de una sociedad patriarcal. Somos mujeres negras en un mundo donde el racismo sigue existiendo. Somos campesinas y, con frecuencia, las políticas públicas suelen olvidarnos. Y aún hoy vivimos en una situación de extrema pobreza.

Cuando decimos que vivimos en la pobreza, nos referimos a una decisión del gobierno haitiano, en complicidad con otros gobiernos y otras instituciones internacionales imperialistas: una decisión de aislar al pueblo haitiano.

Un rescate, no una deuda

¿Por qué, como mujeres negras, estamos impulsando nuestras demandas de justicia reparadora? Reconocer los crímenes de la esclavitud y el colonialismo, reparar las injusticias económicas, restituir la riqueza saqueada y robada desde la ocupación estadounidense de 1915 hasta 1934. Aún estamos viviendo las secuelas de esas ocupaciones, y estamos viviendo bajo ocupación en este preciso momento.

El gobierno actual ha aprobado un decreto minero para permitir que varias empresas internacionales realicen actividades de minería. Sabemos muy bien lo que significa la minería. Hay muchos ejemplos de ello a nivel internacional.

En Haití, las secuelas de las operaciones mineras aún persisten en diversas comunidades. Y las mujeres somos las primeras en sufrir estas consecuencias. Las secuelas de esta operación minera aún persisten en varios departamentos del país. Y el gobierno actual sigue firmando acuerdos con empresas multinacionales para que vengan a explotar nuestras riquezas en Haití.

Es hora de lanzar un grito de alerta internacional, dirigido a nuestras organizaciones aliadas, a nuestras estructuras de izquierda y a las mujeres que enfrentan el mismo destino ante la lógica dominante internacional.

Se dice que Haití pagó una deuda de independencia. Nosotras no hablamos de deuda: hablamos de un rescate por la independencia, porque fue el gobierno francés el que nos extorsionó. Como movimiento social haitiano, utilizamos el término «rescate» en lugar del concepto de «deuda». Esa historia tuvo consecuencias que aún pesan sobre la pobreza de las mujeres haitianas y del pueblo haitiano en general.

En defensa de los pueblos

Producimos gran parte de los alimentos. Las mujeres haitianas representamos alrededor del 60 % de la economía nacional, y la economía haitiana se basa en el campesinado.

Somos nosotras, las mujeres campesinas, quienes protegemos las semillas locales, transmitimos conocimientos y defendemos la biodiversidad. Organizamos nuestras comunidades y participamos en todas las decisiones, ya sea en estructuras organizativas, políticas o de otro tipo. Defendemos la expresión propia del feminismo campesino, popular y antirracista.

Esto nos recuerda que los derechos de las mujeres están vinculados a los derechos de los pueblos. Es importante señalar esto y seguir llevando esta agenda al ámbito internacional, como un recordatorio histórico. No podemos hablar de igualdad sin hablar de justicia social, justicia climática, soberanía alimentaria y reparación histórica para las mujeres haitianas en general.

Somos agentes del cambio, somos los motores de la economía haitiana. Somos nosotras quienes cultivamos, quienes protegemos la vida, quienes resistimos las injusticias y construimos cada día un futuro más justo para todas y todos. Y somos nosotras también quienes debemos asumir la responsabilidad de continuar esta lucha a nivel internacional, con gran solidaridad, valentía y esperanza, para que podamos disfrutar del bienestar colectivo de todas y todos.

Uniendo a las mujeres del campo a nivel internacional

Esta estructura feminista, muy popular a nivel internacional, debe unir nuestros análisis sobre el patriarcado, el racismo, las reparaciones y el bienestar colectivo con la realidad concreta de las mujeres rurales: no solo en Haití, sino en todos los demás lugares. Esto dará una dimensión política internacional a nuestras voces.

Lo que estamos viviendo las campesinas haitianas y las mujeres de los barrios populares de Haití es lo mismo que están viviendo las mujeres de los barrios populares de cualquier país latinoamericano. Este espacio es vital, un espacio importante para que nosotras, las mujeres del mundo entero, nos unamos para poner fin al patriarcado a nivel internacional y para poner fin al imperialismo estadounidense que se impone mediante sus políticas racistas y discriminatorias.

Islanda Micherline es militante campesina en Haití, integrante de la Unión de Pequeños Agricultores Haitianos (Tèt Kole Ti Peyizan Ayisyen) y de la CLOC-Vía Campesina. Este texto es una transcripción de su intervención durante el webinario «Feminismo popular y antirracista por la reparación y el bienestar», organizado por la Marcha Mundial de las Mujeres el 25 de julio de 2026.

Traducido del portugués por Luiza Mançano
Idioma original: francés

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