Rebelarse contra las fronteras, la explotación y las violencias en Europa

17/01/2022 |

Por Luciana Alfaro Lavado

Luciana Alfaro Lavado, del Comité Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres, comparte las perspectivas del movimiento en la región

ELA Euskal Sindikatua, 2020

El panorama que se presenta hoy en Europa respecto a la vida de las mujeres es desafiador. Hablar de la vida de las mujeres en general no es suficiente: necesitamos hablar de aquellas que están siendo violentadas por el sistema heteropatriarcal, racista capitalista. Hablar de las personas desplazadas, las víctimas de guerras, las cuidadoras, los colectivos LGTBIQ.

El contexto de desconcierto y de empobrecimiento de las condiciones de vida por la situación pandémica ha afectado a sectores laborales mayoritariamente feminizados, como el sector de servicios y de cuidados. En estos sectores, no sólo se han precarizado las condiciones de trabajo, sino también miles de mujeres han perdido el empleo.

En Europa, los asesinatos por violencia machista siguen siendo una de las causas de muerte de las mujeres, donde también son frecuentes las agresiones a las personas LGTBIQ. En el último año, asesinatos y agresiones a personas causados por la homofobia y transfobia fueron, algunas veces, impulsados por ciertos gobiernos. En Turquía, el pasado junio, en el desfile por el día del Orgullo, el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan no autorizó la manifestación y ordenó a la policía lanzar gas lacrimógeno contra las personas manifestantes.

Sabemos que Europa vive de la explotación del sur: no sólo del saqueo de territorios que se encuentran miles de kilómetros sino también de la explotación de las personas migradas –de su trabajo, de su fuerza y de sus vidas.

Las personas migrantes, que se han visto obligadas a dejar sus países, están siendo vulnerabilizadas por las políticas de fronteras y de migración –inclusive muchas de ellas llegan a perder la vida durante su migración. En el mar mediterráneo en los últimos 20 años han fallecido 36 mil personas en su intento de llegar a Europa.

Las políticas migratorias convierten a las personas migradas en víctimas de otras formas de violencia, como la criminalización, la explotación laboral, la discriminación para el acceso a derechos como la vivienda.  La población migrada es empleada en sectores laborales que la población autóctona elude, como son la agricultura y los cuidados. Son sectores primordiales para el sostenimiento de la vida, pero no son reconocidos ni valorados.

Los y las trabajadoras migradas están luchando por lograr condiciones laborales dignas. En el Estado español, son conocidas las luchas de las Jornaleras de Huelva, que están recogiendo y denunciando los abusos laborales. También es destacada la lucha de las asociaciones de las trabajadoras de hogar y de cuidados, que están luchando por la erradicación del trabajo de interna y por el reconocimiento del trabajo de cuidados.

La situación que vive Europa es preocupante no sólo porque muchos gobernantes son de derecha. Se ve más difícil la conciencia crítica ante la fuerza de los discursos populistas, conservadores y fundamentalistas que se convierten en conductas racistas, homófobas y machistas, que legitiman la violencia de las instituciones.

La agenda de luchas de la Marcha Mundial de las Mujeres

En el último encuentro europeo de la Marcha Mundial de las Mujeres, hablamos de la necesidad de fortalecer el anticapitalismo en el movimiento feminista. Apuntamos que nuestra participación no tiene la misma fuerza y compromiso cuando denunciamos el patriarcado que cuando denunciamos el capitalismo. Es por ello que necesitamos ahondar en la idea de que el capitalismo, el heteropatriarcado y el racismo van de la mano, y que hay que enfrentarlos de manera integral.

También hemos visto necesario continuar denunciando las políticas migratorias asesinas y el nuevo Pacto Europeo sobre Migraciones y Asilo. Por ello, este año, la Marcha Europea está realizando una Campaña Feminista de Petición de Asilo para mujeres, niñas y la población LGBTIQ. Esta acción camina juntamente con el trabajo radical por la eliminación de las fronteras.

Fue muy importante el debate que surgió en el encuentro acerca de la necesidad de reflexionar al interior de la Marcha europea sobre la Unión Europea como estructura. Queremos llegar a construir una visión política sobre cuál es nuestro proyecto colectivo para Europa como alternativa a lo que hoy es la Unión Europea. Algunas de nuestras coordinaciones nacionales concluyeron que la Unión Europea no es la Europa que queremos como movimiento.

En este año que se inicia, la tarea del movimiento feminista es continuar construyendo un feminismo cuya lucha no sólo sea contra el sistema heteropatriarcal sino trabajar para que nuestro feminismo siga rebelándose contra todas las injusticias generadas por este sistema.

Las representantes de Europa en el Comité Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres somos Marianna Fernandes, Marcela de la Peña y yo, tres personas que hemos migrado. En mi caso –y pienso que también en el de mis compañeras–, el feminismo por el que luchamos tiene que rebelarse contra toda la violencia que ejerce Europa a través de sus políticas de fronteras y migratorias y contra el poder corporativo. Las empresas transnacionales que tienen su sede en esta región son apoyadas por los estados europeos y operan en nuestros territorios de origen expoliando los recursos, contaminando la naturaleza, explotando a la población.

Es necesario que continuemos nombrando los apellidos del feminismo de la Marcha Mundial de las Mujeres. Repitir que somos un movimiento feminista anticapitalista, antirracista y anticolonial, y que seguiremos trabajando en ello.  Una de las estrategias que hemos visto necesaria en nuestra organización regional es empezar escuelas de formación política feminista.

Queremos también posicionar nuestras fechas claves dentro del calendario feminista más amplio –como la del 24 de abril, para movilizar la solidaridad feminista contra las transnacionales y las industrias de muerte de la ropa, de las fronteras, de la alimentación, de los medicamentos y las extractivas.

La reflexión y la movilización que se produce en las acciones internacionales de la Marcha Mundial de las Mujeres cada cinco años son importantes para nuestro movimiento. Pero luego,  entre quinquenio y quinquenio, esa fuerza disminuye. Sabemos que no es fácil mantenerla, menos ahora en un contexto de pandemia donde las posibilidades de reunirse se han limitado.

Tenemos un reto como movimiento que es crecer en membresía y actividad, y contar con más coordinaciones nacionales que se sumen al proyecto de la Marcha Mundial de las Mujeres. Es fundamental que las coordinaciones nacionales tengan más articulación con los colectivos de generaciones más jóvenes y con colectivos de feministas y de mujeres migradas, racializadas y personas LGBTIQ. Que sean coordinaciones fuertes, activas y que  promuevan la movilización de la población. 

Organizarse regionalmente es un desafío en muchos niveles, inclusive el lingüístico. El diálogo entre las coordinaciones nacionales requiere del soporte de las compañeras intérpretes, y articular eso es también un reto de funcionamiento.

El internacionalismo de la Marcha nos da la oportunidad de conectar las luchas tanto a nivel territorial como respecto a las temáticas. Eso nos fortalece como movimiento: por un lado, podemos conocer y poner en diálogo las resistencias que se están tejiendo en las diferentes regiones contra el poder hegemónico;  y por otro lado, nos facilita la articulación de las luchas, generando y fortaleciendo alianzas con movimientos sociales que están trabajando bajo los mismos horizontes de lucha.

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Luciana Alfaro Lavado vive en el País Vasco (Euskal Herria) e integra el Comité Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres por la región de Europa.

Edición por Helena Zelic

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