Análisis 22/09/2022

Justicia ambiental

Los impactos climáticos del carbono y las mentiras de REDD+

Consulta la publicación "15 años de REDD", del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Por Capire

REDD+ es la abreviatura de “reducción de emisiones derivadas de la deforestación y la degradación de los bosques”, una estrategia que ha dominado las políticas forestales internacionales desde que se presentó en 2007. Es una forma de mantener la destrucción, en la que las empresas contaminantes y los gobiernos pueden limitarse a comprar un permiso para seguir contaminando. Lo hacen pagando contribuciones financieras a las comunidades, que por su vez deben realizar trabajos de reforestación o cuidado de los bosques. Aunque la sede de la mayoría de esas empresas está en el Norte global, el trabajo de compensación se lleva a cabo principalmente en territorios del Sur global.

Los sistemas de compensación de REDD+ son una falsa solución. Según su lógica, las empresas no deberían preocuparse por reducir las emisiones, lo que implicaría reducir sus ganancias, sino “compensar”. Pero esta cuenta no cuadra, ya que las diferentes fuentes de emisión generan diferentes cantidades de gases, con diferentes impactos en el clima. Además, tratar la naturaleza como una ecuación matemática oculta el hecho de que la destrucción no sólo tiene impactos globales, sino también directos, y genera violencia y conflictos sobre las comunidades y los territorios –y para ello no hay compensación. La experiencia demuestra cómo los mecanismos REDD+ han sido ineficaces para hacer frente a la deforestación y al cambio climático.

En el marco de los 15 años de lucha contra REDD+, el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM) publicó el libro 15 años de REDD: un mecanismo intrínsecamente corrupto. La publicación cuenta con 11 artículos de diferentes autores con análisis sobre las políticas de REDD+ a lo largo de los años y sus impactos en los territorios y la vida de las personas. En Mozambique, Gabón, República Democrática del Congo, Indonesia, Brasil y Colombia, países mencionados en los artículos, la mercantilización de la naturaleza pone en riesgo los medios de vida de comunidades enteras con falsas soluciones que son peligrosas para las personas y el clima.

Para ampliar la circulación de perspectivas críticas sobre este mecanismo, publicamos uno de los artículos disponibles en la publicación. “¿Todos los tipos de carbono son iguales? Carbono fósil, violencia y poder” fue escrito por Joanna Cabello, del Secretariado Internacional del WRM. En su artículo, Joanna desvela uno de los falsos argumentos en que se basan las políticas de REDD+: que los impactos del carbono liberado por la vegetación son equivalentes a los liberados por la quema de combustibles fósiles.

Los movimientos sociales que defienden la vida y la justicia ambiental se oponen a la financiarización de la naturaleza y a la economía verde que promueven políticas como REDD+. Estos movimientos defienden una transformación más profunda del modelo productivo, es decir, defienden que no debe estar sometido a la lógica corporativa de ampliar las ganancias a costa de la naturaleza, la vida y el trabajo de las comunidades. A partir de cada experiencia de lucha, los movimientos plantean una reorganización de la producción, la distribución y el consumo que ponga la vida en el centro, a partir de la construcción de la soberanía alimentaria, energética y tecnológica.

A continuación, lee el texto de Joanna Cabello:

¿Todos los tipos de carbono son iguales? Carbono fósil, violencia y poder

El supuesto que subyace detrás de REDD es una mentira peligrosa: que el impacto climático de cualquier tipo de carbono es el mismo, ya sea el carbono liberado de la vegetación (‘Carbono biótico’) o el carbono que se libera de la combustión de petróleo, gas o carbón (‘Carbono fósil’). Este supuesto esconde el hecho de que la combustión de ‘carbono fósil’ acelera el cambio climático. También oculta la violencia, la destrucción y los abusos que están en la base de los imperios de los combustibles fósiles. Entonces, ¿cuáles son exactamente las diferencias y por qué son tan importantes?

Los científicos convencionales y los responsables de la toma de decisiones han respaldado en gran medida la idea de que todos los tipos de carbono son iguales… ya sea el carbono emanado de la vegetación o el carbono que es emanado a partir de la quema de petróleo, gas o carbón. Este es un supuesto clave que subyace detrás de los mercados de carbono, de REDD+, de las ‘cero emisiones netas’, de la ‘deforestación neta cero’ y ahora también de las llamadas ‘soluciones basadas en la naturaleza.’ Básicamente, sin el supuesto de que emisiones provenientes de distintas fuentes tienen el mismo impacto sobre el clima, no se podrían establecer las compensaciones de carbono.

Independientemente de cuál sea la fuente, cuando el carbono entra en contacto con el oxígeno, se convierte en dióxido de carbono. Y también es cierto que la excesiva acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera desequilibra el clima. Más allá de los impactos sobre el clima, este exceso de dióxido de carbono está también vinculado a historias de violencia, poder y despojo.

En el contexto del caos climático actual, afirmar que todos los tipos de carbono son iguales es una mentira peligrosa.

¿Por qué tantas personas y científicos, incluyendo a aquellos en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés), continúan insistiendo que los impactos sobre el clima del carbono que circula por encima del suelo y del que es emitido cuando se extrae petróleo, gas y carbón del subsuelo, son los mismos?

Es más fácil y más conveniente asumir que los impactos sobre el clima que producen todos los tipos de carbono son iguales, por supuesto. Esa es la base para afirmar que los gases de efecto invernadero provenientes de diferentes fuentes (fábricas, refinerías, uso de suelo, transporte, producción de cemento, generación de energía, etc.) e incluso los diferentes gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano y otros gases vinculados a la producción industrial), tienen el mismo impacto en el clima y que, por lo tanto, el daño causado por las emisiones de una fuente puede compensarse mediante la reducción de emisiones de otra fuente. Es por eso que los científicos que asesoran las negociaciones sobre clima de la ONU convirtieron diferentes gases que causan el cambio climático en unidades equivalentes de dióxido de carbono o CO2e. Esta equivalencia es una precondición para las compensaciones. Pero el carbono que proviene de diferentes fuentes no es el mismo. Afirmar que lo es, oculta las historias violentas, los conflictos y la opresión relacionados con la extracción de carbono en la mayor parte del mundo.

Es fundamental reconocer que el impacto climático al emitir el carbono que estuvo encerrado bajo tierra por millones de años y que ahora se quema como petróleo, gas o carbón en grandes cantidades en un corto período de tiempo, es diferente del impacto causado cuando se emite el carbono que está temporalmente almacenado, por ejemplo, en los árboles, dentro del ciclo de carbono que se mueve rápidamente sobre el suelo.

¿Y por qué es tan importante esta diferencia?

El carbono que circula en el aire, los océanos, la vegetación y los suelos (sobre el suelo) a menudo se denomina Carbono Biótico. Puede almacenarse temporalmente en cualquiera de estos lugares, incluida la vegetación, como los árboles. De ahí, este Carbono Biótico puede liberarse fácilmente de forma natural, a través de incendios, tormentas o brotes de insectos, por nombrar algunos ejemplos destacados. Sin embargo, la destrucción histórica de bosques a gran escala, especialmente en los países industrializados agricultura industrial, ha mucho carbono que podría acumule en la atmósfera. El despeje creado un desequilibrio en el ciclo del y para la expansión de la dado como resultado que almacenarse en los bosques se de tierras y la deforestación han Carbono Biótico: se está acumulando demasiado Carbono Biótico en la atmósfera en forma de dióxido de carbono. Esto se suma al dióxido de carbono que se ha acumulado en la atmósfera como resultado de la quema de combustibles fósiles.

Para quemar combustibles fósiles, se deben destruir los antiguos depósitos de Carbono Fósil que han estado encerrados bajo tierra durante millones de años. Esos depósitos subterráneos están formados por restos de plantas que crecieron hace millones de años. El proceso que convirtió la vegetación en Carbono Fósil involucró enormes cantidades de tiempo, presión y calor, y resultó en que el carbono se volviera extremadamente concentrado. Esta alta concentración de carbono en los depósitos subterráneos de Carbono Fósil lo convierte en un poderoso portador de energía. Pequeñas cantidades de Carbono Fósil contienen mucha energía, en comparación con la energía que contienen la madera o el carbón vegetal.

Para convertir el Carbono Fósil en gasolina, diésel y carbón, los seres humanos necesitan grandes máquinas para excavar y extraer el carbono de esos depósitos subterráneos. Cuando este Carbono Fósil que ha estado apartado de la atmósfera por millones de años se quema como combustible fósil, permanecerá en la superfi cie durante un tiempo considerablemente largo.

La vegetación, los océanos y los suelos del mundo solo pueden absorber una parte de este exceso; y ciertamente no son capaces de absorber lo sufi ciente ni lo suficientemente rápido, para contener el desequilibrio de CO2 en la atmósfera. Como resultado, gran parte de este exceso de Carbono Fósil se termina acumulando en la atmósfera, lo que afecta al clima global.

La mayoría de los científicos actualmente reconocen que la quema de Carbono Fósil está causando el cambio climático. Sin embargo, en sus discursos y recomendaciones políticas tratan al Carbono Fósil y al Carbono Biótico como si tuvieran el mismo impacto en el clima. La consecuencia es que los debates sobre el clima se centran en los gases de efecto invernadero ‘equivalentes’ en lugar de evitar que se libere más Carbono Fósil de los depósitos subterráneos.

Esto es un gran problema. Al promover la falsa noción de que todos los tipos de carbono son iguales, los científicos y las autoridades responsables también minimizan radicalmente la contribución de la industria de combustibles fósiles como la principal causa del caos climático. Y el daño es incluso peor. El afirmar que todo el carbono es igual también ayuda a encubrir la violencia, la destrucción ecológica y el abuso de poder que han sido la base de los imperios corporativos de los combustibles fósiles. También propaga esta violencia y abuso a donde los proyectos de compensación supuestamente almacenan una cantidad equivalente al carbono emitido.

Esta conveniente narrativa de que ‘todos los tipos de carbono son iguales’ ha permitido que las empresas de combustibles fósiles y todas las industrias que dependen de dichos combustibles, continúen operando como de costumbre, a pesar de las casi tres décadas de negociaciones sobre clima de la ONU. También ha protegido las ganancias corporativas y financieras, mientras que los eslóganes de ‘carbono neutral’ o ‘emisiones netas cero’ brindan legitimidad para la continua destrucción corporativa.

¡Que la industria de los combustibles fósiles se haga responsable!

El capitalismo actualmente depende de la energía del Carbono Fósil. Los combustibles fósiles son el motor y el ingrediente al que es adicto el capitalismo globalizado.

El caos climático es por tanto una consecuencia de la constante destrucción de los depósitos subterráneos de Carbono Fósil y su quema como combustibles fósiles. La falsa narrativa que equipara al Carbono Biótico con el Carbono Fósil es notoriamente política. Le permite a la industria de los combustibles fósiles y a sus aliados a continuar con su muy rentables y destructivos negocios. Tal equivalencia es otro ejemplo del poder de la industria de los combustibles fósiles, que durante los últimos dos siglos ha destruido y militarizado los territorios que ocupa para extraer, procesar y transportar Carbono Fósil a lo largo de inmensas redes de infraestructura, oleoductos, carreteras, puertos y vías fluviales, hasta llagar a las contaminantes refinerías tóxicas y los puntos críticos de contaminación a su alrededor.

Cuando, por ejemplo, la gigante petrolera Shell afirma falsamente que está compensando el Carbono Fósil que extrae plantando árboles a gran escala, se están difundiendo al menos tres mentiras: la primera es que el Carbono Fósil puede ser equivalente y su daño climático compensado con el almacenamiento temporal de Carbono Biótico sobre el suelo. La segunda mentira es que se está haciendo algo por el ‘problema del cambio climático’, mientras que la realidad es que las compensaciones permiten la continuación de la quema de combustibles fósiles. Y la tercera es que la ‘naturaleza’ simplemente está ahí, vacía, para que las empresas la tomen como sus reservas de compensación de carbono. Nada está mas lejos de la verdad.

Es importante exponer las mentiras y las falsas narrativas que están detrás de estas suposiciones. El aceptar la falsa narrativa de que el Carbono Fósil y el Carbono Biótico afectan al clima de la misma manera, simplemente significa que se acelerará el caos climático y la continua destrucción de territorios aún más.

Redacción de la introducción por Bianca Pessoa
Editada por Helena Zelic y Natália Lobo
Traducida del portugués por Luiza Mançano

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