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Análisis 15/05/2023

Justicia ambiental

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El Terremoto en Turquía desde una mirada de las mujeres kurdas

Las mujeres kurdas denuncian la negligencia del gobierno hacia las víctimas del terremoto y relatan las acciones de apoyo que realizan en este contexto

Por el Movimiento de Mujeres Libres

El 6 de febrero, una ola de temblores de magnitud 7.7 y 7.6 se produjo en la ciudad turca de Marash en un periodo de nueve horas. La ocurrencia de los terremotos, que afectaron a 11 ciudades, estaba prevista desde hacía tiempo: los científicos llevaban años advirtiendo al gobierno y a las autoridades locales para que tomaran las debidas precauciones. A pesar de ello, no se adoptaron medidas y se produjo la catástrofe; una catástrofe natural que no debería haber provocado tal destrucción en zonas residenciales. Las ciudades construidas por el capitalismo moderno con el apoyo de los partidos gobernantes –como el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PDJ por sus siglas en inglés) y el Partido del Movimiento Nacionalista– se encontraban en una situación de expansión vertical y descenso simultáneos debido a una planificación urbana precaria. Como el capitalismo moderno y los poderes dominantes tienen la capacidad de convertir los desastres en crisis, guerras y masacres, decenas de miles de personas perdieron la vida a causa de los terremotos.

Según las cifras oficiales, 75.717 edificios fueron destruidos o sufrieron graves daños. En las zonas donde aún hay destrozos, se han contabilizado más de 43.000 muertos y más de 100.000 heridos. Sin embargo, según algunas organizaciones, estas cifras pueden ser entre 4 y 5 veces superiores porque las autoridades, desconociendo si aún había supervivientes entre los escombros, empezaron a retirarlos con máquinas.

Durante las primeras 48 horas posteriores al terremoto, los gobiernos de los partidos gobernantes no desplegaron fuerzas, ni equipos de búsqueda y rescate, ni ropa, alimentos o refugio. Muchas personas perdieron la vida y la ayuda no llegó a muchos lugares. El gobierno directo del PDJ, que tenía plena autoridad, convirtió la situación en una crisis al declarar el estado de emergencia para proteger sus intereses mientras evacuaba las zonas afectadas. En lugar de buscar soluciones y alternativas locales, las autoridades animaron a la población a emigrar.

Según los informes, las mujeres, los niños y las personas mayores fueron los más afectados por el terremoto. Las mujeres dieron a luz bajo los escombros y frente a los edificios destruidos. Muchas madres con sus hijos murieron debido a los retrasos en las labores de rescate. Las necesidades urgentes de las mujeres supervivientes no se incluyeron en ninguna lista de ayuda del gobierno. Muchos niños también perdieron a sus padres. Pero en lugar de movilizarse para ayudarlos, la Dirección de Asuntos Religiosos emitió una fatwa [decreto religioso] en la que afirmaba que “aquellos que acojan a los huérfanos bajo su tutela tendrán derecho a casarse con ellos”. Frente a la incompetencia del actual gobierno, los habitantes de las zonas no afectadas por el seísmo se movilizaron como pudieron y enviaron ayuda de emergencia a las regiones afectadas.

Desde el Movimiento de Mujeres Libres (TJA) hemos establecido, desde el primer día, una coordinación con organizaciones de mujeres, instituciones sociales, activistas y trabajadores del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) para atender las necesidades de las personas vulnerables, especialmente de las personas mayores, y de las mujeres en los pueblos, barrios y ciudades afectados por el terremoto. Por desgracia, los gobiernos de los partidos que hemos mencionado antes han creado una serie de obstáculos a esas acciones. La ayuda enviada por las comunidades a las zonas donde viven los alevíes kurdos y a la ciudad de Hasan Pasha Bazirjekh fue interceptada por los llamados «fideicomisarios del gobierno». La ayuda enviada por los gobiernos municipales también fue interceptada, y se eliminaron los nombres de los municipios de los paquetes y se sustituyeron por los nombres de agentes gubernamentales.

Las autoridades y el capitalismo vienen practicando el genocidio y provocando desastres en el país. A pesar de las dificultades, organizaremos todo el apoyo que sea necesario y aumentaremos la ayuda para que las personas afectadas por el terremoto reciban atención. Desde febrero, nuestras actividades –que son muchas– no cesan en las ciudades, barrios y aldeas afectadas. Cuando nuestras militantes empezaron a entrar en contacto con las víctimas del terremoto, quedó claro que necesitaban algo más que comida y cobijo. Por eso, la coordinación conjunta de TJA y KongraStar está trabajando desde una perspectiva psicológica, social y de investigación. Nuestras activistas ofrecen apoyo psicológico, además de realizar actividades de subsistencia. Se organizan muchos talleres de arte para los niños. El trabajo y la organización que hemos llevado a cabo son un ejemplo para Turquía, Siria y el mundo entero, y ponen de manifiesto que es posible seguir organizando a mujeres, jóvenes y comunidades.

Gracias a nuestra coordinación, los equipos de rescate pudieron salvar a miles de personas atrapadas entre los escombros en las zonas afectadas por el terremoto. Estuvimos presentes en todos los lugares donde el Estado no estaba presente, como se pudo comprobar en Marash y Afrin. Sin embargo, esa coordinación de voluntarios y afiliados, creada para proteger y rescatar a la gente, fue objeto de ataques. Además, la ayuda ofrecida por la Administración autónoma y la administración popular a las zonas bajo ocupación turca en Siria ha sido rechazada. Aun así, el movimiento de mujeres está trabajando actualmente con miles de personas para combatir esta mentalidad tomando la iniciativa de ayudar a las víctimas del terremoto. Las mujeres de los campos de refugiados de Shahba están acogiendo en sus tiendas a familias sin hogar.

Suspendimos todas las demás actividades tras el terremoto, tanto en el norte como en el oeste del Kurdistán, y declaramos que lo que nos mueve es el duelo. También creamos eslóganes como “Ha llegado la hora de la libertad de las mujeres”, “Nuestro dolor es la razón de nuestra lucha” y «La cooperación entre mujeres late con vida».

¿Quépasa en Siria?

El pueblo sirio lleva más de once años sufriendo todos los horrores de la represión, la guerra, la migración forzosa y la ocupación. Se siguen imponiendo estas políticas a la población civil. El pueblo de Afrin se ha visto obligado a abandonar su tierra debido a la ocupación turca y sus grupos mercenarios desde 2018. Esas personas se han instalado en campamentos en Al-Shahba y en los alrededores de Alepo, con la esperanza de regresar a su tierra natal. El terremoto también sacudió Siria, llevándose la vida de más de 5.800 personas, y el número de heridos y de personas obligadas a emigrar sigue aumentando. Todo ello como consecuencia de políticas poco acertadas que van en contra de la naturaleza, como el almacenamiento de enormes cantidades de agua en la presa de Ataturk. Esta presa almacena 48.000 millones de metros cúbicos de agua canalizada desde el río Éufrates y representa una violación de la naturaleza y de los derechos de Irak y Siria al agua.

Turquía ha construido 2000 presas, embalses y lagos artificiales, algunos cerca de los lugares afectados por el terremoto. Cabe señalar que las presas, el almacenamiento de agua y su filtración en las capas tectónicas se consideran algunas de las causas de los terremotos.

Muchos edificios se derrumbaron en diversas zonas de Siria, como Alepo, Jindires, Afrin, Atarib, Latakia y Hama. Hay que recordar que Jindires y Afrin se encuentran en la zona bajo ocupación turca, donde los edificios se hundieron por completo y no se han enviado equipos de rescate ni ayuda. Además, el Estado turco impidió que la ayuda llegara a las regiones del noreste de Siria. En medio de todos esos sucesos y desastres que han asolado tanto a Siria como a Turquía, la ocupación turca no ha cesado sus ataques en el norte de Siria, como en Tal Rifaat, Ain Issa y Qamishlo.

Del mismo modo, el régimen sirio también tiene una gran parte en el sufrimiento de su pueblo. Los edificios han sido afectados por la guerra en curso como objeto de bombardeos que han debilitado las infraestructuras. El régimen sirio también impidió que la ayuda llegara a las zonas que no estaban bajo su control y dispuso que la Administración autónoma, que ofrecía la ayuda a las zonas afectadas, debía ofrecer la mayor parte de esa ayuda en beneficio del régimen y en detrimento de las personas afectadas.

Debemos denunciar tales prácticas de los regímenes autoritarios, que van desde el genocidio hasta la discriminación en el reparto la ayuda y la politización de la ayuda humanitaria. También es crucial salvar las vidas que aún quedan, especialmente las que están en peligro. Además, también es crucial evitar la migración para impedir que este problema se transforme en la base de una política de cambio demográfico en la región. Esto crearía un nuevo foco de conflicto en lugar de presentar alternativas que garanticen la seguridad y la paz.

Y nuestro lema sigue siendo «¡Mujer, vida, libertad!».

Este artículo fue redactado por el Movimiento de Mujeres Libres (TJA) en el Kurdistán Norte y Kongra Star en el Kurdistán Occidental.

Editado por Bianca Pessoa
Traducido del portugués por Luiza Mançano
Idioma original: inglés

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