Feminismo popular y antirracista en la construcción del buen vivir

03/09/2026 |

Sophie Dowlar

Sophie Dowlar, de la Marcha Mundial de las Mujeres en Kenia, habla sobre reparación, el buen vivir y los retos actuales de los movimientos sociales

La reparación es un tema muy importante para nuestras luchas, y hoy vamos a ver por qué. Sabemos que todas las personas merecen un buen vivir, como se dice en América Latina. Eso no significa una vida de ostentación, con un auto enorme y una casa lujosa. Estamos hablando de una vida buena, en la que todas las personas tengan acceso a una buena alimentación y a condiciones de vida dignas, donde haya justicia. El buen vivir no es posible mientras algunas personas vivan con dignidad y otras luchen todos los días por sobrevivir.

Queremos hablar de reparación porque esta no debe ser un acto de caridad. Debe ser un acto deliberado de justicia.

Vivimos en un mundo capitalista, en el que gran parte de nuestra vida está determinada por ese sistema. Pero los movimientos feministas populares siempre nos recuerdan, y trabajamos en colaboración con movimientos sociales aliados, que otro mundo es posible. De hecho, sí es posible, pero solo si empezamos a actuar para construir ese mundo que queremos. ¿Cuál es nuestra alternativa? ¿Cómo la haremos posible? Nuestro mundo tiene que construirse sobre el cuidado, la igualdad y nuestra libertad colectiva.

Ante el aumento del antifeminismo, con tantos grupos fascistas y conservadores, es muy importante que las feministas populares sigan organizándose. Nuestra respuesta no puede limitarse a la resistencia. Resistimos mucho ante el sistema neoliberal de opresión que atraviesa nuestras vidas, pero nuestra respuesta también tiene que ser valiente. Imaginar y construir ese buen vivir por el que todas luchamos y que todas las personas merecen es un trabajo que exige mucha valentía.

Para nosotras, la reparación debe estar al servicio del buen vivir. La filosofía africana del ubuntu nos enseña que “soy quien soy por quien eres tú”, y que somos porque todas las personas son. Es una concepción muy cercana a las filosofías del buen vivir de América Latina.

Para nosotras, la reparación significa recuperar la dignidad y lo que se perdió, además de redistribuir el poder que nos quitaron. Significa reparar nuestras relaciones y los sistemas que se han construido a lo largo del tiempo, poniendo el foco en el cuidado, la paz y el bienestar de las comunidades.

Últimamente, muchos hablan de reparación. Nuestros Estados y muchos de los gobiernos que siguen causando daño también hablan de reparación. La pregunta que tenemos que empezar a hacernos es: ¿reparación para quién? ¿Definida por quién? También tenemos que aportar ideas para definir qué significan la justicia y el buen vivir para el movimiento feminista y para los pueblos que han sido oprimidos.

El feminismo popular y la reparación están profundamente conectados porque ambos buscan transformar los sistemas. Queremos transformar y desmantelar esos sistemas que nos ahogan y nos hacen la vida tan difícil todos los días. Buscamos nuestras propias alternativas basadas en la economíafeminista, creando nuestros propios sistemas de justicia, capaces de romper con la injusticia y la desigualdad que se extienden por todo el mundo.

Nuestra práxis

Hay que entender qué está pasando, porque, si no lo entendemos, va a ser muy difícil nombrar, enfrentar y transformar la realidad. Después, hay que entender por qué está pasando esto. Podemos pensar que todo surgió de repente, pero parte de lo que vivimos es resultado de una larga historia de conflictos y luchas. Y luego hay que pensar qué debemos hacer juntas.

Como feministas, sabemos que vamos a tener debates, pero también necesitamos teorizar sobre lo que discutimos. Me acuerdo de lo que Nalu Faria siempre nos decía: la teoría y la práctica son lo que fortalece nuestros movimientos feministas y socialistas y, por eso, no podemos dividirlas. Seguiremos aprendiendo de nuestras antepasadas y de las personas que ya están construyendo estas luchas. Los movimientos feministas populares basan su resistencia en el cuidado y la transformación. Lideramos estas comunidades porque son nuestras propias comunidades, construidas desde la base.

Vivimos muchas injusticias todos los días, y voy a hablar especialmente a partir de la experiencia de mis compañeras africanas y de mi propia experiencia. Desde el momento en que nace un niño o una niña, se le pone una etiqueta, y esa etiqueta se convierte en una lucha y en una carga que lleva consigo todos los días, hasta el final de su vida.

Por eso, el debate sobre la reparación nos invita hoy a enfrentar los daños del pasado. Hay muchas injusticias históricas que tenemos que empezar a reparar. Los debates también nos invitan a hablar de las injusticias que vemos hoy y de lo que estamos haciendo al respecto. Y nos ayudan a imaginar ese mundo mejor que queremos construir.

Los retos a los que nos enfrentamos

El tema de la reparación es delicado: en el momento en que empiezas a hablar de reparación y de las injusticias cometidas, te conviertes en un blanco. Estamos viendo muchas narrativas dañinas que nos retratan de esa manera. Hay muchas ofensivas antifeministas en todo el mundo. El antifeminismo que vemos va más allá de la oposición a las mujeres. La gente dice: «Las mujeres ya han logrado tantas cosas», «hablan demasiado de las mujeres», «ya están haciendo tantas cosas», «¿qué más quieren?». Esto es algo que siempre tenemos que recordar: la gente está usando algunas conquistas para justificar la violencia y las injusticias que siguen existiendo, y no podemos permitir que lo hagan.

El espacio cívico se ha acortado mucho, y es precisamente ahí donde hay que hacer oír nuestras voces feministas. Es ahí donde nuestras voces colectivas pueden encontrarse y donde armamos nuestras estrategias. Lloramos juntas, reímos juntas y pensamos juntas en cómo construir nuestras alternativas.

Vemos muchos ataques contra quienes luchan por la justicia de género. Vemos cómo todos los días arrestan a defensoras y defensores de los derechos humanos. Los feminicidios y las desapariciones de mujeres ya ni siquiera son noticia. Pasan todos los días.

Nuestros movimientos feministas populares son esenciales para hacer frente a este sistema. Hacemos todo lo que podemos para crear nuestros espacios y unir esfuerzos, y eso nos da mucha esperanza. Nuestras historias se basan en la solidaridad, la conciencia política y nuestro poder colectivo, y nada de eso se puede construir por separado.

¿Y qué tenemos que hacer? Nuestros movimientos deben unirse y actuar juntos, reuniendo a nuestras aliadas y compañeras para dialogar sobre estos temas y construir alternativas. Tenemos que seguir fortaleciendo nuestra solidaridad entre movimientos y generaciones. Y tenemos que transferir el poder a las personas más duramente afectadas.

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Sophie Dowlar forma parte de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM) en Kenia y coordina la edición africana de la Escuela Internacional de Organización Feminista Berta Cáceres (Afro-IFOS). Este texto es una versión de su intervención en el webinario “Feminismo popular y antirracista por la reparación y el buen vivir”, organizado por la MMM, Capire y ALBA Movimientos el 26 de julio de 2026.

Edición por Bianca Pessoa
Revisión por Helena Zelic
Traducido del portugués por Liz Stern

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