Mujeres de Sri Lanka se organizan contra los sistemas de endeudamiento y la financiarización de la vida

02/04/2026 |

Amalini De Sayrah y Clarice Rangel Schreiner

Conozca las luchas del Colectivo de Mujeres Campesinas Vimukti contra la deuda

El sol ya estaba alto cuando llegamos al Colectivo de Mujeres Campesinas Vimukti, en la aldea de Hingurakgoda, ubicada en el distrito de Polonnaruwa, en la Provincia Centro-Norte, una región más seca, con arrozales y fincas alimentados mayoritariamente por una extensa red de canales de irrigación y reservorios. Las mujeres de Vimukti nos recibieron con grandes sonrisas y amabilidad, flores de strelitzia y una deliciosa comida local dispuesta en una larga mesa con bananas, arroz integral local y yaca.

En la entrada, había un puesto con papayas, cocos, pasteles, ropa colorida y telas a la venta. Podimenike, presidenta del grupo, nos contó que las mujeres del colectivo son mayoritariamente agricultoras y necesitan constantemente encontrar nuevas formas de generar ingresos debido al ciclo vicioso de la deuda en el que están atrapadas y a los desequilibrios provocados por el cambio climático. Una de las estrategias encontradas fue preparar alimentos para vender en eventos, como los refrigerios servidos en el Foro Global Nyéléni. El delicioso dulce halapa, por ejemplo, se hace con un tipo de mijo local y se sirve envuelto en una hoja de kanda (parasol/macaranga).

Otra fuente de ingresos es la venta de productos en una feria que se realiza todos los sábados por la mañana en la aldea. Las mujeres campesinas gestionan ese mercado, al que llaman Pola, como una forma de enfrentar la falta de soberanía sobre la producción y distribución de sus productos, así como su incapacidad para fijar los precios de sus cosechas. Al mismo tiempo, luchan por hacer la transición hacia la agroecología, lo que resulta difícil debido a la contaminación de la tierra por productos químicos y a la dependencia de financiamiento a través de préstamos de empresas de microfinanzas desde el momento de la siembra.

Al entrar al espacio donde realizan reuniones y comparten comidas, nos llamaron la atención gráficos en escritura cingalesa cubriendo las paredes En ellos se detallaba la contribución de cada integrante al modelo de economía solidaria que el grupo ha organizado para enfrentar la escasez. A través de este sistema de intercambio, las integrantes avanzan en la desmercantilización de los alimentos, compartiendo lo que pueden aportar al final de cada mes, que luego se reúne y se entrega a una persona en un sistema rotativo. Además de los arrozales, cultivan banana, mango, papaya, maíz, pimienta, lentejas, flores y mucho más en sus pátios, fundamentales para la subsistencia de la comunidad.

El Colectivo de Mujeres Campesinas Vimukti surgió tras las protestas de Satyāgraha realizadas en 2021, una forma de protesta pacífica con ocupación, protagonizada por mujeres campesinas victimizadas por las microfinanzas predatorias en Hingurakgoda. El Satyāgraha marcó el punto más alto de las movilizaciones contra los préstamos ilegítimos impuestos por empresas de microcrédito en Sri Lanka.

A pesar de años de organización y protesta, poco ha cambiado en los últimos seis años, desde que ocurrieron las movilizaciones. Antes de ser electos, los últimos cuatro gobiernos prometieron cancelar las deudas, pero esto nunca se concretó. Dado que la mayoría de las integrantes ha utilizado agroquímicos durante más de 20 años, todo el ecosistema está contaminado, lo que dificulta el uso de compostaje natural. Por ello, siguen dependiendo de la compra de semillas, fertilizantes y agroquímicos de empresas privadas.

El Satyāgraha de 2021 tuvo lugar a unos 10 km de donde nos encontrábamos. Durante 55 días y noches, las mujeres y sus aliadas se reunieron, marcharon, educaron a visitantes y construyeron redes de solidaridad en torno a su causa. La protesta tuvo que interrumpirse con la llegada de la pandemia de COVID-19. Como relató Podimenike:

Muchas personas nos apoyaron en Polonnaruwa. También de otras partes de Sri Lanka, muchos grupos vinieron en solidaridad, se sentaron con nosotras o trajeron comida para sostener una protesta de 24 horas durante 55 días. Pero no logramos alcanzar ninguna de nuestras cinco demandas: cancelación de la deuda, seguida de una auditoría de la deuda (para eliminar también la acumulación excesiva de intereses); mecanismos alternativos de crédito, como cooperativas o el fortalecimiento de mecanismos liderados por la comunidad; mayor regulación; la eliminación de nuestros nombres de las listas de ‘malos pagadores’ del Banco Central; y el fin de los procesos judiciales contra las comunidades.

No solo estas demandas no fueron atendidas, sino que nuevas legislaciones fueron implementadas, aumentando la carga sobre las mujeres y debilitando las redes comunitarias de crédito.

Microfinanzas: entre la narrativa y la realidad

El mercado de microfinanzas en Sri Lanka se expandió drásticamente después de dos grandes crisis: el tsunami de 2004 y el fin de la guerra civil en 2009 (que duró 36 años). Las personas comenzaron a contraer préstamos con múltiples acreedores, que se multiplicaron a medida que la deuda se volvía un negocio lucrativo, mientras la economía enfrentaba dificultades para recuperarse. Las mujeres del Colectivo Vimukti también fueron directamente afectadas por la pobreza generalizada y la multiplicación de los préstamos. Nos sentamos en círculo, en sillas de plástico, afuera del espacio. Le preguntamos a Podimenike cómo estas empresas llegan a las aldeas para convencer a las mujeres de contraer préstamos:

Normalmente, los agentes de las empresas de microfinanzas llegan a la aldea y eligen a una mujer pobre en una posición de liderazgo que pueda influir a otras para formar grupos de préstamo. Dicen que, si tomas un préstamo, puedes empoderarte y mejorar tu vida. Muchas de nosotras somos agricultoras y usamos estos préstamos para la producción. Pero cuando la cosecha se ve afectada por inundaciones, sequías o plagas, no logramos ingresos suficientes porque tenemos que pagar la deuda. Entonces tomamos otro préstamo para poner comida en la mesa, luego otro, y esto se convierte en un ciclo de endeudamiento. Muchas mujeres aquí tienen alrededor de cinco préstamos.

Hoy, las crisis de la deuda y de la alimentación se expanden por el mundo, profundamente entrelazadas. Ambas están moldeadas por políticas neoliberales que priorizan la ganancia por encima de la vida. Se trata de una deuda ilegítima y odiosa, que empobrece a la población y alimenta únicamente las ganancias de empresas y acreedores, mientras agricultoras y agricultores no tienen lo suficiente para alimentarse. La crisis alimentaria, a su vez, está impulsada por un sistema dominado por monocultivos y el agronegocio, mientras quienes han alimentado a las comunidades durante generaciones pierden sus territorios y derechos.

Sri Lanka es uno de esos países. En 2022, una revuelta popular conocida como Aragalaya (palabra cingalesa para “lucha”) derrocó al gobierno neoliberal autoritario que llevó al país a una grave crisis de deuda externa de 57 mil millones de dólares —más de la mitad con instituciones financieras multilaterales como el Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Como consecuencia, una cuarta parte de los ingresos del gobierno se destina al pago de la deuda, imponiendo condiciones de privatización de servicios públicos y mercantilización de la tierra y los recursos naturales. La cancelación de la deuda es fundamental para priorizar a las personas y las comunidades, con foco en la agroecología, los cuidados y la soberanía alimentaria.

El colectivo Vimukti cuenta con 37 integrantes activas, todas endeudadas con diferentes empresas de microfinanzas. En Sri Lanka, alrededor del 80% de las personas que contraen microcrédito son mujeres, especialmente madres, que utilizan el dinero para gastos básicos del día a día, como educación y salud de sus hijos, y no para abrir negocios, como originalmente se proponía.

Podimenike y Amalini

Una proporción significativa de quienes toman préstamos de microfinanzas también está compuesta por mujeres mayores. Otro dato importante es que alrededor del 90% de los préstamos se pagan, lo que demuestra el compromiso de las mujeres por encontrar maneras de saldarlos, incluso si eso implica contraer nuevas deudas o hasta comer menos y atravesar un sistema complejo de violencias —doméstica, financiera y comunitaria.

La resistencia de estas mujeres lleva años. El Satyāgraha de 2021 enfrentó la inacción del gobierno ante la crisis de las microfinanzas. La protesta de ocupación ocurrió en Hingurakgoda, Polonnaruwa, y exigía la cancelación de todas las deudas y procesos judiciales, además de la creación de mecanismos de crédito centrados en el buen vivir de la comunidad. Podimenike explica:

Estos préstamos provienen de varias empresas que llegan a la aldea para venderlos. Cuando tenemos dificultades para pagar, aumenta la presión sobre los gastos domésticos y surgen conflictos dentro de la familia. Cuando esto se agravó, organizamos el Satyāgraha para presionar al gobierno. Pero no obtuvimos respuestas. Además, algunas mujeres migraron al Medio Oriente o a Europa Central para trabajar y conseguir dinero, dejando a sus hijos con familiares.

Como la mayoría de las personas endeudadas son mujeres, el aumento de las deudas también genera violencia doméstica perpetrada por maridos y, en algunos casos, abuso y violencia sexual por parte de agentes de cobro en situaciones de impago. Podimenike relata:

Muchos hombres dicen que no saben que sus esposas contrajeron préstamos. Las empresas piden la firma de los maridos, pero algunas mujeres no quieren contarles y usan firmas de otros hombres. Los cobradores son muy agresivos. Cuando vienen por la mañana, a veces se quedan todo el día en nuestras casas hasta que paguemos las cuotas. Se quedan de 8 a 17 hasta el pago y nos insultan. Muchas mujeres huyen de sus casas, cierran puertas y ventanas o se esconden en el bosque durante el día para evitar a los cobradores

Sembrando caminos de transformación

Podimenike nos contó que “después del contacto con el Movimiento por la Reforma Agraria y de Tierras (MONLAR), empezamos a conocer mejor las economías alternativas y la agroecología, y cómo ponerlas en práctica”. Esto abre caminos hacia mayor autonomía, para imaginar futuros mejores y para transformar la relación con el territorio.

Para enfrentar la contaminación del agua y de la tierra, así como la crisis de la deuda, las mujeres vienen haciendo todo lo posible por avanzar en la transición hacia prácticas agroecológicas y en la transformación de sus vidas. Además del modelo de economía solidaria, planean crear un espacio colectivo para el cultivo de plantas, hierbas y árboles frutales. También realizan pruebas de compostaje en pequeñas parcelas de tierra, comparando distintos tipos: humus de lombriz, otros dos compuestos naturales y uno con químicos. Hasta ahora, el uso de humus de lombriz ha mostrado mejores resultados, con mayor producción y alimentos más sabrosos y más pesados.

Las mujeres del colectivo Vimukti quieren recuperar sus tierras, cancelar sus deudas, detener los procesos judiciales y practicar la agroecología, además de descontaminar sus tierras. El camino es difícil, con desafíos que se acumulan como deudas. Aun así, pequeños agricultores y pescadores producen alrededor del 80% de los alimentos de Sri Lanka —lo que demuestra su fuerza y cómo, con políticas de cancelación de la deuda, la producción de alimentos puede aumentar en cantidad y calidad. Después de todo, es del interés de todas y todos que quienes producen nuestros alimentos vivan mejor.


Este artículo se basa en relatos recogidos durante una visita de campo realizada como parte del 3º Foro Global Nyéléni, en septiembre de 2025. Las conversaciones entre Clarice Rangel, de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM), y las entrevistadas ocurrieron en cingalés, con interpretación consecutiva de Amali Wedagedara, quien coordinó el grupo junto con Amalini De Sayrah, coautora del texto.

Traducido por Aline Lopes Murillo

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