Gayani Gomes: “En la publicidad hablan de ropa limpia, pero la producción es sucia”

12/03/2026 |

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Mujeres militantes del sector textil de Sri Lanka luchan en su país y a nivel internacional contra el poder corporativo

La Central de Mujeres [Women’s Centre] es una organización feminista asociada a la Marcha Mundial de las Mujeres en Sri Lanka, que se fundó en 1982 a partir de la lucha de las trabajadoras de una fábrica textil de Ekala, cerca de la zona franca de Katunayake, en el sur de la capital del país. Desde su creación, la organización asumió el compromiso de hacer frente al poder corporativo y defender los derechos de las trabajadoras. Actualmente, cuenta con más de 5000 integrantes a nivel nacional que organizan su trabajo en torno a cuatro pilares: concientización, intercambio de conocimientos, incidencia política y construcción de movimientos a nivel local, nacional e internacional.

Una reciente victoria feminista colectiva marcó la lucha de estas trabajadoras. El 11 de octubre de 2025, dos trabajadoras de Lanka Garments (JB Apparel) en la Zona de Procesamiento de Exportaciones de Koggala fueron objeto de intimidación y acoso. Fueron detenidas en su lugar de trabajo y obligadas a renunciar por pretender participar en una actividad de capacitación sobre igualdad de género y derechos laborales organizada por la Central de Mujeres. Se las acusó falsamente de intentar formar un sindicato y se las amenazó con medidas policiales. Debido a esto, ellas y otras trabajadoras vivieron una situación de miedo dentro de la fábrica, en una evidente violación del derecho a la libertad de asociación.

Gracias a la organización feminista, la intervención legal y la fuerte solidaridad nacional e internacional, el caso llegó al Departamento de Trabajo, que reconoció la injusticia. En un proceso de conciliación, la empresa aceptó readmitir incondicionalmente a las dos trabajadoras, restableciendo sus puestos de trabajo, sus derechos y el pago de los salarios atrasados. Esta victoria reafirma que las represalias y los despidos forzosos son prácticas ilegales y demuestra que la resistencia colectiva de las mujeres de Sri Lanka es fundamental para hacer frente a las estructuras patriarcales y los abusos en el sector textil.

En una entrevista concedida durante el III Foro Nyéléni, Gayani Gómez, de la Central de Mujeres, nos contó la historia de esta organización y habló del trabajo de las mujeres de la MMM en el país. Lea la entrevista a continuación:

¿Podría hablarnos de tu movimiento y de la historia de la construcción de perspectivas feministas que conectan el contexto político local de Sri Lanka con las luchas internacionales?

El contexto de Sri Lanka es profundamente patriarcal, por lo que formar parte de un movimiento feminista internacional siempre supone un reto. Somos la coordinación local y nacional de la Marcha Mundial de las Mujeres en el país y trabajamos con trabajadoras del sector textil y el monocultivo. A nivel internacional, estamos involucradas en la cadena de suministro global, lo que conecta nuestra lucha con el movimiento global.

Somos un país del Sur Global afectado por la globalización. Nos enfrentamos a importantes desafíos: el patriarcado, el fundamentalismo y la militarización. También hemos pasado por 30 años de guerra civil. Las mujeres tienen una inmensa contribución a la economía, pero cargan con el peso del trabajo de cuidados, la cosecha en las plantaciones, el endeudamiento y salarios de pobreza. También exigimos salarios dignos para las mujeres en el sector empresarial. Las empresas transnacionales trabajan para obtener ganancias, ganancias sobre ganancias, mientras que esas trabajadoras cobran menos que el salario mínimo.

Como una organización que tiene sus raíces en las bases, nuestro trabajo durante los últimos 42 años se ha centrado en cuatro áreas: capacitación, porque las trabajadoras y las mujeres en general deben conocer sus derechos; apoyo psicosocial, porque la mayoría son sobrevivientes de violencia de género y necesitan un acompañamiento muy de cerca; incidencia; y construcción de movimientos. Sin la construcción de movimientos de base, cuestiones como el liderazgo y la representatividad de las mujeres nunca se abordarán a un nivel más alto. Es precisamente por eso que la organización popular es fundamental para todo lo que hacemos.

¿Podría darnos algunos ejemplos concretos de luchas en tu sector?

Un ejemplo reciente es nuestra lucha contra el robo del Fondo de Pensiones de la Persona Asalariada (Employees’ Provident Fund – EPF). Tras las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), se decidió que las jubilaciones de los trabajadores y trabajadoras debían deducirse como parte de la reestructuración de la deuda interna. Los trabajadores y trabajadoras protestaron y lucharon, con protestas en las fábricas, y sus compañeros y compañeras difundieron la noticia. La gente se movilizó porque esto no solo afectaría a una familia de forma aislada. Sería un desastre para todo el sector textil y, además, para todo el sector empresarial. Conseguimos llevar el tema a un nivel público. Ya habíamos librado la misma batalla en 2011, en gobiernos anteriores.

Otro caso se remonta a 2007. Un médico violó y asesinó a una trabajadora del sector textil y arrojó su cuerpo desde los pisos superiores del hospital. El único testigo fue una trabajadora del equipo de limpieza general. Se enfrentó a una enorme presión para que guardara silencio: los médicos tienen un estatus social muy elevado y la mujer asesinada es una simple trabajadora del sector textil. Presentamos una demanda por derechos fundamentales y llevamos el caso hasta el final. Se hizo justicia para esta mujer. Como defensoras de los derechos humanos, no defendemos la pena de muerte, por lo que no entraré en detalles sobre la sentencia, pero lo importante es que se hizo justicia.

Y tras la pandemia de COVID-19 y la consiguiente crisis económica, las trabajadoras de aquí ni siquiera cobraban el salario mínimo. Lanzamos una gran campaña con el apoyo de la solidaridad internacional: la campaña Pay YourWorkers[Paga a tus trabajadores], centrada en empresas transnacionales y marcas internacionales como H&M, Nike, Primark y Victoria’s Secret. Exhibimos cartelesen en todas partes del mundo. Nuestro objetivo directo eran los embajadores de las marcas; en el caso de Adidas, fue Lionel Messi. Cuando Messi visitó Indonesia, estuvimos allí con pancartas y preguntándole: “Messi, ¿por qué apoyas a esta marca? Están robando salarios”. Durante la pandemia, el sector empresarial acumuló enormes ganancias, y los trabajadores y trabajadoras pagaron el precio. La campaña sigue activa en todo el mundo.

Como mencionaste antes, tu organización está luchando contra el poder corporativo en zonas bastante diferentes, pero la lucha es la misma, ya sea a nivel local o internacional. ¿Cómo se da esta lucha contra el poder corporativo en tu contexto?

El 24 de abril de 2025, realizamos una gran protesta en Sri Lanka con la Marcha Mundial de las Mujeres en solidaridad con las trabajadoras del sector textil y para recordar el aniversario de la tragedia del Rana Plaza en Bangladesh, un desastre que mató y desalojó a más de 10 000 personas. Fue un momento muy importante para Sri Lanka, porque ahora estamos defendiendo que elacuerdo se extienda a nuestro país. Un acuerdo que no solo contempla más medidas de seguridad contra incendios y la seguridad de los edificios, sino que tiene implicaciones más amplias.

Cuando hablamos del poder corporativo en mi sector, ese poder son las marcas de ropa. Explotan a las trabajadoras de Sri Lanka mientras proyectan una imagen ética en el Norte Global. En la publicidad hablan de ropa limpia, pero la producción es sucia.

Las trabajadoras no reciben un salario digno. No tienen condiciones de vida dignas ni acceso a alimentos nutritivos. Nuestra investigación reveló que más del 66 % de las mujeres que trabajan en el sector textil de Sri Lanka sufren anemia y malnutrición, y sus hijos viven la misma realidad porque el salario digno nunca llega. En el centro de todo esto está el salario digno. Cuando las empresas se apropian de los alimentos, las semillas y las tierras, dejan a las comunidades en una situación de total dependencia. En mi sector en particular, quienes trabajan en el monocultivo no tienen derecho a la tierra. Aunque estemos en diferentes sectores y en diferentes partes del mundo, creo que nuestras luchas son las mismas.

Pero las mujeres están resistiendo, organizándose desde la base, creando economías alternativas, compartiendo cooperativas y construyendo solidaridad transnacional. Por eso también tenemos que hablar de economía circular. La mayoría de los poderes corporativos han cooptado este concepto en los sectores de la confección y la alimentación, sobre todo a través del maquillaje verde. Las marcas promueven campañas de reciclaje y reutilización, mientras que los trabajadores y trabajadoras siguen cobrando salarios muy bajos y enfrentándose a entornos tóxicos. Con prácticas circulares genuinas, arraigadas en las comunidades, las trabajadoras ya están promoviendo la reparación, el intercambio y la reutilización, no como una declaración política, sino como una condición para la supervivencia. En las plantaciones, las mujeres también promueven la protección de las semillas.

Todo el mundo habla ahora de transición justa. Pero la pregunta es: ¿dónde está la transición justa? Este es el conflicto central con las estrategias actuales de las empresas transnacionales. Se trata de una respuesta a la directiva sobre el deber de diligencia de las empresas en materia de sostenibilidad de la Unión Europea y a la legislación obligatoria sobre el deber de diligencia en el ámbito de los derechos humanos. A medida que esas regulaciones entran en vigor en el Norte Global, las marcas están trasladando sus sedes a países africanos, con el objetivo específico de eludir la rendición de cuentas y la responsabilidad ante los trabajadores y trabajadoras responsables de su producción en el Sur Global.

Las marcas gastan miles de dólares en auditorías, pero la realidad en los territorios nunca se revela adecuadamente. El problema es profundo: ni los niveles intermedios del equipo directivo ni las propias fábricas dicen la verdad durante esas auditorías. Existe una brecha de comunicación, y no es casualidad. Las empresas están implementando activamente estrategias para evitar cualquier responsabilidad. Ocupan posiciones de poder, mientras que las trabajadoras de base siguen soportando todo el peso de las consecuencias.

Entrevista conducida por Bianca Pessoa
Traducido del portugués por Luiza Mançano

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