Entre el miedo y la esperanza: ¿será posible una primera presidenta en Ecuador?

02/04/2025 |

Magdalena León

La economista feminista Magdalena León evalua el contexto electoral ecuatoriano y convoca la movilización por la campaña de Luisa González

‘Ellos tienen el miedo, nosotros la esperanza’ es el eslogan que resume el énfasis de la campaña hacia la segunda vuelta presidencial de la candidata Luisa González de Revolución Ciudadana. Tras el empate técnico con Daniel Noboa, obtenido con un fiel apoyo popular que hace frente al uso arbitrario y abusivo del poder y de los recursos públicos del candidato–presidente, el escenario electoral en Ecuador quedó definido entre la tendencia progresista y la derecha aglutinada tras el nuevo partido Acción Democrática Nacional (ADN).

Esta nueva final entre los dos mismos actores políticos muestra diferencias respecto de 2023. La dispersión del voto marcó aquella primera vuelta: Luisa González, única candidata mujer, ocupó el primer lugar con el 33%, Daniel Noboa un sorpresivo segundo puesto con el 23%, y los restantes 44% se distribuyeron entre los otros seis binomios de derecha, en distintas proporciones. En la primera vuelta de 2025, se duplica el número de candidaturas (16), pero la votación se concentra: 44.17% para Daniel Noboa, 44% para Luisa González, a mucha distancia Leonidas Iza del Movimiento Pachakutik con el 5.25%, el restante 6,58% se reparte entre las demás trece candidaturas, casi todas de derecha.

Se hace evidente que la derecha va encontrando un nuevo referente de aglutinación, en un entorno que combina la familia-corporación presidencial, un contingente de élite, bastante feminizado y joven, y viejos cuadros de partidos de centro derecha y derecha venidos a menos que se reciclan. Un vector para dicha feminización relativa se asocia a la vigencia paridad de género, establecida en la Constitución de 2008 (vigente) y en las normativas que de ahí se derivan.

La élite oligárquica y sus seguidores tienen el miedo como recurso para amedrentar a la población por múltiples vías y así neutralizar resistencias a su agenda de ambición sin límites de riqueza y poder. Las herramientas del miedo son la violencia directa y simbólica, la mentira, la persecución, la criminalización, la destrucción material y social, el uso de la fuerza pública con fines privados, el desprecio a la dignidad y la vida del pueblo. En esta agenda de miedo se ubica la declaratoria de ‘guerra interna’ a inicios de 2024, que cobija arbitrariedades de todo tipo por parte del gobierno, de los sectores que lo apoyan en una mezcla de intereses económicos e ideológicos, de los medios hegemónicos que sostienen su imagen y su proyecto.

En este marco, Luisa González llega por segunda vez consecutiva a una final presidencial.  De no haber interferencia en los resultados como se teme, será la primera presidenta del país. Un paso histórico aún más significativo en las difíciles condiciones de un “ascenso y afirmación de las mujeres en la política progresista en medio de violencia política sin precedentes, con hechos que van desde el asesinato hasta la violencia política de género”.

El miedo y la esperanza se conjugan en el recorrido de la campaña que formalmente empezó el domingo 23 de marzo, con el debate entre candidatos. En un escenario caracterizado como de polarización, los evidentes sesgos de clase y género que se manipulan desde el poder no son solo rasgos típicos de cualquier campaña electoral, sino señales de todo lo que está en juego en un resultado que se considera decisivo para el destino del pueblo y del país todo.

Denunciar el miedo y trasmitir esperanza formó parte del desafío en el debate. La candidata intervino con seguridad y energía, a momentos expresando la indignación que siente el pueblo por la situación crítica que padece. Abordó, con superioridad, temas de su propuesta para ‘revivir el Ecuador’, basada en una recuperación de la institucionalidad y la inversión pública, el enfrentamiento directo de la crisis de seguridad y violencia, la prioridad de los derechos fundamentales como salud y educación, la reactivación productiva. Denunció, basada en datos oficiales, la agudización de la violencia, del empobrecimiento y de la crisis múltiple durante este gobierno, los negociados de bienes y recursos públicos en favor de las empresas por la familia presidencial, los vínculos de esas empresas y del nuevo partido ADN con el narcotráfico, los distintos casos de maltrato a las mujeres que ha cometido Noboa. La lista de ejemplos es amplia, incluye desde la proscripción arbitraria de su propia vicepresidenta hasta los enjuiciamientos y persecución a su ex esposa y su familia.  

De su lado, el candidato exhibió una actitud prepotente, burlona y de descalificaciones. Defendió con datos falsos su gestión, hizo ofertas retóricas y de perfil ‘baratillo’, usando alusiones a las mujeres como beneficiarias. Ratificando un manejo patrimonialista, anunció la entrega inmediata de bonos especiales a diferentes sectores, cuando en cambio se alega crisis fiscal para cumplir con asignaciones corrientes fundamentales para la operación de instituciones y servicios básicos. Cualquiera sea el tema tratado en ese momento, repitió acusaciones falsas contra Revolución Ciudadana, proyectando a este sector como un grupo de ladrones y narcotraficantes, vinculados con Maduro. En el colmo del absurdo, en algún momento se declaró perseguido y criminalizado.

Este tipo de evento está diseñado con una lógica ganador-perdedor. La mayoría de mediciones y análisis reconocieron la ganancia de la candidata, y sobretodo en el pueblo se afianzó el sentido de esperanza. Sin embargo, en el post debate, los medios hegemónicos equipararon ambas intervenciones, asegurando que ninguno hizo propuestas destacables, que ambos se atacaron por igual y que ella había tenido una actitud ‘agresiva’, ‘histérica’. No es solo una manera de disimular el bajo e inadecuado desempeño de Noboa, sino de ubicar en el mismo plano verdades y mentiras, y de descalificar las propuestas políticas serias expresadas por una mujer.

Una semana después, el sábado, 29 de marzo, el acto relevante fue de esperanza: en la parroquia indígena Tixán, en la Sierra centro, se firmó el Acuerdo por la Vida entre la Revolución Ciudadana y el Movimiento Pachakutik. El acuerdo reafirma una vocación popular y transformadora, en momentos en que los llamados a la unidad para ‘salvar al país’ se dividen en dos tendencias opuestas. Los 25 puntos acordados confirman en lo sustancial el plan de gobierno de Revolución Ciudadana, remiten a una defensa de la Constitución y apuntan en lo inmediato a la recuperación de justicia social. Este acto fue saludado por la candidata como un paso histórico, como una expresión de amor por el pueblo y de madurez política, en tanto el dirigente de Pachakutik subrayó el imperativo de no entregar ‘ni un voto a la derecha’.

Los alcances de una inédita crisis han tornado ineludible una toma de posición por parte de sectores que, aunque no tienen peso electoral decisivo, asumen el significado simbólico de adherir a un proyecto de transformación, ahora en resistencia, que se espera pueda ser retomado. La unidad, percibida ya hace tiempo como necesaria por las bases, ha sido hoy asumida por unas dirigencias que, a la vez, procuran rescatar sus movimientos de un incompresible desliz hacia la derecha.

Al tiempo que esto sucedía, el presidente-candidato utilizaba recursos públicos para lograr un encuentro y una fotografía con Trump en Miami, lugar en el que nació y que frecuenta, en busca de réditos electorales. Esta reunión, como todo lo demás, se mueve en un incierto límite entre lo privado y lo oficial, con agenda y acuerdos opacos pero tenebrosos en torno a la instalación de bases militares norteamericanas, la ampliación de la figura de ‘terrorismo’, entre otras.

Tras los términos electorales hay disputas estructurales reconocidas. Así, se trata de la llegada de una mujer a la presidencia que, como ella repite, “no llega sola”. Llega con las mujeres que han protagonizado la acción y la dirigencia del movimiento político más importante de los últimos dieciocho años, con las mujeres que abrieron caminos políticos de igualdad en la historia reciente y pasada, y junto a todas las que sostienen la subsistencia y la vida del pueblo, más aún en estos momentos tan adversos.

Se trata también de una disputa por la reconfiguración de una sociedad que, en parte, se ha orillado peligrosamente a un estatus de ‘electores engañados’, e inclusive ‘auto engañados’, debilitando su calidad de ciudadanía con derechos integrales, que se construyó como base y como horizonte del proyecto Revolución Ciudadana. Esa memoria social es la que ha mantenido a flote un proceso perseguido y asediado sin tregua desde 2017.

Se trata de la existencia misma de una nación soberana e integrada a la región, pues el control de este pequeño territorio es codiciado por sus recursos estratégicos y su ubicación geopolítica. Las condiciones para la implantación del mercado total que busca la ultraderecha han avanzado de manera brutal en estos años. De ahí, el riesgo de pasar a un punto de no retorno aparece como una temible posibilidad.

Las alusiones a la vida como noción central en los proyectos de país han sido la constante en las dos fases sucesivas de la historia reciente. Entre 2007 y 2017, se impulsó una transformación basada en la novedosa propuesta de Buen Vivir como alternativa a los males del neoliberalismo. Con el retorno de ese régimen, los niveles de destrucción de las condiciones de vida, de los derechos, de la producción, de los bienes públicos, de la democracia, del tejido social y de la paz han sido tales, que la percepción es que el sentido más básico de la vida está amenazado.

En lo inmediato, defender una segura victoria electoral y sumar todas las fuerzas aliadas, nacionales e internacionales, que protejan del asedio a un gobierno que se propone revivir la patria, será la primera tarea.


Magdalena León integra la REMTE (Red Latinoamericana de Mujeres Transformando la Economía) en Ecuador

Revisión por Helena Zelic

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